Sebastián Briceño Villalobos nació en Santiago en 1986, pero es en Maipú donde ha echado raíces para siempre. Vecino de la comuna desde hace 39 años, el arraigo que siente por este territorio es tan profundo que la eligió como su residencia definitiva.
A ese vínculo se suman las huellas de otras ciudades que marcaron su formación: Valparaíso e Isla Negra, dos paisajes que respiró de cerca y que dejaron una huella visible en su escritura. Poeta, editor y fotógrafo, Briceño dirige el sello editorial El Húsar de la Muerte y ha publicado títulos como «Antipoemas de amor y odio», «Las prosas suicidas» y «Cero a Cero, Historias de Fútbol», además de integrar diversas antologías.
Su oficio lo ha llevado a recorrer numerosos países en una búsqueda permanente de experiencias que alimenten su trabajo, al que en los últimos años ha sumado la fotografía como otro modo de mirar y registrar el mundo.

– ¿De qué manera la geografía y la historia de Maipú con sus barrios, sus hitos y su ritmo de vida, están moldeando la estética de la nueva poesía local? ¿Existe hoy una voz propia que podamos llamar «maipucina»?
– Creo que la distancia en relación con la capital genera una dinámica muy interesante de abandonar la aldea cada día, para estudiar o trabajar. Parecido a la propuesta que plantea la poesía lárica de los años 60, donde el principal exponente es Jorge Teillier, quien constantemente tiene un regreso permanente a nivel emocional y sentimental a su pueblo de origen.
Para quienes hemos vivido en Maipú toda la vida, hablamos de ir a Santiago, casi como si fuéramos de otra región. Entonces ese tiempo y distancia genera una conversación interesante con uno mismo, donde hay tiempo de reflexionar en cómo van cambiando los barrios, donde aparecen campamentos, gente en situación de calle, tacos, hacinamiento en el transporte público, etc. Los problemas en general que vive el común de la gente. Eso hace entonces que el maipucino tenga una conciencia de lo que ocurre alrededor y vive muy conectado con la realidad. Eso lo he leído en varios autores, me parece una estética muy propia de esa distancia geográfica que producen estos desplazamientos diarios».
Innegablemente el sentido histórico de la comuna, por lo menos para mí, tiene una enorme relevancia, la historia de Chile tiene varios capítulos en esta comuna, como dice nuestro escudo “Cuna de la Patria”.
Finalmente, el paso del tiempo nos hace evocar ese pasado más rural de la comuna, con recuerdos de lugares, campo, casonas antiguas que fueron reemplazados por edificios de 30 pisos. Esa depredación demográfica va matando la vida de barrio, el conocer al vecino o simplemente los juegos en la calle.
– ¿Qué opinas del panorama actual de la poesía maipucina y cuál crees que será el impacto en la disminución del presupuesto nacional en cultura?
– Hay muchos jóvenes que están apareciendo y otros que no han aparecido aún, pero están.
Las voces jóvenes son las que tienen que seguir la tradición literaria, de las maneras en que se puede difundir su trabajo, utilizar las redes sociales que es donde están los jóvenes hoy en día, pero sin perder de vista el mundo real.
Tengo mucha admiración por el trabajo que realiza Cesar Rey Marchant, con sus talleres de poesía y educación ambiental, también con el trabajo de Alexis Baros López que es un poeta joven muy prolijo y con gran retórica. Valentina Bordones que estuvo en un taller que realizamos en la biblioteca municipal, ella fue un gran descubrimiento, con un tremendo talento. Rodrigo Varas y Alejandra Herrera también son escritores muy interesantes.
– Por otro lado, la disminución estándar de 3 % de recursos en todos los ministerios sin saber el impacto que eso trae en los programas vinculados a cultura, tendrá un efecto en la población que utiliza justamente las actividades culturales propuestas por el Estado como un medio de salida para los flagelos sociales que afectan a las diferentes comunas. Lo que se vislumbra es la falta de recursos para la mantención de patrimonios y museos, eliminación de programas culturales y fondos concursables.
Existe un pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales que justamente garantizan y obligan a los estados a hacer cumplir el acceso a la cultura, maximizando los recursos para este fin. Incluso UNESCO propone fortalecer los accesos a políticas culturales que generen un desarrollo a nivel de las comunidades. Veremos hasta qué nivel estas nuevas políticas impactan en la vida de la gente… Ya sabemos que algunas medidas están afectando a la población de manera negativa.
– ¿Cuál es la urgencia de escribir y leer poesía hoy en Maipú? ¿Es un acto de resistencia, de sanación o de denuncia?
Rebeldía o Poesía podría ser un buen eslogan. Para mí es una combinación de todas: resistencia contra el paso del tiempo, las tecnologías y el uso de las IA, sanación interior para volcar todo el fuego que a veces llevamos por dentro y no lo podemos expresar más que con palabras escritas y lógicamente de denuncia frente a los vicios del mundo moderno. El arte sin contenido político será sólo un adorno. Todas las medidas políticas trasuntan en el modo de vida de las personas y esa forma de vida finalmente queda plasmado en cualquier expresión artística. Tomar un libro hoy en día, por sobre un celular, ya es un acto de rebeldía.
¿Cuáles son los espacios de la comuna que están siendo rescatados por los amantes de las letras para evitar que la poesía se vuelva invisible?
Hay lugares que rescato dentro de la comuna. Uno es el Coffee Culture en la esquina de Ordóñez con Manuel Rodríguez, donde tienen libros a tu disposición, un espacio seguro para conversaciones y una bohemia que se extingue. Constantemente veo actividades culturales en esa cafetería. El Café Cahve es otro lugar muy grato que invita a la conversación, finalmente en estos espacios el compartir ideas, puntos de vista y opiniones enriquecen cualquier trabajo artístico que se desarrolle.
La biblioteca comunal es otro espacio digno de mi admiración, por todo el trabajo realizado en estos últimos años, con el apoyo del actual alcalde que ha dado un realce importante a la gestión cultural de la comuna, no sólo en el aspecto literario, sino que eventos musicales en nuestra plaza principal, sinfónicas, cine gratuito, talleres de danza, folclore, teatro, incluso el soporte permanente a la escuela de artes ESAM. La cultura es mucho más amplia cuando se ve como un todo y como al final las ramas de arte tienen una correlación.
– ¿Qué proyectos te encuentras desarrollando actualmente para mantener viva la poesía y nuestro patrimonio?
– Actualmente trabajo en dos libros en paralelo, uno que es una recopilación de poemas sobre el universo y las leyes físicas imperantes en él. Por otro lado, trabajo en un libro de fotografías. Hace años que mantengo un espacio en Instagram donde subo fotografías de especies chilenas de avifauna (@vidasalvajechile), asociado también a un trabajo como ornitólogo que desarrollo de manera autodidacta. Varios de esos registros han sido obtenidos en el sector de Rinconada de Maipú, Cuesta Barriga y el reciente Santuario de la naturaleza Quebrada de la Plata.
Sobre todo, considero que hoy las luchas por los ecosistemas es lo que debería movilizar a la población, no solamente con el objetivo de preservar una determinada especie, sino como una nueva cosmovisión, una forma de vida para evitar el colapso final. Los recursos naturales deben dejar de ser tratados como recursos infinitos, la finitud de los recursos y la relación del individuo con la naturaleza y la relación de los hombres entre sí debiese ser el camino. El cambio de mentalidad que debe tener la humanidad es un paso no sólo para la preservación, sino que ya hoy en día como sobrevivencia.
Veo con mucha preocupación las medidas del actual gobierno que están en el camino contrario. Es lamentable ver que se retiran medidas de protección de parques nacionales y áreas marinas protegidas, planes de descontaminación, la suspensión de instrumento de apoyo a favor de la ley de cambio climático, incluso insistir en un proyecto espurio como la construcción de la minera Dominga es un retroceso sin duda.
Sebastián Briceño es un poeta que no puede entenderse sin su territorio. Maipú no es solo su lugar de residencia, sino la materia prima de una obra construida en el desplazamiento, la memoria y la observación crítica de una comuna en constante transformación. Su mirada, que va de la poesía a la fotografía y la ornitología, responde a una misma urgencia: registrar y resistir antes de que el tiempo, la indiferencia institucional o el deterioro medioambiental terminen por borrar lo que aún queda.
