Hay un edificio en Maipú que durante décadas fue más que una fábrica. Era un reloj. Los vecinos del sector de Esquina Blanca sabían la hora por el sonido de los turnos: el rugido matinal de las prensas, el silbato del mediodía, el flujo de overoles azules al caer la tarde. La planta de Alberto Llona 777 —hoy propiedad del grupo sueco Electrolux, antes simplemente «la Fensa»— marcó el ritmo de toda una zona, de generaciones enteras de trabajadores y de una manera de entender el trabajo fabril que ya no tiene reemplazo.
El 31 de marzo de 2026, Electrolux Group anunció el cierre definitivo de esa planta. El último día de producción será el 30 de abril. Cuatrocientos trabajadores perderán sus empleos. Un siglo y veintiún años de manufactura nacional llegan a su fin.
De Valparaíso a Maipú: la larga marcha de una empresa
La historia de Fensa no comienza en Maipú. Comienza en el puerto. El 27 de febrero de 1905, en Valparaíso, se constituyó ante el notario Enrique Gana la «Fábrica Nacional de Envases y Enlozados S.A.», una empresa destinada a fabricar recipientes metálicos recubiertos con una capa vítrea que entonces representaba una innovación sanitaria real. Chile vivía la bonanza del salitre; la industria local era un proyecto más que una realidad.
Tres décadas después, el mundo cambió. La crisis de 1929 había golpeado duro a las economías exportadoras de materias primas y Chile buscaba, con urgencia, fabricar lo que antes compraba. En ese contexto, el 29 de febrero de 1940, los accionistas de la empresa tomaron dos decisiones que cambiarían su historia: cambiar el nombre a FENSA y trasladar la sede a Santiago.
Pero fue en Maipú donde la empresa encontró su escala definitiva. En la segunda ola de industrialización de la comuna —que ocurrió en los años 50, cuando el gobierno de turno apostaba por la sustitución de importaciones a través de CORFO— Fensa se instaló en el sector de Esquina Blanca y Camino a Melipilla, en medio de un corredor fabril que también albergaba a Rayón Said, Gasco y docenas de empresas menores. Era, en todos los sentidos, el corazón industrial de la Región Metropolitana.
Desde ese enclave, la empresa comenzó a fabricar lo que ningún chileno había visto producido en Chile: cocinas, refrigeradores, lavadoras. El electrodoméstico dejó de ser un lujo importado para convertirse en un objeto con sello local. La lavadora Fensa, en particular, se instaló en el imaginario de la clase media como símbolo de modernidad doméstica. No era solo un artefacto: era una promesa de progreso.
La otra empresa: Mademsa y la competencia que terminó en fusión
Mientras Fensa consolidaba su dominio en refrigeración y lavado, otra empresa crecía a pocas cuadras: la Manufacturera de Metales S.A., fundada en 1937 por los hermanos Américo y Aurelio Simonetti. Mademsa nació haciendo muebles metálicos y encontró su nicho en las cocinas a parafina —un producto que, en un Chile donde el gas de red era privilegio de pocos, resultó revolucionario para los hogares populares y medios.
Las dos empresas coexistieron durante décadas, compitiendo en el mercado pero compartiendo el mismo territorio. Ambas construyeron villas obreras para sus trabajadores: la Villa Fensa y la Villa Mademsa son hasta hoy parte del paisaje urbano de Maipú, conjuntos habitacionales nacidos de un modelo industrial que entendía que retener mano de obra calificada significaba también proveer vivienda, comunidad y pertenencia.

La política las unió a la fuerza. Durante la Unidad Popular, ambas plantas fueron intervenidas por el Estado como parte del Área de Propiedad Social. Tras el golpe de 1973, volvieron al control privado bajo nuevos dueños. Y cuando la apertura comercial de fines de los 70 hizo insostenible la fragmentación del mercado, la fusión fue inevitable: el 24 de febrero de 1975, por resolución de la Superintendencia de Compañías y Bolsas de Comercio, Mademsa se incorporó a Fensa bajo un nuevo nombre: CTI, Compañía Tecno Industrial S.A.
La CTI heredó lo mejor de ambas marcas. Fensa siguió representando tecnología y aspiración. Mademsa mantuvo su cercanía emocional —el eslogan «se hace querer» no era marketing vacío— con los sectores medios. Un año después, en 1976, el grupo sumó a Somela, una empresa de pequeños electrodomésticos fundada en 1950, completando así el triángulo que dominaría la línea blanca chilena durante décadas.
El modelo de bienestar que construyó barrios
Vale detenerse en las villas obreras, porque son el aspecto de esta historia que más difícilmente se recupera una vez perdido.
A partir de 1953, el Estado chileno impuso un tributo del 5% a las empresas para destinarlo a fondos de vivienda. Fensa y Mademsa no solo cumplieron la norma: la aprovecharon para anclar a sus trabajadores al territorio. En abril de 1957 quedó registrado formalmente el interés de las industrias por certificar terrenos para poblar con sus propios empleados. Así nacieron la Villa Fensa y la Villa Mademsa: bloques de casas a pocos minutos de la planta, donde los vecinos eran también colegas, donde el barrio y la fábrica eran la misma cosa.
Ese modelo, que hoy suena anacrónico, tejió vínculos que sobreviven a la empresa que los generó. Los hijos de quienes trabajaron en Fensa en los años 60 crecieron en esas villas. Algunos después entraron a trabajar en la misma planta. La historia laboral de Maipú tiene apellidos que se repiten en tres generaciones con el mismo empleador.
La llegada de los suecos: US$625 millones por un ícono
A principios del siglo XXI, el mercado global de electrodomésticos vivía una consolidación feroz. Los grandes grupos europeos y norteamericanos buscaban plataformas de producción y distribución en América Latina para compensar mercados saturados en el norte. CTI, con sus marcas entrañables, su red logística y su liderazgo en Chile y Argentina, era un activo codiciado.
El 22 de agosto de 2011, AB Electrolux anunció un acuerdo con el grupo Sigdo Koppers para comprar el control de CTI S.A. y Somela S.A. La operación se materializó a través de una Oferta Pública de Adquisición por el 100% de las acciones. El precio: aproximadamente US$625 millones. La sueca se quedó con el 97,79% de las acciones, con las marcas Fensa, Mademsa y Somela en Chile, con la marca Gafa en Argentina —donde CTI operaba a través de su subsidiaria Frimetal— y con dos plantas en Maipú y una en Rosario. En ese momento, trabajaban en el grupo cerca de 1.200 personas.
La integración al mundo Electrolux trajo estándares globales, programas de sustentabilidad y certificaciones internacionales: la planta de Maipú obtuvo la categoría «Zero Waste to Landfill» de la firma Intertek, lo que significaba que prácticamente la totalidad de sus residuos industriales se desviaba de los vertederos. Era una planta moderna, premiada, integrada al barrio mediante actividades con colegios técnicos como el Don Orione.
Pero el modelo tenía una grieta que el tiempo no haría más que ensanchar.
La desindustrialización que nadie quiso nombrar
En enero de 2019, Electrolux anunció el cierre de su línea de producción de refrigeradores en Maipú. El orgullo histórico de Fensa —el electrodoméstico que había convertido a la empresa en referente— ya no se fabricaría más en Chile. La producción se trasladó a plantas del grupo en otras regiones del mundo, más eficientes por escala.
Fue la primera señal clara de lo que vendría. La apertura comercial chilena, consolidada por décadas de tratados de libre comercio, hacía cada vez más difícil justificar el costo fijo de una planta manufacturera nacional frente a la facilidad de importar desde China o Tailandia. En enero de 2026, el 72,8% de los embarques que Electrolux internaba en Chile ya provenían de China. El 30% restante de producción local era un residuo histórico, no una ventaja competitiva.
El anuncio del 31 de marzo de 2026 no sorprendió a quienes seguían la industria. Pero golpeó igual.
«Las condiciones del mercado son sumamente competitivas», dijo Electrolux en el comunicado que compartió con medios de comunicación. El modelo de abastecimiento pasará de un 70% de productos importados a un 100%. La planta de Alberto Llona 777 cesará funciones el 30 de abril. El cierre implicó un cargo de reestructuración de aproximadamente SEK 0,5 mil millones —unos $45 mil millones de pesos chilenos— en los estados financieros del primer trimestre del año, entre indemnizaciones y depreciación de activos.
Para los 400 trabajadores afectados, la empresa anunció un plan de apoyo con «condiciones mejoradas de salida», programas de reconversión laboral, asesoría para emprendimientos y apoyo psicológico. Lo que no puede ofrecer es lo que se va: el turno, el overol, el oficio aprendido en esa planta específica.
Las marcas sobreviven. La fábrica, no.
Electrolux ha sido enfático en que las marcas Fensa, Mademsa y Somela seguirán en el mercado chileno. El centro de distribución en Camino a Melipilla 11450 continuará operando como nodo logístico. Los servicios técnicos y garantías se mantendrán.
Lo que cambia es el origen. Las etiquetas seguirán diciendo Fensa o Mademsa, pero los productos llegarán desde China, Brasil o Europa. El «Hecho en Chile» que por décadas fue parte del valor de la marca dejará de existir.
Es un fenómeno que los economistas llaman «marquización»: el valor ya no está en la manufactura, sino en el prestigio acumulado durante décadas de producción local. Electrolux apuesta a que ese prestigio sobreviva al cierre. Es posible que tenga razón. Pero también es posible que, sin la planta, sin el turno de las cinco de la tarde, sin el ruido de las prensas, algo intangible pero real se pierda para siempre.
La Villa Fensa seguirá en pie. Las calles de Maipú seguirán llamándose como siempre. Pero el edificio de Alberto Llona 777 dejará de latir el 30 de abril, y con él se irá el último gran capítulo de una industria que durante 121 años fabricó no solo electrodomésticos, sino también la identidad de una comuna.
Fotos del Artículo: Antonio Quintana. [Santiago] : Antonio Quintana , [Entre 1960 y 1970] 19 negativos : monocromos, gelatina sobre acetato de celulosa ; 12 x 9 cm. .
¿Qué dice el historiador?
Óscar Riquelme Gálvez
Doctor en Historia & Maipucino







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