Hay herencias que no siempre van escritas en papel, sino que se llevan en la sangre y florecen en el momento adecuado. Así fue para José Miguel, quien, después de haberse dado cuenta de que la carrera de Derecho no era lo suyo, viró hacia el emprendimiento de plantas de su madre, un negocio que nace del amor al mundo vegetal.

Ese amor fue plantado en Chillán por su abuela, el cual también se ha sembrado en él.
«Siempre estuvo en la familia el mundo de las plantas. Mi abuela, la mamá de mi mamá, tiene un vivero en Chillán y ella toda su vida se ha dedicado a las plantas; de ahí viene el hobby de mi mamá (…) quizás llevamos en la sangre que nos gusten las plantitas», explica José.
Un Día de la Madre fue el inicio de esta travesía familiar, la madre de José decidió vender parte de su colección de suculentas en ferias navideñas y a vecinos; el éxito fue inmediato. Prontamente, el negocio fue creciendo al igual que una planta; primero fue ocupando un pequeño espacio en el hogar de José, luego la mitad del jardín y, al final, todo el jardín estaba cubierto de verde.
«Hubo un buen recibimiento por parte de los vecinos en ese entonces y de a poquito fuimos creciendo más», recuerda José.
El nombre «Mis Tesoros» nace del amor y valor sentimental que siente su madre por las plantas.
«El vivero se llama Mis Tesoros porque para mi mamá cada planta es un tesoro. Entonces nosotros les damos a nuestros clientes esos tesoritos para sus hogares», comenta.

Un oasis de plantas en una ciudad de cemento
Con la llegada de la pandemia, las personas se encontraban encerradas en su casa con deseos de salir, sentir la naturaleza y admirarla, anhelando respirar ese aire puro que entrega el mundo vegetal.
«Nos ayudó mucho la pandemia, porque nos permitió crecer. Como las personas no podían llegar a la casa, teníamos despacho y hacíamos contenido (en redes), llegando a más personas», explica José.
Sin embargo, la necesidad de tener un lugar donde dejar las plantas era cada vez más urgente. Fueron dos largos años de búsqueda de un lugar para arrendar y finalmente se encontró aquí, en Maipú, específicamente en Avenida Pajaritos 4499.
Con su mente vivaz, José investigó diversos viveros para que el suyo fuese único. El lugar está pensado para que los clientes tengan las plantas a mano, puedan verlas, sostenerlas y hasta para que personas en sillas de ruedas puedan entrar y admirar los productos.

«A nosotros siempre nos destacan por varias cosas, nos dicen que todo está ordenado, limpio, cada planta tiene su precio (…) como que notan la diferencia con otros viveros», explica.
Fotosíntesis en familia
Hoy, el vivero Mis Tesoros funciona igual que las raíces de una planta, a través de esfuerzo y comunicación por parte de la familia de José, cada uno realizando una labor distinta para el negocio.
José Miguel es el cerebro administrativo y creativo, manejando la web y la estrategia digital. Su madre es el corazón del lugar, riega, mantiene el orden y conversa largamente con los clientes, convirtiendo la venta en una terapia. Su padre, antes tímido ante el lente de las redes sociales, se encarga de la reposición con proveedores y ya se anima a aparecer en videos. Y la tía, con su carisma, se ha transformado en el rostro viral del vivero en TikTok e Instagram.
«Trato de grabar esos momentos tipo chascarro que quedan porque las personas lo encuentran divertido (…) es para seguir el estilo del vivero familiar» comenta José.
Pero no solo destacan por tener ese tacto familiar, sino por los detalles de atención hacia los clientes.
«El comprar una planta no es solo una venta, sino también tener una conversación, un consejo, escuchar a la otra persona (…) las personas nos cuentan qué son las plantas para ellos; son terapéuticas, son un descanso», explica José sobre el trato con los clientes.

Además, junto a Vitali+ (tienda de productos para plantas), han creado una iniciativa llamada «Clínica de plantas», que se realiza en el vivero una vez al mes.
«Muchas personas en sus hogares tienen plantas tristes o enfermas y no saben qué hacer con ellas. Las personas traen sus plantas acá al vivero y el doctor de las plantas les dice: ‘ya mira, esta planta tiene tal cosa, puedes solucionarlo de tal forma’ (…) es como ir al doctor, pero en vez de ir tú al doctor, llevas tus plantas», explica José.
El sueño de seguir sembrando
Aunque hoy el vivero reluce con sus plantas y los numerosos clientes deciden entrar, para José este es solo el primer paso de algo más grande. La idea de expandirse ha germinado en su cabeza, pero con cautela y planificación. «La vida me ha enseñado que para hacer algo, hay que hacerlo bien, no al lote» sentencia.
Para él, expandirse no es una carrera de velocidad, sino un proceso que debe realizarse con la misma delicadeza con la que su familia trata a las plantas.
Mientras esa pasión por lo verde y la buena atención siga presente, el vivero Mis Tesoros continuará siendo más que un lugar de simple comercio, sino un sitio único en su especie.









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