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Tesoros para contrarrestar la crisis climática: Estudio revela la importancia de las turberas del Cabo Froward para el mundo

Investigación de Rewilding Chile y la Universidad de Chile cuantificó por primera vez el carbono acumulado en las turberas milenarias de la Península de Brunswick, en Magallanes, con resultados que superaron las proyecciones de los propios investigadores.

Tesoros para contrarrestar la crisis climática: Estudio revela la importancia de las turberas del Cabo Froward para el mundo

Un estudio pionero de Rewilding Chile y la Universidad de Chile cuantificó por primera vez el carbono almacenado en las turberas de Cabo Froward, en la Península de Brunswick, región de Magallanes. Los resultados muestran que estos ecosistemas guardan en promedio 1.647 toneladas de carbono por hectárea, tres veces más que los bosques del mismo sector.

El dato que sorprendió a los científicos

Las turberas son formaciones que se construyen durante siglos a partir de materia orgánica muerta, comprimida en condiciones de frío, humedad extrema y ausencia de oxígeno. Esa combinación impide la descomposición completa del material vegetal y convierte a estos suelos en auténticos depósitos de carbono a largo plazo. Hasta ahora, sin embargo, no existían mediciones precisas de cuánto carbono guardaban específicamente las turberas del extremo austral americano.

Las muestras recolectadas en terreno y analizadas en laboratorio arrojaron una cifra que no dejó dudas sobre la magnitud del hallazgo: las turberas de Cabo Froward «guardan un promedio de 1.647 toneladas por hectárea, es decir, tres veces más que los bosques del mismo sector, que almacenan en promedio 536,2 toneladas por hectárea».

Un reservorio que se asemeja a los trópicos

Jaime Hernández, director del Laboratorio de Geomática y Ecología del Paisaje de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, había estudiado previamente reservorios de carbono a lo largo de todo el país, pero nunca los de esta zona en particular. Su lectura del hallazgo sitúa a las turberas patagónicas en una liga distinta a la que se esperaba.

«No hay ninguna duda de que las turberas ocupan el primer lugar entre todos los reservorios de carbono del mundo. Lo que no sabíamos es que, dentro del grupo, las turberas patagónicas superan en contenido a las turberas de climas templados del norte del país y que incluso se asemejan más a las que están presentes en ecosistemas tropicales, ya que estas almacenan cerca de 1.600 toneladas de carbono por hectárea», explicó el investigador.

Un ecosistema casi intacto

Lo que más llamó la atención del equipo no fue solo la cifra, sino el estado de conservación del lugar donde se tomaron las muestras. A diferencia de otras zonas del país donde las turberas han sido intervenidas para uso agrícola, Cabo Froward se mantiene prácticamente sin alteraciones humanas.

«Son ecosistemas completos, aún bastante salvajes. Están protegidas por la acumulación de agua y la misma microtopografía del sector, con poca intervención humana, a diferencia de otras zonas del país donde la explotación comercial del ‘pompón’ ha estado permitida para la agricultura», señaló Hernández, en referencia a la extracción comercial de musgo de turbera que sí se practica en otras regiones.

Más de 100.000 hectáreas bajo la lupa

La investigación no se limitó a medir concentraciones de carbono: también caracterizó por primera vez la morfología de la cobertura vegetal en el área comprendida entre San Nicolás y Bahía Cordés, el parche terrestre continuo de la Península de Brunswick donde se ubica Cabo Froward.

Los números dan cuenta de la escala del ecosistema estudiado: «la superficie está formada por poco más de 52.000 hectáreas de bosque y unas 53.000 hectáreas de turberas, con capacidad para acumular entre ambas 115 millones de toneladas de carbono, aproximadamente».

Satélites, expediciones y trabajo de terreno

Para llegar a estas cifras, el equipo combinó tecnología satelital con trabajo de campo directo, un método que permitió determinar con precisión cuánto carbono hay por unidad de volumen en puntos específicos del territorio, algo que hasta ahora no se conocía con exactitud.

Según detalla el estudio, «el primer paso fue identificar y clasificar las coberturas vegetales presentes en el área mediante el análisis de imágenes satelitales. Tras ello, se realizaron dos expediciones para medir in situ la materia orgánica viva que está por encima del suelo y tomar muestras de suelo y turberas a distintas profundidades en más de 200 sitios definidos». El equipo de investigadores trabaja actualmente en una publicación científica que detallará los resultados completos y la metodología empleada.

Más que carbono: biodiversidad y memoria ambiental

Para Ingrid Espinoza, directora de Conservación de Rewilding Chile, el valor de estos hallazgos trasciende la función climática de las turberas. Se trata, dice, de ecosistemas que cumplen múltiples roles al mismo tiempo.

«Estos hallazgos son relevantes porque nos confirman que los ecosistemas boscosos subantárticos son unos eficientes reservorios naturales de carbono y, por lo tanto, verdaderos tesoros para contrarrestar los efectos de la crisis climática. No solamente eso: albergan biodiversidad, contienen información sobre cómo era el ambiente hace miles de años y son fundamentales para mantener el equilibrio ambiental», afirmó Espinoza, de acuerdo con lo consignado por forestal.uchile.cl.

Un sistema intacto que «urge proteger»

Rewilding Chile impulsa junto al Estado la creación de un parque nacional en Cabo Froward para resguardar este territorio. La diferencia con buena parte de los esfuerzos de conservación en el país, plantea la organización, es que aquí no se trata de restaurar algo dañado, sino de proteger algo que todavía funciona como un todo.

«Mientras que en otras regiones se lucha por restaurar ecosistemas degradados, aquí se conserva un sistema intacto que podría desempeñar un rol crucial en la mitigación del cambio climático y que por lo tanto urge proteger», cerró Espinoza.

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