A sus 87 años, Elsa debería estar disfrutando de la tranquilidad de su casa en Maipú. Sin embargo, hoy vive atormentada por una realidad que parece una pesadilla: su vivienda, el refugio de toda su vida, ya no le pertenece legalmente.
De acuerdo con lo visibilizado en primera instancia por un reportaje de 24 Horas, la vecina enviudó a los 50 años y, recientemente, enfrentó la pérdida de sus dos hijos a causa de un cáncer. Tras estas pérdidas, la soledad y una profunda depresión se apoderaron de ella.

«Pasé varios meses sola no comía del frente me traían un platito de algo porque yo no lleaba que hacer no quería salir a la calle», relata Elsa sobre aquel periodo de vulnerabilidad. Fue en esa búsqueda de compañía que decidió reencontrarse con familiares que no veía hace años, contactando a un sobrino de Vallenar que prometió ayudarla.
Elsa confiaba en este sobrino y le manifestó su deseo de vender su casa en Maipú para mudarse fuera de Santiago. Bajo la premisa de facilitarle los trámites, firmaron un mandato notarial que facultaba al hombre para suscribir contratos de compraventa. No pasó mucho tiempo antes de que Elsa descubriera la amarga verdad: su casa había sido vendida al hijo de su sobrino en la Región de Atacama por un monto de 25 millones de pesos.
Cuando se enteró de la situación por un tercero, el impacto fue total. «Tiene que saber usted que la casa no está su nombre», recuerda que le dijeron. A pesar de que el sobrino, Juan Carlos Cortés, asegura haber pagado la suma en efectivo, Elsa es tajante al desmentirlo: «Jamás recibí ni 10 pesos».
La batalla legal contra la «estafa familiar»
El caso ya está en manos del Ministerio Público, que investiga delitos de estafa, administración desleal y simulación. La fiscalía ha decidido solicitar una audiencia de formalización de la investigación, mientras se analiza la trazabilidad financiera de los involucrados para verificar si realmente existió algún movimiento de dinero.
Para Elsa, este proceso no es solo por ella, sino por todos los adultos mayores vulnerables. Con firmeza, declara: «Que se terminen los abusos. No soy la primera, ¿cuánta gente ha quedado en la calle porque no tiene un peso?».
Mientras espera que la justicia le devuelva su propiedad, recuerda con nostalgia la advertencia que alguna vez le hizo alguno de sus hijos: «‘Mamá’, me decía, ‘Cuide la casita’, como que presentía algo».
