El peligro silencioso de aguantarse las ganas de ir al baño
Especialistas de la U. de Chile advierten que retener la orina de forma habitual puede debilitar la vejiga, favorecer infecciones urinarias y alterar el control muscular del esfínter.

Con el frío del invierno, la idea de desabrigarse para ir al baño parece un sacrificio innecesario. El resultado es predecible: muchas personas simplemente se aguantan. Lo que parece una decisión menor puede convertirse, con el tiempo, en un problema de salud real.
La ginecóloga Libertad Méndez Núñez, de la Clínica Universidad de Chile Quilín, es clara al respecto: hacerlo de forma esporádica no suele causar daño mayor, pero «la retención voluntaria y habitual de la orina puede tener consecuencias negativas para la salud del sistema urinario». El matiz está en la regularidad: el hábito sistemático es el que pasa la cuenta.
Lo que le ocurre a la vejiga cuando uno se aguanta
Los efectos de retener orina de manera reiterada no son menores. Según la doctora Méndez, este hábito puede debilitar los músculos pélvicos y el esfínter uretral, lo que dificulta el control voluntario de la orina a largo plazo. También puede sobreestirar la vejiga, reduciendo su capacidad de contraerse bien y vaciarse por completo.
Además, la orina estancada en la vejiga facilita la proliferación bacteriana, lo que eleva el riesgo de infecciones del tracto urinario (ITU). A eso se suma un efecto menos visible pero igual de relevante: la alteración de la coordinación neuromuscular, que puede derivar en disfunción miccional.
El jefe de Urología del Hospital Clínico Universidad de Chile, Tomás Olmedo Barros, refuerza el punto y zanja cualquier duda sobre si esto afecta más a unos que a otros: «No hay diferencias entre hombres y mujeres», dice, y en ambos casos «no es recomendable aguantarse para ir al baño cuando se tienen deseos de orinar, porque puede aumentar el riesgo de infección urinaria o afectar el funcionamiento de la vejiga».
¿Cuántas veces al día es normal orinar?
La frecuencia miccional normal depende en gran medida de cuánto líquido se bebe. En condiciones habituales, un adulto sano orina entre 3 y 7 veces al día, con un máximo de una vez durante la noche. Para quienes mantienen una ingesta de líquidos de entre 1,5 y 2 litros diarios, un rango de 6 a 8 micciones en 24 horas se considera normal, según explica la doctora Méndez.
El consumo de bebidas con cafeína, té o alcohol puede aumentar esa frecuencia por su efecto diurético e irritante sobre la vejiga. En cambio, cuando alguien orina más de 8 veces al día sin haber bebido cantidades inusuales de líquido, eso ya tiene nombre: polaquiuria, o micción frecuente. Y cuando esa frecuencia interfiere en la vida cotidiana o se acompaña de otros síntomas como urgencia, dolor, pérdida involuntaria de orina o alteración del sueño, la recomendación es consultar a un médico.
Cuándo el problema requiere evaluación
El doctor Olmedo señala que una micción excesivamente frecuente puede relacionarse con inestabilidad vesical, condición que «con tratamientos médicos puede mejorar mucho». Por su parte, la doctora Méndez detalla que, ante ese cuadro, la evaluación debe incluir historia clínica, diario miccional, análisis de orina y, según los hallazgos, estudios urodinámicos o de imagen.
En mujeres, las causas de polaquiuria son variadas: infecciones del tracto urinario, vejiga hiperactiva, embarazo, prolapso de órganos pélvicos, cambios asociados a la menopausia o diabetes mellitus no controlada, entre otras. En hombres, la principal causa son los problemas prostáticos, como la hiperplasia benigna.
La incontinencia urinaria, en tanto, es más prevalente en mujeres, dado que el embarazo, el parto, la menopausia y la anatomía femenina juegan un rol determinante. Pero la doctora Méndez tiene un mensaje que aplica a todas las personas: «Nunca es normal tener pérdidas de orina; puede ser esperable o frecuente, pero, sobre todo si afecta la calidad de vida, es importante acudir a consultar».


