El timing no pudo ser peor. En la semana en que el Senado debe votar la megarreforma del gobierno de José Antonio Kast y la Cámara se apresta a resolver la acusación constitucional contra el exministro Nicolás Grau, el diputado Agustín Romero —representante del distrito 8, que incluye a Maipú— convirtió el comité político de La Moneda de este lunes en una olla a presión.
Apenas el ministro Claudio Alvarado terminó su introducción ante los representantes de los partidos del oficialismo y las jefaturas de bancada, la presidenta de RN, senadora Andrea Balladares, tomó la palabra para fijar posición. «Exigimos respeto por las distintas posturas. Hay algunos que no están respetando eso», advirtió, según consignó La Tercera.
La alusión era directa: Romero había declarado esa misma mañana en Radio Infinita que Diego Schalper, jefe de bancada de RN, «tendrá que explicarle a su electorado» por anticipar que él y otros parlamentarios votarán en contra del libelo que el Partido Republicano impulsó contra Grau.
Un frente que se abre por varios flancos
Romero no estuvo solo en la ofensiva. El diputado Luis Fernando Sánchez advirtió que «quien vote contra se hará cómplice de normalizar la mediocridad extrema», mientras el también diputado y vicepresidente republicano José Carlos Meza exigió «responsabilidad y no impunidad» al momento de la votación.
Pero las palabras que más escozor generaron fueron las del propio Romero sobre Evelyn Matthei. En la misma entrevista radial, el diputado maipucino volvió a rebajar a la excandidata presidencial de Chile Vamos —a quien la semana pasada le había recordado, de forma burlesca, que quedó quinta en la elección— con una frase lapidaria: «Para nosotros no es una figura relevante».
El presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, lo planteó sin rodeos ante el comité: los dichos eran «impresentables e inaceptables» y esperan disculpas. Mientras la reunión seguía su curso, la bancada de diputados de su partido emitió un comunicado que no dejó margen a la interpretación: «Exigimos una disculpa pública, clara y sin ambigüedades del diputado Romero o del Partido Republicano. De no mediar dicha rectificación, entenderemos que estas declaraciones constituyen una postura oficial, ante lo cual advertimos que las relaciones políticas entre ambos partidos se verán sensiblemente afectadas».
El diputado Eduardo Crettón (UDI) fue más gráfico: «El diputado Romero tiene que bajar los decibeles y recordar que el Partido Republicano no tiene mayoría en la cámara. No sea agrandado».
La «derechita cobarde» vuelve al debate
La tensión no nació este lunes. Como informó La Voz de Maipú en enero, Romero ya venía tensando la relación con Chile Vamos desde la aprobación de la reforma de pensiones, cuando cuestionó que lo aprobado «no fue una reforma previsional, sino un acuerdo político».
A fines de mayo, el mismo diputado volvió a amenazar a Chile Vamos con el juicio de su electorado si no apoyaba la acusación constitucional. En esa ocasión, la UDI respondió con un comunicado que zanjaba: «se acabaron los tiempos de la derechita cobarde», en referencia al término que los republicanos usaban en campaña para fustigar a sus socios. A mediados de junio, la diputada Stephanie Jéldez (Republicanos) reactivó la expresión en Radio Agricultura: «Hay una romantización de la moderación que ya pasó de moda. Lamentablemente, este tipo de derecha, derechita cobarde…».
Jéldez, curiosamente, también asistió al comité político de este lunes. Schalper no desaprovechó la oportunidad: mientras se debatía la crisis de los niños haitianos, el jefe de bancada de RN lanzó un llamado a «evitar las exageraciones, ya que la moderación no pasa de moda». El recado era demasiado obvio para ignorarlo.
Squella pide contar hasta cien; Ramírez dice «gracias»
Tras el punto de prensa posterior al comité, el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, intentó apagar el incendio con un llamado a «cuidar cada palabra» y a «contar hasta diez, hasta cien si es necesario cada vez que lo que vayan a decir pueda afectar la buena relación entre los partidos». Además, anunció que hablaría con Romero en las próximas horas.
Ramírez escuchó y respondió con una frase que vale doble: «Agradezco las palabras del senador. Son elocuentes. Nuestro problema nunca ha sido con la directiva del Partido Republicano. Tengo la confianza de que este tipo de cosas no se van a volver a repetir».
Schalper, por su parte, apostó a la templanza: «Siempre hay espacio para discutir cuando uno forma parte de un gobierno de unidad. Ha quedado claro que para construir ese gobierno necesitamos respetar las distintas miradas que han configurado ese 58%».
El diputado por Maipú, en tanto, no dio señales de retroceder. En una semana donde el oficialismo necesita votos contados y disciplina de bloque, Romero sigue siendo la chispa más impredecible del tablero.
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