El rol invisible del psicopedagogo: una ausencia que la sociedad no puede seguir normalizando

En esta columna de opinión, Nicolás Bichara, docente del IACC, plantea que la ausencia de psicopedagogos en escuelas, trabajos y espacios sociales genera intervenciones fragmentadas y reproduce desigualdades, pese a la evidencia internacional sobre la complejidad del aprendizaje.

El rol invisible del psicopedagogo: una ausencia que la sociedad no puede seguir normalizando Opinión

En una sociedad que exige aprendizaje permanente, adaptación constante y desarrollo de habilidades a lo largo de toda la vida, resulta contradictorio que aún no logremos reconocer con claridad a quienes se especializan precisamente en comprender estos procesos: los psicopedagogos. Su invisibilidad no es casual ni menor; es el reflejo de una comprensión limitada del aprendizaje humano y de una deuda pendiente en la valoración de las profesiones que trabajan desde lo profundo de la experiencia de aprender.

La evidencia internacional ha sido clara en advertir esta problemática. El informe de la UNESCO (2020) señala que más de 258 millones de niños y jóvenes se encuentran fuera del sistema educativo a nivel mundial, y que una proporción significativa de quienes sí asisten a la escuela no logra adquirir competencias básicas en lectura y matemáticas. Estos datos no solo evidencian un problema de acceso, sino también una profunda dificultad en la comprensión de cómo aprenden las personas en contextos diversos.

Asimismo, el mismo informe advierte que los sistemas educativos tienden a responder desde modelos estandarizados que no consideran la diversidad de trayectorias de aprendizaje, lo que incrementa las brechas y reproduce desigualdades (UNESCO, 2020). En este sentido, no basta con declarar la inclusión: es necesario comprender los procesos de aprendizaje en su complejidad y en los distintos contextos donde estos se desarrollan.

Desde una perspectiva más amplia, la educación inclusiva no se restringe al ámbito escolar, sino que implica responder a la diversidad en todos los espacios donde las personas participan: el trabajo, la vida social y la formación continua. Sin embargo, en estos escenarios, la comprensión del aprendizaje suele abordarse desde miradas simplificadas, centradas en el rendimiento o la productividad, sin considerar los procesos cognitivos, emocionales y contextuales involucrados.

Es precisamente en este punto donde la invisibilidad del psicopedagogo se vuelve crítica. Mientras la evidencia advierte sobre la complejidad del aprendizaje y la necesidad de enfoques integrales, en la práctica se sigue operando sin integrar de manera sistemática a profesionales especializados en estos procesos. La ausencia de una mirada psicopedagógica en ámbitos educativos, laborales y sociales se traduce en intervenciones fragmentadas, diagnósticos incompletos y decisiones que no abordan las causas reales de las dificultades de aprendizaje.

El problema, por tanto, no es solo profesional, sino estructural. Tal como plantea la UNESCO (2020), los sistemas serán inclusivos en la medida en que comprendan la diversidad y adapten sus respuestas a ella. Cuando esta comprensión falta, lo que se genera no es inclusión, sino una reproducción de desigualdades bajo nuevas formas.

La invisibilidad del psicopedagogo no implica ausencia de necesidad, sino falta de reconocimiento. Porque el aprendizaje no ocurre solo en el aula; ocurre en cada espacio donde una persona intenta comprender, adaptarse y desenvolverse en el mundo. Y allí, donde hay aprendizaje, debiera existir también una mirada experta que permita orientar, prevenir y potenciar dichos procesos.

Visibilizar la psicopedagogía no es una demanda corporativa, es una necesidad social. En un mundo que exige aprender constantemente, no comprender el aprendizaje es, en sí mismo, una forma de exclusión.

Nicolás Bichara Adrobez

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