Opinión: Frente Amplio en estado líquido

Edgardo Adriano
1 marzo, 2018
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Quienes se identifican con el Frente Amplio lo hacen por distintas razones. Sin duda, existe una identidad común en base a la cercanía generacional y una afinidad ideológica, pero mirando más de cerca es posible ver cómo su composición resulta más compleja y volátil de lo que aparenta.

Por una parte existe el 20 por ciento de adhesión ciudadanía que logró atraer Beatriz Sánchez y las distintas candidaturas al congreso y CORE. Desde una distancia prudente, este grupo más amplio de adhesión ve en la “marca” Frente Amplio la idea de un recambio, de ideas frescas y una percepción aún no corrupta de hacer política. Sin embargo, esta mayoría silenciosa desconoce más a fondo las características internas del conglomerado o incluso los partidos que lo componen, pues para ellos el Frente Amplio es “una sola cosa”, representada por los rostros con mayor presencia mediática y los representantes en el congreso.

Si miramos más de cerca, encontraremos un grupo más duro de adherentes y militantes que componen los partidos, movimientos, quienes conocen en primera persona el entramado interno, los nombres claves detrás de la pantalla, la forma cómo se hace política desde los pasillos universitarios a los movimientos sociales, sus tránsitos y también sus problemas. Este grupo ha tenido un protagonismo menos visible pero ha sido fundamental en la construcción interna a través de cuadros de trabajo durante las campañas, presencia territorial en distintas ciudades de Chile y como expresión común en los ejercicios de decisiones internas el interior del Frente Amplio (como el proceso programático o la segunda vuelta). Entre ellos hay, además, un número no menospreciable –aunque aún indeterminado– de militantes no sectorizados. Son los llamados “independientes”, quienes participan de la convivencia política y que han asumido distintos espacios de poder con el beneplácito e incluso promoción de sus pares pertenecientes a orgánicas y movimientos.

El dilema de la doble militancia

A diferencia de la Concertación, el Frente Amplio tiene la peculiaridad de que la mayoría de sus partidos nacieron contemporáneamente a la coalición a la que pertenecen. Por lo tanto, la madurez e identidad de sus partidos se diluye muchas veces en la madurez e identidad del conglomerado mismo, siendo difícil a veces diferenciar el uno del otro. Esto explica el porqué muchas personas se autodenominan “frenteamplistas” a secas o incluso consideren la posibilidad de mantener su independencia política sin necesidad de militar en un partido o movimiento, como es el caso insigne de Beatriz Sánchez. Por otra parte, hay sectores dentro del FA que cuestionan esta noción de “independencia”, asignándole un valor negativo, e incluso achacándole valores del “neoliberalismo” en su falta de compromiso colectivo; desde el lado opuesto se intenta resignificar la idea, y se ve con buenos ojos la existencia de un paragua común que acoja a independientes frenteamplistas y militantes sin distinción, en lo que se ha denominado la tesis de la “macroestructura”, siguiendo el modelo del FA de Uruguay. En la práctica, esto genera el problema de que los frenteamplistas no sectorizados o independientes tienen una desventaja no menor respecto de quienes son militantes de un partido o movimiento, pues no tienen una línea directa de influencia en la toma de decisiones.

Esto ha llevado a que, por un lado, el frenteamplista independiente vea en el espacio transversal de participación territorial un lugar natural de discusión y toma de decisiones, el cual hace suyo y defiende; por otra parte, esto también delata problemas de representatividad en los mismos partidos y movimientos, que llevan a algunos militantes a buscar en el espacio común frenteamplista un lugar donde expresar de manera más directa su sentir. Esto ocurre paralelamente a un sector que vive de manera más disciplinada y orgánica la doble pertenencia a sus partidos y el conglomerado, aunque con un fuerte desgaste debido a la duplicidad de funciones.

En este escenario, existen partidos a quienes esta “doble militancia” genera problemas debido a que la trayectoria e identidad particular suelen resentir este estado de indiferenciación frenteamplista, lo que lleva a sus dirigentes y militantes a tener que clarificar con frecuencia los límites políticos/orgánicos que separan su unidad partidaria del conglomerado. Para ellos, la idea de un partido común atenta justificadamente contra el crecimiento de cada partido individual e incluso los pone en directa competencia por la suma de adherentes y la administración de espacios territoriales. Por el contrario, los partidos o movimientos más jóvenes parecen ver con menos conflicto los límites entre conglomerado y partido, lo cual quizás responde a una mayor identidad común en el lenguaje, una forma de participación de carácter más asambleista, una cultura de identidad y organización más líquida y una trayectoria común de lucha en espacios previos de participación política, como colegios y universidades.

Así las cosas, la “militancia frenteamplista” aparece como espacio líquido y con fronteras endebles; lo que para algunos es un rasgo de debilidad a otros nos parece es un signo de la modernidad y, por lo tanto, un camino necesario de adaptación al estado actual de la sociedad y hacia la construcción de formas nuevas de organización.

Arriba y abajo

Esta diversidad de identidades y culturas políticas se expresan de distinta manera y a distintos niveles. Formalmente, el FA cuenta con al menos dos espacios de encuentros: la Mesa Nacional (arriba) y las instancias territoriales de cada movimiento agrupados colectivamente en los comunales del Frente Amplio” (abajo). En ambas instancias, el Frente Amplio se vive efectivamente como “una sola cosa”, pues allí ocurre el intercambio de opiniones y experiencias políticas, así como la articulación de objetivos políticos comunes. Sin embargo, el desafío de organizar política y orgánicamente a 14 partidos y movimientos sin ningún tipo de reglamento explícito ha llevado a una lentitud en la toma de decisiones (arriba) por el miedo a romper la unidad y, al mismo tiempo, un estilo libre de conducción (abajo), donde donde se han ido establecido reglas de trabajo particulares de acuerdo a orientaciones generales.

Un fenómeno interesante es la formalización del Frente Amplio como “una sola cosa” en diversos puntos de trabajo a lo largo de Chile, donde incluso se ha dado una gran diversidad de conformaciones como asambleas abiertas, participación de movimientos sociales, mesas políticas, frentes temáticos. Lo interesante de todas estas manifestaciones ha sido la creación por necesidad o intencionalidad de esbozos de reglamentos y toma de decisiones vinculantes entre partidos y movimientos (arriba y abajo), en el entendido que el uso compartido de recursos de todo tipo es el camino más inteligente para enfrentar el devenir político como una fuerza que se opone al poder hegemónico. Estas iniciativas pueden ser un problema para quienes rechazan la idea del “lugar común” o bien un avance necesario para quienes apoyan la tesis del “macropartido”. Sea un caso u otro, la falta de un control (arriba) sobre esto y la exigencia de criterios más claros (abajo) han generado constantes roces en la actual conformación de cara al Congreso político orgánico del 2018, donde se espera que muchos de estos problemas sean zanjados.

En medio de eso, han habido ideas más o menos acertadas sobre la continuidad y proyección de esa conformación “abajo” mediante el dibujo de macrozonas con coordinadores elegidos por las comunas que las componen, pero sin que exista un consenso “arriba” ni “abajo” sobre la real eficacia de esta idea, ni la voluntad política para avanzar hacia lo que inevitablemente constituiría una supraestructura dentro del conglomerado, que lo proyecte más allá de lo estrictamente eleccionario.

Fuerzas centrífugas

Un antecedente nuevo y que ha introducido un factor de cambio en el estado actual de las cosas es el denominado “proceso de convergencia”. Esta iniciativa ha sido respaldada por distintos miembros de movimientos del Frente Amplio, como SOL, Nueva Democracia, Movimiento Autonomista o Izquierda Libertaria, cuyo propósito es explorar la idea de converger política y orgánicamente en “una sola cosa” dentro del Frente Amplio. Esta fuerza centrífuga está recabando voces y voluntades para expresar con más nitidez la izquierda o las izquierdas dentro del Frente Amplio. Muchos ven esto la intención de hacer contrapeso a una visión más social-demócrata representada por Revolución Democrática y otros movimientos dentro del FA que no se enmarcan dentro de los cánones tradicionales de la izquierda (PEV, Partido Liberal, Partido Pirata, MdePRO). Esto a pesar de que en la práctica, debido al carácter federado de la conformación “arriba”, cada partido y movimiento tiene el mismo derecho a voto al margen de su cantidad de militantes o representantes parlamentarios, un antecedente de crucial importancia para entender el actual carácter y riqueza del espacio.

Queda la duda, sin embargo, si un proceso centrífugo de esta índole puede llevar a perder la riqueza que cada partido y movimiento aporta al total del conglomerado e invite a buscar apoyos mutuos en la búsqueda de una posición dominante o al menos antagónica, como fue en su momento la construcción de los llamados “polos políticos” (ciudadano, de izquierda). Bajo esta lógica se corre el riesgo de tender a buscar fusiones o alianzas con miras a posicionarse estratégicamente en un contexto de competencia y contrapeso de poder. Algo que parecería tan evidente en la lucha por el poder político al interior de una coalición, debería al menos dar paso a una breve reflexión respecto a la manera cómo un conglomerado se construye tomando en cuenta la fuerte crítica a los procesos previos de construcción orgánica y conducción política del llamado “duopolio”, y el énfasis de mantener el carácter diverso y unitario de lo que hasta ahora representa la “marca Frente Amplio”, y no, por el contrario, buscar simplificar su composición en aras de una mayor eficacia política a corto plazo.

En lo que todos parecen concordar es que se acercan tiempos de definiciones, y también de trabajo intenso en un año que estará marcado por la oposición a un gobierno que ha dado fuertes señales de querer levantar las banderas del conservadurismo moral-económico y la consolidación del modelo actual.

En lo que todos parecen concordar es que se acercan tiempos de definiciones, y también de trabajo intenso en un año que estará marcado por la oposición a un gobierno que ha dado fuertes señales de querer levantar las banderas del conservadurismo moral-económico y la consolidación del modelo actual.

En este escenario líquido, dinámico y bajo distintas fuerzas de atracción y repulsión es donde esta nueva generación política deberá seguir construyendo. Un conglomerado político que enfrenta la crucial decisión de ser algo algo más que un eficiente pacto electoral.

Edgardo Adriano Figueroa, frenteamplista

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