A sus nueve años, se dirigía a observar una clase de natación, pero algo le llamó la atención del local de al lado. Un grupo de personas practicaba karate, y fue ese el momento donde conoció a su mentor, Carlos Castro, ex entrenador de la Selección Chilena. Desde aquel día, no ha descansado en su búsqueda de superarse a sí mismo.

Cuando se enteró que había quedado en el Campeonato Sudamericano de Colombia, quebró en llanto y fue corriendo a abrazar a su padre y a su querido entrenador. «Sentí que todo el esfuerzo de entrenar a las cinco de la mañana valió la pena», confiesa.
Su primera competencia fue el Open de Estrellas en Quilicura, un torneo internacional que le dejó una experiencia enorme para su edad. «Mucha para ser chico», admite.
Sin embargo, sus triunfos vienen de años atrás. Su primera medalla de oro llegó a sus manos teniendo solo 12 años.
«Mi primera medalla de oro fue una que se llamaba Copa San Marcos. Me sentí muy orgulloso conmigo mismo porque fue mi primer oro», explica Carlos.
El primer logro internacional que tuvo fue en Uruguay, donde obtuvo el tercer lugar en el Open Internacional. Carlos entrena desde pequeño en el Dojo Asodeka de Maipú.
Sin apoyo financiero, pero la familia con todo
Detrás de cada viaje, cada torneo y cada medalla hay una cuenta que alguien tiene que pagar. En el caso de Carlos, esa deuda la cubre su familia completa, sin aportes de la federación.

Pasajes, alimentación, estadía y seguros corren por cuenta propia. Su propia madre, Elizabeth, lo tiene claro.
«Es muy complicado porque el deporte es caro y los gastos recaen totalmente en la familia al no haber apoyo federal», explica
Pero Elizabeth no expresa esta realidad con amargura, sino con el orgullo de saber que apoya a su hijo y que todo eso vale la pena.
«Soy su barra principal. Lo veo como un joven alegre que tiene muy claro lo que quiere en la vida», dice sobre su hijo.
Colombia y lo que viene
A pesar de haber competido y entrenado internacionalmente, esas «cosquillas» en el estómago antes de competir no ser han ido, admite que el afrontarlas y aprender a vivir con los nervios es parte de seguir adelante con su pasión
Después de Colombia (que será el 14 al 21 de junio), viene un clasificatorio para el Panamericano en Costa Rica. El horizonte es amplio y Carlos lo tiene trazado: estudiar Ciencias del Deporte o Educación Física para dedicarse al karate de forma profesional.
«El karate es mi vida y mi forma de ser. Es lo que me hace feliz», concluye.
Sin embargo, Carlos junto a su familia ha organizado una rifa a su beneficio para poder costear su próximo viaje a Colombia para competir.

«Estoy dando un paso importante en mi camino deportivo: Representar a mi amado país en una competencia internacional con la selección. Este desafío no solo implica esfuerzo y dedicación, sino también recursos para poder hacerlo realidad. Por eso, cualquier aporte voluntario suma y me acerca un poco más a este sueño. Gracias a todos quienes apoyan, creen y son parte de este hermoso proceso», confiesa en su post de Instagram.









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