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Daniela Catrileo: «No me gusta pensar la poesía como algo que sirve, la pienso como algo vital»

A diez años de Río herido, la poeta y profesora de filosofía publica Soñamos con cetáceos y, tras ganar el Premio Anna Seghers 2026, advierte, en conversación con La Voz de Maipú, sobre el "preocupante" recorte estatal a las humanidades y las artes.

Daniela Catrileo: «No me gusta pensar la poesía como algo que sirve, la pienso como algo vital»

Para Daniela Catrileo, sentarse a escribir sigue siendo un acto íntimamente ligado a la infancia. Tenía apenas nueve años cuando descubrió en un taller escolar de los sábados que las palabras podían ser un refugio, inventando seudónimos y compartiendo versos en diarios murales junto a otros niños. Lejos de la solemnidad o las certezas absolutas, en su mirada pervive el asombro de esos primeros años: una voluntad de juego que atiende a la textura de las palabras, a su musicalidad y a una imaginación radical que concibe el poema como quien entona una canción de cuna para volver a lo que fuimos.

Ese pulso vital ha sido el hilo conductor de una década decisiva en su vida y trayectoria. Desde que en 2016 dio a conocer su primer poemario, Río herido, Catrileo transitó por la narrativa con obras indispensables como los relatos de Piñen y su novela Chilco, tejió redes comunitarias desde el Colectivo Mapuche Rangiñtulewfü y la revista Yene, ejerció la docencia en Filosofía y fue reconocida recientemente con el prestigioso Premio Anna Seghers 2026 en Alemania.

Diez años después de ese primer arrojo poético, la autora reúne por primera vez su cuerpo poético en Soñamos con cetáceos (Seix Barral). Prologado por la poeta y filósofa Nadia Prado, el volumen no solo revisita una cartografía marcada por la memoria, los territorios y la vivencia mapuche urbana, sino que se abre hacia el presente a través de un conjunto de versos inéditos que dan nombre al libro y exploran la fragilidad de los cuerpos y las heridas del entorno.

Foto: Planeta de Libros

-Para quien aún no se acerca al libro o le cuesta la poesía, ¿de qué trata Soñamos con cetáceos y qué inspiró ese título?

Es una obra que compila varios otros libros de poesía y, en el fondo, lo que copila además de esas obras antiguas son un par de textos inéditos que dan nombre al título. Este título lo da justamente el último texto que va en el libro, que es un libro en proceso que se llama Soñamos con cetáceos que también es de poesía, y que es el apartado inédito de las obras completas. Es un libro que compila toda mi obra poética anterior, y demás propone este nuevo apartado que son textos inéditos.

-Este libro reúne una década de trabajo. Si miras hacia atrás, a esa Daniela que en 2016 publicaba Río herido, ¿cómo fue reencontrarte con esos textos y quién eres hoy respecto a esa escritora?

Creo que hay varias similitudes, principalmente con la forma de abordar y acercarme a la escritura poética. En Río herido, si bien fue un primer arrojo a escribir un libro de poesía, creo que no estoy tan distante de esa manera de aproximarme al lenguaje, que es una forma mucho más lenta, menos acelerada, y también abordar harto los términos del ritmo, la cadencia que requiere la poesía, a pulir bien las imágenes también. Entonces, si yo veo hacia atrás esos diez años, diría que lo que se mantiene es una forma de acercarse al lenguaje, de palpar ese lenguaje y de estar atenta también a lo que significa fracasar con el lenguaje constante en la escritura en poética.

Quizás hoy día también existe cierta soltura de mi parte para poder acercarme a la escritura poética, incluso de manera más transparente y no tan opaca como en Río herido, que creo que tiene otra densidad, en comparación a los textos compilados que están ahí. Río herido yo creo que tenía un tono mucho más opaco, menos transparente, más crítico a diferencia de Mi costado salvaje que se acerca mucho más a un tono confesional, por ejemplo, que se parece mucho más a un diario de vida.

Foto: Álvaro de la Fuente

-Has contado que tu relación con la poesía empezó de niña, en un taller del colegio. ¿Qué queda hoy de esa niña en la escritora de Soñamos con cetáceos?

Yo creo que todo, porque para mí la poesía es acercarse hacia un tono lúdico en el sentido de una voluntad lúdica. Creo que mantiene mucho sobre la imaginación, el juego, como estar atento a las palabras, al sonido de las palabras, a pensar en la materialidad del lenguaje. Creo que la infancia tiene mucho de ese acercamiento, de un acercamiento de imaginación radical.

Y para mí la poesía mantiene ese corazón. Por eso cada vez que escribo, no estoy muy lejos de ser esa niña y por ahí me gusta mucho el texto de Gabriela Mistral, que es un discurso que da en el año 1938 en Montevideo, en Uruguay, que se llama Por qué escribo. Y Mistral cada vez que pensaba, en ese discurso lo dice, pero cada vez que pensaba en la escritura poética también lo acercaba como a una especie de canción de cuna, y en eso hay una una cuestión de volver a los niños y a las niñas que fuimos. Y para mí eso está principalmente la voluntad lúdica.

-En tus poemas cruzas la ciudad, la naturaleza y la memoria mapuche, escribiendo casi siempre desde un «nosotros» y no desde el «yo». ¿Por qué es tan importante para ti escribir desde lo colectivo?

Para mí lo colectivo tiene que ver con una potencia de la comunidad. No me interesa trabajar solamente el formato de lo subjetivo. Creo que uno puede jugar de diferentes maneras y creo que la potencia de nosotros reúne a otra manera de contemplar, de sentir, de pensar.

Y no siempre, no sé, a veces el yo puede anular esas formas, pero también elijo escribir de forma distinta en cada texto, no todos son de la misma manera.

-En estos diez años Chile vivió estallidos, procesos políticos y desencantos. ¿Cómo atravesó todo ese momento social tu vida y tu forma de escribir?

Siempre ha estado muy implicada a lo que significa los movimientos sociales y políticos en Chile, me convoca desde el pueblo al que pertenezco, también las militancias feministas a las que he adherido, los movimientos sociales yo creo que todavía son importantes para transformar el país y creo que esto va atravesando la escritura quizás no de forma tan explícita. Un poema no siempre está en el vértigo del momento, sino que también debe dejar más liberar justamente el contexto histórico y político para poder trabajar el lenguaje, que eso es lo importante en el poema. Pero creo que de alguna forma eso va quedando como modo de huellas, de vestigios a partir de la maceración, o sea, cuando se ve con el tiempo.

No solo en mi escritura, y lo digo de forma también como general en el país, o sea, todos los acontecimientos que hemos vivido durante los últimos años sí o sí van a estar presentes en la escritura del presente y del futuro.

-Como profesora de filosofía y escritora, ¿qué opinas de que el Estado hoy recorte y relegue las becas para humanidades y artes en favor de áreas productivas? ¿Qué pierde el país al marginar el pensamiento crítico?

Para mí es preocupante que un Estado no pueda contribuir en potencia del pensamiento y la reflexión. Creo que es preocupante que no podamos imaginar un futuro ni un presente que esté potenciando no solamente la imaginación, sino la posibilidad de formar y al mismo tiempo de formarnos como sujetos críticos. Creo que ese es un derecho de todos y de todas, de poder estar en un lugar, de poder participar en un entorno a una comunidad que contribuya a poder movilizar y a impulsar el pensamiento.

Yo lo veo preocupante, es algo que que me tiene dando vueltas en los últimos días porque también es algo que nos toca directamente a quienes trabajamos en humanidades, y no solamente los recortes que se están viendo en estos momentos respecto a las becas, sino también a todos los tipos de los recortes de cultura.

-En un mundo acelerado y enfocado en la productividad inmediata, ¿para qué sirve la poesía hoy y qué le dirías a un joven que insiste en escribir?

No me gusta pensar la poesía como algo que sirve, lo pienso como algo vital. No en términos de la utilidad, sino más bien en términos de cobijo, en términos de encuentro. Me interesa más lo que nos puede provocar la poesía, lo que nos puede hacer sentir y pensar que algo que nos va a servir para algo concreto.

Y a los escritores y escritoras jóvenes que están escribiendo, obviamente les diría que no dejen de escribir. Una de las cosas que más me interesa de la poesía justamente es el riesgo, de saber que no se gana nada escribiendo poesía y a pesar de todo escribimos poesía. Yo creo que la juventud tiene esa potencia hermosa de poder arrojarse valientemente a muchas, digamos, saber de disciplinas distintas, y creo que la poesía es un oficio que podría tener su corazón justamente entre la niñez y la adolescencia.

Foto: CNTV

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