Enfrentados a un fenómeno El Niño: ¿Lo podemos hacer mejor?
En esta columna el Académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, Roberto Pizarro, expone que la forma más adecuada para enfrentar fenómenos climáticos es considerando la zona o región del país en que se trabajan las respuestas.

Sabido es que, frente a un fenómeno climático conocido como El Niño, en Chile deberían esperarse lluvias e intensidades por sobre lo normal, con importantes crecidas de ríos y la activación de esteros y quebradas que, normalmente presentan cursos de agua inexistentes o con caudales muy bajos. Pues bien, el anuncio de un Niño intenso se concretó en Chile a partir del mes de julio y este seguirá dejando su huella en diversas partes del país. Huella que se traduce en impactos sobre vidas humanas, afectación sobre la infraestructura vial, urbana y domiciliaria, así como impactos sobre la economía por cortes de caminos o afectación de factores productivos, entre varios aspectos.
Entonces surge la pregunta, ¿es posible enfrentar este fenómeno de mejor manera?
La respuesta sin lugar a duda es sí y esto no solo porque toda obra humana es perfectible, sino que hay grados de libertad para enfrentar de mejor forma estos eventos extremos, como lo hacemos con los terremotos, aunque hay una diferencia importante.
Los terremotos y sus impactos son relativamente similares en las diversas regiones de Chile, pero los fenómenos hidrometeorológicos no. Es decir, no se puede pensar que estos fenómenos sean los mismos en nuestro norte hiperárido, que en la zona central de Chile o en la lluviosa región de Aysén, porque la expresión del proceso precipitación-escorrentía es distinto.
Por ejemplo, no es lo mismo una cuenca que presenta masas forestales y suelos profundos, que una cuenca sin vegetación y suelos delgados, entre otros aspectos. En la primera los caudales se demorarán en formar por el rol que juega el complejo suelo vegetación y en la segunda rápidamente las aguas escurrirán hacia sectores bajos.
Por ello el primer aspecto a considerar es en qué zona o región del país nos situamos, porque teniendo claro ese vector, las respuestas podrán ser más racionales, efectivas y aplicadas a ambientes específicos, lo que posibilita contar con una respuesta más apropiada frente a este tipo de fenómenos.



