Aquel miércoles 17 de enero de 2018 fue una jornada maratónica para Jorge Bergoglio. Tras oficiar una misa en Temuco y sostener un almuerzo privado, el Papa Francisco aterrizó en Santiago para enfilar hacia nuestra comuna.
Para los vecinos apostados en las veredas, la imagen fue curiosa: el líder de la Iglesia Católica no llegó en una limusina blindada, sino en un Hyundai Ioniq sencillo. Fue recién en la intersección de 5 de Abril con Monumento —punto neurálgico de nuestro centro cívico— donde se realizó el trasbordo al icónico «Papamóvil», permitiendo que la multitud pudiera verlo en su ingreso hacia el santuario.

La «foto» política del momento
Revisar los archivos de prensa de ese día provoca hoy, en 2026, una inevitable reflexión sobre lo efímero del poder. A los pies del Templo, Francisco fue recibido por la entonces alcaldesa de Maipú Cathy Barriga y su marido, el diputado Joaquín Lavín.

En aquel entonces, figuras centrales del poder local; hoy, nombres que evocan complejos procesos judiciales que marcaron la pauta noticiosa de los años posteriores. Esa imagen de bienvenida ha quedado en el archivo patrimonial como un testimonio de cómo la historia política de Maipú ha girado drásticamente en menos de una década.
1987 vs 2018: El contraste de dos épocas
Quizás el análisis más profundo que nos dejó esa visita fue la comparación inevitable con su predecesor.
- Juan Pablo II (1987): En plena dictadura militar, la Iglesia era vista como un refugio de Derechos Humanos. Karol Wojtyła congregó a cerca de 500.000 personas en un evento abierto a todo público.
- Francisco (2018): El escenario era radicalmente opuesto. La Iglesia chilena atravesaba su peor crisis de credibilidad debido a los casos de abusos. El evento, enfocado exclusivamente en la juventud y con sistema de tickets, reunió entre 40.000 y 50.000 asistentes.
El Templo Votivo fue testigo silencioso de este cambio de era: de la masividad absoluta de los 80 a una convocatoria más acotada, reflejo de una institución golpeada y una sociedad más escéptica.
Francotiradores y Rosarios de Oro

La seguridad fue otro punto que los maipucinos no olvidan. La Gendarmería del Vaticano custodió al Papa de cerca, pero la imagen que impactó a los vecinos fue ver a Carabineros apostados como francotiradores en las alturas del Templo Votivo, una postal distópica en un lugar de oración.
Sin embargo, hubo espacio para la mística. Antes del acto masivo, el Papa Francisco oró en privado ante la Virgen del Carmen. Siguiendo la tradición de los pontífices en santuarios marianos, ofrendó un Rosario de Oro, objeto que hoy forma parte del tesoro del Santuario y sello de su paso por la tierra donde se abrazaron O’Higgins y San Martín.
La «Contraseña» y el rock chileno
El mensaje central estuvo cargado de guiños a la modernidad. Buscando empatizar con los juventud, el Papa Francisco utilizó metáforas tecnológicas:
«El problema es que a veces se nos cae la señal o nos quedamos sin batería», dijo, refiriéndose a la fe.
Les propuso una «contraseña» espiritual, citando a San Alberto Hurtado: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Pero quizás el momento más sorpresivo fue cuando citó a la banda chilena La Ley. Usando la letra de la canción Aquí, advirtió sobre el «ruido» y el aislamiento de la ciudad, llamando a los jóvenes a no ser «patriotas de sofá», sino protagonistas activos de su historia.
A 8 años de ese día, Maipú ha cambiado, sus autoridades han cambiado y la Iglesia ha cambiado. Pero el Templo sigue ahí, guardando en sus muros el eco de esa tarde en que el mundo miró hacia nuestra comuna.































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