La escuela de inteligencia de la DINA que funcionó 16 años en Rinconada de Maipú
Entre 1974 y 1990, en terrenos que la Universidad de Chile le había vendido al Ministerio de Educación, operó la Escuela Nacional de Inteligencia: por sus salas pasaron cientos de agentes chilenos y extranjeros. Hoy ahí está la Escuela de Suboficiales del Ejército y no hay ninguna señalización que lo recuerde.

A diez kilómetros del Templo Votivo, cruzando el límite urbano por el camino a Rinconada, hay un portón y un kilómetro de camino interior hasta un recinto militar en medio del campo. Es la Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento 2° Daniel Rebolledo Sepúlveda. Está ahí desde 1994 y cada año forma a cientos de jóvenes.
Antes de eso, durante dieciséis años, el mismo edificio central albergó algo que casi nadie en la comuna supo nombrar. Ahí funcionó la Escuela Nacional de Inteligencia, la ENI, donde la DINA primero y la CNI después formaron a los agentes de la dictadura.
Cómo llegó el Ejército a un fundo de la Universidad de Chile
La historia empieza sin militares. En 1933, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile compró más de 3.000 hectáreas en Rinconada para trasladar allí su internado desde la Quinta Normal.
Durante tres décadas el fundo fue eso: un campo experimental, vacas, potreros con nombre —El Sauce, El Peumo, Los Quillayes— y estudiantes de agronomía.
En diciembre de 1965, para financiar la compra de otro predio, la universidad vendió unas 54 hectáreas al Ministerio de Educación. El Mineduc instaló ahí una sede del Centro de Perfeccionamiento del Magisterio. Ese detalle administrativo explica todo lo que vino después: eran terrenos fiscales, no universitarios.
Waldo Caro, administrador de la hacienda en esos años y vecino de Maipú, lo resumió sin rodeos: los militares simplemente se tomaron el recinto del magisterio cuando pasó el golpe.
En enero de 1974 llegaron cerca de 300 agentes en buses desde el balneario Rocas de Santo Domingo, donde la DINA había hecho su primer curso de formación. El hombre a cargo era el entonces coronel César Manríquez Bravo.
Ahí se instaló la dirección de la Brigada de Inteligencia Metropolitana —la unidad que operaba la represión en Santiago antes de mudarse a Villa Grimaldi— y una enfermería que varios agentes describieron después, ante los tribunales, como una clínica.
Una escuela con campo de tiro, unidad canina e invitados del FBI
Hacia fines de 1974 la ENI ya dictaba clases. En 1978, un decreto exento le dio existencia legal: formaría especialistas de inteligencia para la CNI, para las instituciones de la Defensa y, ocasionalmente, para civiles.
Lo que se enseñaba está documentado en decenas de declaraciones judiciales. Inteligencia y contrainteligencia, seguimientos, allanamiento y registro, apertura de puertas y candados, comunicaciones, fotografía, tiro. Y una asignatura que sorprende por lo doméstica: maquillaje y caracterización, dictada por un cosmetólogo amigo de Manuel Contreras.
Los cursos duraban entre un mes y un semestre. Llegaban alumnos de Ejército, Carabineros, Investigaciones, la Fuerza Aérea y la Armada. También extranjeros: oficiales bolivianos y argentinos aparecen mencionados por más de un testigo.
Patricio Castro Muñoz, ex agente de la CNI que estuvo en Rinconada desde 1980, primero como alumno y después como profesor de siete cursos, la describió como una escuela «espectacular»: dos pabellones largos, polígono de tiro, gimnasio, cancha de fútbol, casinos, más de veinte perros adiestrados y un instructor coreano de artes marciales.
Castro sostuvo que también iban a hacer clases funcionarios del FBI y de la CIA, y que el lema estaba escrito en el primer pabellón: Supera te ipsum, supérate a ti mismo. El himno, dijo, lo escribió Álvaro Corbalán.
Afirmó no haber visto nunca un centro de tortura en el lugar. Otro testimonio va en dirección contraria: Jorgelino Vergara, el llamado «mocito» de la DINA, aseguró que en la ENI hubo detenidos y asesinatos, aunque no entregó ningún antecedente concreto que lo respalde. Ese vacío importa: hasta hoy no existe prueba judicial de detenciones sistemáticas en el recinto.
Luz Arce, ex militante socialista detenida y torturada por la DINA que terminó trabajando para el organismo, fue alumna en Rinconada en 1977 y después profesora de marxismo. Contó que todas las mañanas un bus las recogía en el cuartel general de calle Belgrado y que, en los recreos, gente que vivía a la entrada del recinto le mandaba un vaso de leche de vaca. De su paso por la DINA, dijo, ese fue el mejor período.
Es un detalle menor y por eso mismo revelador: los agentes y los vecinos convivían. Trabajadores del fundo de la universidad jugaban a la pelota con ellos en la cancha del Club Deportivo de Rinconada. En las fiestas de fin de año, según recordó una vecina del sector, personal de la DINA aprovechaba de averiguar quién simpatizaba con la oposición.
Noviembre de 1975: el montaje en los cerros
El nombre Rinconada de Maipú llegó a los medios nacionales por primera vez en noviembre de 1975, y fue por una mentira.
La prensa y la televisión informaron de un enfrentamiento a tiros en los cerros del sector entre agentes de seguridad y «extremistas». Habían muerto seis personas: Alberto Gallardo Pacheco, Catalina Gallardo Moreno, Mónica Pacheco Sánchez —embarazada—, Luis Ganga Torres, Pedro Cortés Jelves y Manuel Reyes Garrido.
No hubo ningún enfrentamiento. Los seis habían sido detenidos, torturados y asesinados en Villa Grimaldi, y sus cuerpos fueron trasladados a Rinconada para simular el combate.
Así lo estableció la justicia cuarenta años después. En 2015 el ministro Leopoldo Llanos condenó a cinco agentes de la DINA, y la Corte Suprema confirmó penas de 20 años para Miguel Krassnoff, Basclay Zapata y Rolf Wenderoth. El Colegio de Periodistas sancionó éticamente a periodistas que difundieron la versión oficial. Como recordó La Voz de Maipú al cumplirse 47 años del montaje, la familia Gallardo lleva más de una década exigiendo disculpas públicas a TVN y Canal 13.
Ninguna crónica de la época mencionó que a metros de esos cerros funcionaba la escuela de inteligencia del organismo que había matado a las seis personas.
El hombre que sigue sin aparecer

Sergio Pérez Molina
Sergio Pérez Molina, ingeniero, dirigente del MIR, 31 años, fue detenido por agentes de la DINA el 22 de septiembre de 1974. Un día antes habían detenido a su compañera, Lumi Videla.
Según el relato de su hijo, a Pérez lo emboscaron en la casa de seguridad de ella, en San Miguel, y lo trasladaron con una herida de bala en la pierna al Cuartel Ollagüe, el centro clandestino que funcionaba en José Domingo Cañas. Desde ahí desapareció a principios de octubre.
Lumi Videla fue asesinada bajo tortura. Su cuerpo apareció el 4 de noviembre de 1974 en el jardín de la Embajada de Italia. De él nunca más se supo.
Tres ex agentes declararon ante la justicia que Pérez, agonizante, fue llevado a la clínica de Rinconada y enterrado en el recinto. Uno de ellos, ex conscripto, describió con precisión la fosa y dijo haber participado en el entierro, detrás de un pabellón, frente a la ventana de la oficina del comandante.
Con esos croquis se ordenaron dos diligencias en 1994. La primera, el 14 de julio, fracasó: el coronel a cargo de la recién instalada Escuela de Suboficiales impidió el ingreso de los peritos y el Gobierno tuvo que oficiar al Alto Mando. La segunda, el 17 de noviembre, se hizo a medias —Carabineros bloqueó la entrada de los familiares— y no encontró nada. La causa pasó a la justicia militar y ahí se detuvo durante treinta años.
Se reactivó gracias al Plan Nacional de Búsqueda. En diciembre de 2024 se hizo una inspección con georradar en amplias zonas del recinto. Entre junio y julio de 2025 los testigos sobrevivientes volvieron al lugar a reconocer el sitio.
Y entre el 1 y el 5 de septiembre de 2025, como informó La Voz de Maipú, la ministra en visita Paola Plaza encabezó excavaciones con maquinaria pesada, acompañada por la PDI, el Servicio Médico Legal, el Ministerio de Obras Públicas y la familia.
No apareció nada.
Dago Pérez Videla, hijo de Sergio y Lumi, escribió después una carta pública con una conclusión dura: para la familia, la Escuela de Suboficiales fue más bien un señuelo, una distracción.
Pero agregó algo que abre el caso otra vez. A raíz de esta búsqueda dieron con un lugar mencionado en los testimonios y nunca investigado, que sí tendría características de sitio de interés real, y que no está dentro del recinto militar. No ha querido revelar dónde, porque la investigación recién empieza y los vecinos del sector aceptan hablar solo de manera informal.
Lo que queda en pie

Maipú tiene hoy un Memorial de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos en la Plaza, con los nombres de 68 vecinos. Tiene la ex Medialuna, centro de detención en 1973, convertida en espacio de memoria desde 2021. Y tiene, en Rinconada, la Quebrada de la Plata, que en febrero de este año pasó a ser el primer Monumento Natural del nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas.
De la ENI no queda nada señalizado. El recinto sigue siendo una instalación militar activa. Chile tiene más de cincuenta sitios de memoria reconocidos, financiados vía fondos concursables y sin una ley que los ampare. Ninguno está en Rinconada de Maipú.
«Quizás ese recinto debería ser lo que implica: destruido, cerrado, o haberse entregado como un parque por la paz», dijo el abogado de derechos humanos Cristián Cruz.
Mientras tanto, el aparato judicial sigue moviéndose. En mayo de 2026 la Corte Suprema autorizó a César Manríquez Bravo —el oficial que en enero de 1974 llevó a la DINA a Rinconada y que ordenó habilitar allí la enfermería— a cumplir en su casa los más de quince años de condena que le quedaban, por un cuadro de enajenación mental. Meses antes, un peritaje psiquiátrico ordenado por la Corte de Apelaciones había advertido que su deterioro podía estar influido por una actitud «ganancial». Tiene condenas por la desaparición de dieciséis personas.
Este reportaje se basa en la memoria de título Escuela Nacional de Inteligencia: un recinto de adiestramiento de la DINA en Rinconada de Maipú, de la periodista Arak Herrera Godoy (Escuela de Periodismo, Universidad de Chile, 2018; profesora guía: Pascale Bonnefoy), reproducida y actualizada con su autorización. La investigación original incluye entrevistas propias a ex agentes y trabajadores del fundo, correspondencia de la Facultad de Ciencias Agronómicas y decenas de declaraciones judiciales. La Voz de Maipú verificó y actualizó los antecedentes a septiembre de 2026, corrigió el número de víctimas del montaje de 1975 conforme a las sentencias judiciales e incorporó las diligencias del Plan Nacional de Búsqueda de 2024 y 2025. La memoria original está disponible en el repositorio de la Universidad de Chile bajo licencia Creative Commons.



