Día del Videojuego: así evolucionaron los controles hasta el DualSense
Este 29 de agosto se celebra el Día del Gamer. Repasamos cómo el control pasó de un dial y un botón a los gatillos adaptativos, mientras la industria chilena crece en exportaciones y estudios de desarrollo.

Este 29 de agosto se celebra el Día del Gamer, fecha instaurada en 2008 por revistas especializadas españolas para relevar una industria que hoy mueve a cerca de 3.700 millones de jugadores en el mundo. Detrás de cada consola hay una historia menos conocida: la del control, el objeto que conectó físicamente al jugador con la pantalla y que pasó de un dial y un botón a sensores de movimiento, vibración dual y gatillos adaptativos.
El dial que lo empezó todo
Todo partió en 1958, cuando el físico William Higinbotham creó Tennis for Two, considerado el primer videojuego de la historia. El experimento consistía en un osciloscopio conectado a dos controles rudimentarios: «los controles tenían una perilla que controlaba el movimiento de la ‘pelota’ y un botón para golpearla». No había más. Ese diseño mínimo, pensado para una demostración científica y no para el entretenimiento masivo, terminó siendo el punto de partida de una industria que seis décadas después se mide en miles de millones de jugadores.
El siguiente hito comercial llegó recién en la década siguiente. «La primera consola casera en venderse fue el Magnavox Odyssey, en 1972», equipada con dos perillas —una para el movimiento horizontal y otra para el vertical— que replicaban, con matices, la lógica del experimento de Higinbotham. El concepto del dial dominó los primeros años de los videojuegos domésticos, hasta que un nuevo mecanismo de control cambió las reglas del juego.
El joystick que instaló el estándar
Ese cambio llegó con el Atari 2600, lanzado en 1977. Su mando, diseñado por el ingeniero Jay Miner, dejó atrás las perillas para instalar un mecanismo que se volvería sinónimo de los videojuegos por décadas: «el joystick del Atari 2600 se caracterizaba por su diseño simple, pero efectivo: tenía una palanca que se podía mover en ocho direcciones y un único botón de disparo».
La simpleza no fue una limitación, sino la clave de su éxito. Gracias a ese control, «el Atari 2600 se convirtió en la primera consola de videojuegos doméstica exitosa» y sentó las bases de toda la industria doméstica que vendría después. Commodore incluso adoptó la misma configuración de pines para sus propios joysticks, lo que hizo compatible el mando de Atari con computadores como el Commodore 64 y el Amiga.
Nintendo y la llegada de la cruz direccional
Ocho años después, Nintendo introdujo un cambio radical en la forma de sostener y operar un control. El mando del NES, lanzado en 1985, reemplazó la palanca por un mecanismo más compacto y preciso: «el control del NES era sencillo y divertido: una cruz direccional que se sentía mejor en los dedos que la larga palanca», complementada con dos botones de acción (A y B) y las opciones de inicio y selección.
Cinco años más tarde, el Super Nintendo perfeccionó esa fórmula. Sumó los botones X e Y y, sobre todo, incorporó los gatillos de hombro L y R, que además contaban con detección de presión —una tecnología notable en su época y clave en títulos como Super Mario Kart—. El impacto de ese diseño trascendió a Nintendo: «varios diseños posteriores tienen elementos del controlador Super NES, incluidos PlayStation, Dreamcast, Xbox y Wii Classic Controller».
La revolución analógica: N64 y DualShock
A mediados de los 90 llegó el siguiente gran salto: la palanca analógica, pensada para responder a la transición de los videojuegos del 2D al 3D. El Nintendo 64, lanzado en 1996, fue pionero con su inusual diseño en forma de tridente y su stick analógico, que ofreció una precisión de movimiento inédita hasta entonces en juegos como GoldenEye. Además, incorporó tecnología háptica antes que nadie: «el control del Nintendo 64 también fue pionero en la implementación de la tecnología de vibración con su accesorio opcional, el Rumble Pak».
Sony respondió un año después con el DualShock, lanzado en 1997 para PlayStation. Su aporte fue doble: incluyó dos motores de vibración simultánea —de ahí su nombre— y, sobre todo, «el DualShock fue el primer control que presentó palancas analógicas duales», un estándar que hasta hoy define prácticamente cualquier control de consola.
Wii: cuando el control dejó de necesitar botones
En 2006, Nintendo volvió a romper el molde. «El mando del Wii, lanzado en 2006, revolucionó la forma en que interactuamos con los videojuegos al introducir el concepto de control basado en sensores de movimiento», dejando en segundo plano los esquemas tradicionales de botones para traducir gestos físicos reales en acciones dentro del juego, como el swing de una raqueta de tenis.
El giro estratégico de Nintendo —apuntar a jugadores casuales y familias enteras, no solo a gamers experimentados— tuvo eco inmediato en la competencia. «Muchas otras compañías adoptaron tecnologías similares en sus consolas, como el PlayStation Move de Sony y el Kinect de Microsoft», ambos intentos de replicar el éxito del control por movimiento del Wii, aunque sin lograr el mismo impacto cultural.
DualSense: el estado del arte
El recorrido histórico llega, por ahora, al DualSense de PlayStation 5, presentado en 2020. Su principal innovación fue llevar la vibración a un nuevo nivel de precisión: «la retroalimentación háptica de DualSense utilizaba vibraciones increíblemente precisas para ayudar a simular los acontecimientos en pantalla», según consignó Revista Bacánika, permitiendo sentir desde el goteo de gotas de agua hasta la tensión de una cuerda de arco.
A eso se suma la segunda gran novedad del control: «los gatillos L2 y R2 del DualSense contaban con tecnología de resistencia ajustable», lo que permite a los desarrolladores programar distintos niveles de tensión según la acción que se ejecute en pantalla. Es, hasta hoy, el punto más alto de una evolución que empezó con un dial y un botón.
El Día del Gamer y la industria chilena
La fecha no es solo una excusa para el recuerdo nostálgico. También sirve para medir el pulso de una industria que en Chile muestra señales de crecimiento sostenido. Entre enero y julio de 2026, «las exportaciones de servicios vinculados al sector superaron los US$6,9 millones, un aumento de 30,3% en comparación con el mismo período del año pasado», de acuerdo con cifras difundidas en el marco de la participación de Chile en Gamescom 2026.
Según indicó a ADN Radio Katrin Klapp Oliger, directora de la Escuela de Diseño y Artes Digitales de la Universidad Gabriela Mistral, ese crecimiento se explica en parte por la profesionalización del sector: Chile fue uno de los primeros países de la región en incorporar carreras universitarias ligadas al desarrollo de videojuegos. A julio de este año, según ProChile, «el país contaba con más de 80 estudios de desarrollo de videojuegos activos, con un crecimiento sostenido en la última década».
El desafío, sin embargo, no es menor. Klapp Oliger lo resume así: «el gran desafío es que un estudio no solo consiga desarrollar un buen videojuego, sino que pueda mantenerse como empresa en el tiempo». La falta de inversión privada y la dificultad para retener talento especializado siguen siendo, para la industria local, obstáculos tan persistentes como los que enfrentaron los primeros diseñadores de controles hace casi setenta años.
