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El maipucino Nicolás Burgos se sincera sobre su carrera en el tenis de mesa: «A principio de este año entré en un círculo de negatividad. Me decía que no podía ganar»

El tenismesista maipucino contó en el podcast "Detrás del Alto Rendimiento" toda su carrera. Desde sus comienzos con una visa "bien trucha" y un crédito que su padre pidió al banco a ser top 50 mundial y estar en París 2024.

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Alberto Abarza, Nicolás Burgos y Bruno Miranda premiados
Alberto Abarza, Nicolás Burgos y Bruno Miranda premiados

A los 13 años, el maipucino Nicolás Burgos dejó su casa para irse solo a Alemania a jugar tenis de mesa, con una visa que él mismo describe como «bien trucha» y un crédito bancario que pidió su padre para costear el viaje. Hoy, a sus 23 años, Burgos es uno de los mejores tenismesistas de la historia de Chile, top 50 del ranking mundial y participante de los Juegos Olímpicos de París 2024, según contó en extenso en el podcast “Detrás del Alto Rendimiento“ donde fue entrevistado.

Foto: Detrás del Alto Rendimiento

De San Bernardo a la mesa verde del patio

Burgos no nació en Maipú, aunque es la comuna que lo formó. «Nací en San Bernardo», contó, aunque de pequeño vivió en la casa familiar donde se cruzó por primera vez con la disciplina que le cambiaría la vida. «Ahí, yo vivía con mi abuela y con mis papás», relató, y fue justamente en ese hogar donde encontró la raqueta antes que el interés. «Y mi abuela jugaba tenis de mesa», recordó, y con ella compartía una de esas mesas verdes plegables en el patio, cuando apenas tenía dos o tres años. El gusto real llegó después, en un taller del colegio: probó primero con fútbol, no le acomodó, y terminó volviendo al tenis de mesa tras un cambio de entrenador que lo enganchó definitivamente.

La beca, el amigo y el pasaje que no era suyo

El salto a Europa no fue un plan familiar con recursos de sobra, sino una apuesta armada con lo que había. Su entrenador de entonces consiguió una beca para él y para Gustavo Castillo, su mejor amigo y compañero de entrenamiento, para viajar a un centro deportivo en Alemania. La condición era clara: «Nosotros teníamos que cubrir el pasaje», explicó Burgos, mientras que el alojamiento y la comida quedaban cubiertos allá. El problema fue que su familia no tenía cómo pagarlo: «Mis viejos estaban con problemas económicos», reconoció. La solución llegó del padre de su amigo, quien se hizo cargo del costo sin pedir nada a cambio de inmediato. «Me compró el pasaje y me dijo que algún día se lo devuelva», relató el tenismesista sobre ese primer viaje, pensado originalmente para tres meses, el máximo que permitía la visa de turista.

Una visa «bien trucha» y un crédito al rojo

Los tres meses se le hicieron cortos y, antes de volver a Chile, un club alemán le ofreció un contrato para jugar en una liga menor a cambio de un sueldo que le permitiera sobrevivir. Para regresar por diez meses necesitaba un documento distinto, y lo que consiguió no fue precisamente ortodoxo. «Estudié el documento y era bien trucho», admitió Burgos sobre el papel que le permitió instalarse en un pueblo cercano a Leipzig con apenas 13 años. Financiar ese segundo viaje implicó que su padre recurriera a la banca: «Pidió crédito al banco. Hace muchos años», contó. La decisión de enviarlo, sin garantías de que la carrera deportiva funcionara, la resume el propio Burgos como una apuesta ciega. «Entonces era 50-50. Y fue una apuesta, una apuesta. Negro o rojo», dijo, en referencia a la ruleta que su familia decidió jugarse con su futuro.

De la séptima división alemana al top 50 del mundo

El ascenso deportivo de Burgos fue paulatino y sostenido en el circuito europeo, donde el tenis de mesa mueve fichajes, sueldos y ligas profesionales impensadas en Chile. «La primera vez que jugué liga fue en ese momento séptima división de Alemania», recordó sobre sus inicios, allá por 2016. Desde ahí escaló año a año hasta acercarse a la primera Bundesliga, y en la temporada pasada llegó a jugar simultáneamente en las ligas de Italia, España y Alemania. Ese nivel de competencia sostenido lo llevó a instalarse entre los 50 mejores del mundo y, con ello, a asegurar su lugar en los Juegos Olímpicos de París 2024 mucho antes de que se confirmara oficialmente.

«Yo apenas, como te digo, en ese Panamericano que quedé segundo, yo como subí al top 50 del mundo, yo ya estaba clasificado», explicó sobre el proceso.

La muerte de su padre en plena pandemia

En 2021, mientras entrenaba en Alemania, Burgos recibió la noticia de que su padre había fallecido producto de una enfermedad que su papá no quiso tratar a tiempo. Las restricciones sanitarias de la pandemia le impidieron llegar a Chile con la urgencia que hubiera querido: los protocolos de testeo y cuarentena lo dejaron fuera del funeral. Días después debía competir en el Panamericano Juvenil de Cali, con la prueba por equipos como última instancia, una categoría que Chile nunca había ganado.

Tras una charla del entrenador Marco Núñez que él mismo describe como una arenga de película, el equipo salió a la mesa y dio el golpe: «Y ganamos el oro, le ganamos a todos», recordó Burgos, en una de las postas más simbólicas de su carrera.

Una crisis mental este año, en plena carrera hacia Los Ángeles 2028

Lo que Burgos no había contado hasta ahora, y que abordó abiertamente en esta entrevista, es que a comienzos de este año atravesó uno de los peores momentos de su vida deportiva. Coincidiendo con un nuevo proyecto de entrenamiento personal —más exigente de lo habitual— y una lesión en la espalda que lo obligó a volver a Chile a rehabilitarse, entró en lo que él mismo llama un círculo de negatividad.

«Yo estoy pasando por uno de los peores momentos mentales de mi vida deportiva», reconoció Burgos, describiendo semanas en las que perdía partidos que normalmente no debería perder.

La sensación era de bloqueo total frente a la mesa: «no puedo ganar, no puedo hacer nada, se me olvidó jugar», repetía en ese momento, según relató. Buscó ayuda profesional para salir del pozo. «Empecé con una psicóloga, empezamos a conversar un poco sobre el tema», contó, aunque remarca que la recuperación fue, sobre todo, un trabajo personal, torneo a torneo, hasta recomponer su nivel de a poco.

El sueño de recorrer Chile y volver como entrenador

Con la vista puesta en Los Ángeles 2028 —donde su dupla de dobles varones con Gustavo Gómez ya figura entre los mejores del ranking olímpico—, Burgos también proyecta su vida después de la competencia de alto nivel. Uno de sus planes es «Proyecto Chile 180», una idea para recorrer el país de norte a sur visitando clubes, asociaciones y colegios donde se practica tenis de mesa, documentando el viaje y sin fines de lucro, aunque reconoce que el obstáculo principal es encontrar una ventana de varios meses libres en su calendario competitivo. Más a largo plazo, su horizonte apunta a quedarse en Chile trabajando por el deporte que lo formó. «Mi sueño es ser entrenador. Quiero ser entrenador. En Chile», afirmó, con la idea de aportar a mejorar la estructura que él mismo tuvo que construirse solo, sin mentores, desde los 13 años.

Como reconoció el Círculo de Periodistas Deportivos al nombrarlo el mejor tenismesista de 2025, Nicolás Burgos llega a este nuevo ciclo olímpico consolidado como referente del deporte nacional.

Preguntado por su propia definición de lo que significa el alto rendimiento, después de una década construyendo su carrera lejos de casa, la respuesta de Burgos fue directa y sin adornos. «Para mí, ya, la palabra yo creo que es sacrificio, el alto rendimiento es sacrificio», dijo, y cerró con la frase que resume una vida entera jugada al rojo: «no me arrepiento de nada».