Se dice que para encontrar un buen libro se tiene que ir hacia las grandes librerías o irse al centro, también se dice que la gente no tiene tiempo para leer o que ni siquiera se lee mucho. Todo eso lo ha escuchado Andrea Brito, periodista, maipucina de toda la vida y amante de los libros, a los que califica como la mejor invención del hombre.


Incluso, cuando buscaba arrendar un lugar en Maipú para iniciar su librería, le era común oír palabras de desaliento.
«Muchas veces quise arrendar locales y los mismos dueños me decían ‘No, aquí la gente no lee, te va a ir súper mal. No te puedo arrendar porque va a ser un fracaso’», relata Andrea.
Hoy, su librería se levanta en el pasaje Alhué 111, justo al lado del Metro Santiago Bueras en Pajaritos, es una casa que forma parte de un centro de terapias con su propia página de Instagram. Pero antes de llegar a Maipú, partió en plena pandemia, al igual que muchas personas que se vieron sin trabajo, decidió reinventarse y optar por su pasión que nació desde temprano en su vida: la literatura.
«Mi papá (…) siempre traía libros a la casa y yo leí libros que no eran para mi edad (…) yo era una niña muy tímida, como que me daba miedo la gente. Entonces, con el libro sentía que ahí encontraba mi ambiente», explica Andrea sobre su relación con la lectura desde pequeña.
Obras que la mayoría han leído como Pedro Páramo o Moby Dick la marcaron profundamente en su niñez. Su cuerpo y mente abandonaban su habitación y en su lugar se encontraban dentro de las paginas, inmersa en un barco y tripulantes que buscan la legendaria ballena blanca o en un antiguo y polvoriento pueblo lleno de fantasmas y personajes fascinantes.

Además, antes de la pandemia, llegó a trabajar en el a´rea de lenguaje para pruebas estandarizadasy fue allí donde amó aún más el efecto que puede tener la imaginación de los niños en la lectura.
«Estábamos haciendo el Simce de escritura. Yo me fascinaba leyendo las cosas que escribían los niños (…) y empecé a estudiar el tema, empecé a meterme en el tema del libro álbum, los cuentos clásicos y ahí fue un universo nuevo para mí», recuerda Andrea.
Luego, llegó la pandemia en 2020, dejándola sin su trabajo, pero con una nueva idea dada por su hija, «mamá, ¿por qué no pones una librería online?» le dijo. Al principio la idea de vender le era abrumadora, pero optó por empezar una cuenta de Instagram.
Partió online, después en Barrio Italia y ahora, planea traer cultura a los vecinos de Maipú.
Una librería con alma
Entrar al local de Andrea no es como entrar a una cadena de centro comercial. Aquí no hay rankings de «los más vendidos» dictados por el mercado, ni pilas de sagas juveniles de moda apiladas por obligación. Lo que hay es una selección pensada y variada.
«En general, las personas lo que más compran acá en Maipú, es literatura, también autores clásicos como Pedro Lemebel, mucho Gabriela Mistral y la gente también busca poetas«, explica Andrea sobre las categorias y autores que más se venden.
Además, la gran mayoría de libros que ofrece han sido leídos por ella, tanto como para verificar que las traducciones estén correctas y para aprenderse el contenido.
«Lo que ves ahora es un trabajo de 4 años de mucha pega, de mucho conocer libros, de leer mucho porque aquí la idea es recomendar libros, entonces para recomendarlos tengo que conocerlos», comenta.
Tanto ha sido su compromiso con su librería que ha incursionado en géneros que no le fascinan para tener variedad y luego recomendar a los autores y libros.

Para ella, la librería es un espacio de mediación, una palabra técnica para algo que en la práctica demuestra pasión por el oficio. Significa conversar con el cliente sobre los libros qué busca, lograr que se interese por el contenido y que, a través del diálogo se pueda recomendar algo que conecte.
«La librería independiente tiene esa característica que no solamente es un lugar donde tú vas a comprar un libro (…) aquí te damos la conversación, te contamos de que se trata, te vamos formando», explica Andrea.
David contra Goliat
Sostener este sueño no ha sido gratis. Andrea trabaja 24/7, dividiendo su tiempo entre el mostrador y otros trabajos para mantenerse a flote. La competencia es feroz y desigual: plataformas gigantes como Busca Libre ofrecen descuentos por volumen que una pyme de barrio jamás podrá igualar.
«La gran mayoría de personas que tenemos una librería, tenemos que tener otro trabajo para poder sostener este espacio», clarifica Andrea.
El escenario es hostil. Las grandes cadenas, la proliferación de libros piratas de mala calidad y las aplicaciones que dejan el producto en la puerta de la casa han desatado una competencia durísima.
Sin embargo, hay algo que las aplicaciones y las grandes cadenas no pueden replicar. Es esa calidez humana que se puede transmitir a los clientes.
«Me acuerdo de una clienta que teníamos en Barrio Italia (…) ella llegó un día a la librería y me dice ‘quiero retomar, yo no soy tan lectora, pero quiero retomar ‘, me acuerdo de haberle pasado un libro de un autor chileno que se llama Andrés Montero y volvió al tiempo después y me cuenta ‘estoy fascinada con Andrés, he tenido oportunidad de seguirlo, he ido a sus presentaciones, me ha firmado libros que me diste», recuerda Andrea sobre una experiencia con una clienta que la marcó.
Esas experiencias son el corazón de su negocio. Ahí radica la gran diferencia con las grandes cadenas. Esa mediación lectora, ese vínculo invisible que transforma una simple compra en el descubrimiento de un nuevo mundo y de alguien que no suele leer a un ávido lector.
Un lugar de comunidad
Hoy, la casona donde se ubica la librería es mucho más que un punto de venta. Es un centro cultural en potencia. En su patio se respira calma, y a partir de marzo, ese silencio se llenará de voces nuevas, clubes de lectura, talleres de escritura creativa, visitas de autores y mucho más.

Andrea demostró que los prejuicios estaban equivocados. En Maipú sí se lee, y mucho. Se lee a Saramago para entender el presente, se lee filosofía para cuestionar el mundo y se lee poesía para encontrar belleza. Y todo eso ocurre en un rincón de barrio donde una periodista decidió abrir las puertas de su propia casa de papel para que nadie más tuviera que irse lejos para encontrar un buen libro.









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