Mundial de Fútbol del 62’: una oportunidad para reflexionar sobre los cambios del “Maipú del ayer”

Claudio Jorquera
Claudio Jorquera
Soy maipucino de toda la vida. Profesor de Estado y Magíster en Educación. Docente en varios colegios y universidades. Mi último domicilio laboral fue la Universidad Alberto Hurtado. Agente pastoral durante gran parte de mi vida en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y en la Vicaría de la Zona Oeste. Fotógrafo de afición y columnista de oficio. Actualmente colaboro en un par de medios nacionales, además de este.

Evocar los 60 años del Mundial de Fútbol de 1962 es recordar un evento que pasó a formar parte de la historia de Chile. Todo el país, a pesar del reciente terremoto de 1960 -considerado el más grande del mundo-, vibró con esa fiesta. Muchos todavía recordamos la alineación oficial del equipo de Chile. El Rock del Mundial todavía se canta y se baila. El gol de Eladio Rojas, con el que se aseguró el tercer lugar, está en varios registros de YouTube.  

En nuestra comuna también vivimos con intensidad ese acontecimiento.

Maipú de 1962

En ese tiempo, Maipú era un pueblo pequeño con un fuerte componente rural. Grandes extensiones agrícolas rodeaban el núcleo urbano. El Censo de 1960 registró 24.980 habitantes.

Ese año empezaban los primeros colegios con “Humanidades” (la enseñanza secundaria de esa época), el Liceo Maipú y el Colegio Santa Úrsula. En las escuelas primarias compartían  hijos de  comerciantes, de empleados, de obreros, de funcionarios públicos, de campesinos. Todavía la educación no estaba segregada por niveles socioeconómicos.

Los que continuábamos estudios secundarios lo hacíamos en Santiago. Asistíamos a liceos, institutos comerciales o escuela industriales fiscales. Muy pocos lo hacían en colegios particulares pagados.

Dos televisores: el estadio mundialista de Maipú

La televisión recién empezaba y la mayoría de los maipucinos no teníamos un receptor. Para corregir esto e integrar a la mayor cantidad de vecinos a la fiesta del Mundial, la municipalidad, dirigida por el alcalde José Luis Infante Larraín, compró dos televisores. Estos se instalaron en los extremos de uno de los casinos de la antigua medialuna, hoy Oficina de la Tesorería General de la República, frente a la Plaza Mayor.

Para llegar a ese lugar caminábamos entre los árboles del callejón que conducía a la medialuna. Era la prolongación de la calle Chacabuco, desde Pajaritos al oriente. A la derecha estaba el estadio municipal, donde hoy está la Plaza Mayor. A la izquierda había un gran terreno para jugar eternas “pichangas”. Ahí había estado el antiguo campo deportivo municipal y todavía quedaba pasto gracias a los dos días en que la piscina “soltaba el agua” y lo inundaba. Hasta ahora se puede apreciar los restos de las graderías de este recinto deportivo.

Ese casino y esos televisores fueron nuestro estadio, donde -desde un “tablón virtual”- alentábamos a Chile y pifiábamos a sus rivales. En ese espacio no había lugares especiales ni privilegios. Todos éramos iguales frente a los receptores que transmitían el Mundial. Simbólicamente se vivía lo que era Maipú y Chile.

Desde esa fecha han pasado 60 años, y nuestro país y nuestra comuna han cambiado.

Cambia todo cambia…

Los antiguos maipucinos extrañan -extrañamos- el pasado. Sin embargo, no basta con esa nostalgia y la queja constante de que “el Maipú del ayer era tan bonito, tan limpio, tan tranquilo”. Quedarse solo en esa añoranza -muchas veces con idealizaciones de personas y situaciones- es dejar de lado la mirada histórica. Los cambios, más allá de las percepciones subjetivas, se pueden medir, tienen causas y son originados por decisiones humanas.

Con las luces y sombras del pasado, muchos eventos han incidido en las transformaciones de los últimos 60 años.  Entre estos, los 17 años de dictadura cívico militar donde hubo un gran aumento en la cantidad de habitantes.

Bajo la conducción de alcaldes designados, se cambió el uso de suelo para construir donde antes se cultivaba. Los campos y los espacios patrimoniales, que hoy tanto se evocan, fueron adquiridos por empresas inmobiliarias y construyeron centros comerciales y edificios. Las eufemísticamente llamadas Operaciones Confraternidad, forzaron a vecinos de otras comunas a instalarse en Maipú para “mejorar” barrios del centro y del sector oriente de Santiago.

Maipú hoy

Cuando hoy recorremos la calle que nos conducía a nuestro “estadio del mundial”, en aquel lejano 62, hay menos árboles y más ruido. Los niños no juegan a la pelota. Somos muchos más vecinos. Donde había árboles, hay estacionamientos. Es cierto, existe progreso. Tenemos más automóviles, más supermercados y malls.

El Maipú del Mundial del 62 ha cambiado. Todo es distinto. No sé si era mejor o peor. Solo sé que con sus cosas buenas y malas era más sencillo y solidario; menos calculador y exitista. Más verdadero, más “gratuito”.

Quizás porque todavía no se creaban las condiciones para la especulación financiera, se pudo hacer el Mundial de Fútbol que ahora recordamos.  Tal vez porque hubo autoridades – como el alcalde Infante- que no sacaron cuentas del costo-beneficio, ni buscaron el reconocimiento ni el aplauso fácil, pudimos ver y disfrutar esa fiesta. Es posible.

Era otro Maipú…. era otro Chile.

Contenido Relacionado

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -

Recién publicado