/ Barbara Espinoza

Marcelo Mena habla sobre la gravedad de la fuga de gas metano detectada en Maipú: «Representó un riesgo real de explosión»

Tras la reciente detección satelital de una fuga de gas metano en Maipú, clasificada como un evento “superemisor” y percibida como potencialmente riesgosa por su carácter explosivo en altas concentraciones, La Voz de Maipú conversó con Marcelo Mena para aclarar riesgos y alcances.
15 de octubre de 2025
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En los últimos días, la comuna de Maipú ha sido escenario de un incidente ambiental que ha generado preocupación entre vecinos y autoridades: una fuga de gas metano de dos toneladas por hora detectada en el sector industrial -específicamente entre las calles Santa Marta y El Toquipor el satélite Tanager-1 de Carbon Mapper, una organización sin fines de lucro dedicada a detectar, mapear y cuantificar emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente metano (CH₄) y dióxido de carbono (CO₂), en todo el mundo.

Este tipo de emisiones, catalogadas como superemisores, no solo representan un riesgo ambiental por su contribución al cambio climático, sino también un peligro potencial para la salud y seguridad de la población, debido a la inflamabilidad del gas (riesgo de explosión).

Para comprender la magnitud de lo ocurrido y las implicancias que este tipo de eventos tiene para la fiscalización ambiental en Chile, conversamos con Marcelo Mena, exministro del Medio Ambiente en el segundo gobierno de Bachelet y actual CEO del Global Methane Hub -iniciativa internacional enfocada en reducir emisiones de metano con impacto climático y sanitario de corto plazo-, quien tras la alerta presentó una denuncia formal ante la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) por un posible incumplimiento de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) y de las normas del plan de descontaminación de la Región Metropolitana.

P: Usted ha sido enfático en señalar que esto es riesgoso para la salud de los vecinos, aunque el sector sea industrial, ¿cuál es la naturaleza específica del riesgo para la salud que enfrenta la población cercana? ¿Hablamos de riesgos agudos (explosiones) o crónicos (exposición a contaminantes)?

MM: El riesgo más agudo para la salud tiene que ver con la posibilidad de que se generen condiciones explosivas, ya que el metano, cuando supera concentraciones del 3 al 5% en el aire, puede efectivamente provocar una explosión. Recordemos que este gas fue precisamente el responsable de muchos accidentes en las minas de carbón, donde se le conocía como gas grisú. Por lo tanto, una alta concentración de metano en un corto período —como en una fuga masiva— representa un riesgo real de explosión.

Nosotros hicimos la denuncia correspondiente, pero además es importante señalar que el satélite que detectó este evento tiene la obligación de informar públicamente cuando identifica situaciones de riesgo. Lo que ocurre normalmente es que esa información se publica con un mes de desfase, pero cuando se trata de un evento peligroso, el equipo del satélite contacta directamente a las autoridades competentes.

En este caso, como esta red de monitoreo aún se está consolidando, y dado que nuestra organización forma parte del grupo que financia el satélite, se comunicaron con nosotros por la relación de trabajo que hemos tenido como referentes en el uso de este tipo de información a nivel global. Así, aprovechamos nuestra coordinación con las autoridades chilenas para informarles de inmediato sobre lo ocurrido.

Esto fue importante porque pudimos investigar y verificar lo que estaba pasando. En condiciones normales, una detección de metano puede provenir de un pozo petrolero o gasífero, donde es habitual que se libere gas asociado al petróleo. Sin embargo, en este caso identificamos que la emisión provenía del patio de carga de camiones que transportan gas natural.

P: Además de la peligrosidad inmediata por explosión, ¿hay otros riesgos para la salud que deberíamos considerar a nivel de exposición en el corto o largo plazo?

El metano en sí no es tóxico en las concentraciones típicas que se detectan al aire libre, pero el problema es que se coemite con otras sustancias nocivas para la salud. En el caso de los rellenos sanitarios, por ejemplo, el metano se libera junto con compuestos de mal olor, lo que permite usarlo como trazador para identificar las fuentes de esos olores. De hecho, hemos trabajado con distintos gobiernos y centros de estudio —incluido Chile— para elaborar mapas de metano que ayuden a localizar fugas y mitigar esos impactos.

En el caso de las instalaciones de petróleo y gas, el metano suele liberarse junto con compuestos aromáticos volátiles como benceno, tolueno, etilbenceno y xileno (BTEX), que son cancerígenos. Por eso también estamos colaborando con la Universidad de Berkeley en estudios sobre contaminación por benceno, utilizando esta información satelital como trazador. Lo relevante es que este satélite permite visualizar lo que antes era invisible: muestra dónde se libera el metano y, a través de ello, podemos identificar también otras emisiones peligrosas para la salud, como el benceno.

P: En términos de magnitud, ¿cómo se compara esta fuga de dos toneladas/hora de Maipú con otros eventos a nivel global?

MM: Una fuga de dos toneladas por hora se considera un evento “superemisor”, es decir, una emisión extraordinariamente grande. Generalmente, los superemisores son fuentes permanentes, como los grandes pozos petroleros. Por ejemplo, algunos pozos en Venezuela pueden liberar hasta seis toneladas de metano por hora de manera continua. En este caso estamos hablando de dos toneladas por hora, lo que sigue siendo muchísimo.

Si extrapolamos esa cantidad a un año, sería equivalente a las emisiones de una pequeña termoeléctrica a carbón, solo para dimensionarlo. Esto porque el metano es 86 veces más potente que el dióxido de carbono (CO₂) como gas de efecto invernadero. Por lo tanto, al hacer la conversión, esta fuga representa unas 160 toneladas de CO₂ equivalente liberadas en un solo momento, lo que sería comparable a quemar varios miles de litros de bencina.

P: ¿Cómo se usa la plataforma donde hoy cualquier vecino o vecina puede ver efectivamente que quedó registrada esta «mancha»?

Respecto al monitoreo, cuando uno entra a la plataforma satelital, efectivamente se puede ver la “mancha” que marca la detección en Maipú. Lo interesante es que esta herramienta es mucho más simple que las que existían antes: en el pasado, estos cálculos solo podían hacerlos expertos en procesamiento de datos satelitales, pero hoy cualquier persona puede revisarlos directamente.

Al hacer clic sobre la mancha, aparecen datos como la latitud y longitud del punto detectado, y además se puede abrir un enlace directo a Google Maps para ver el lugar exacto. En este caso, gracias a esa función pudimos comprobar que correspondería al patio de transporte de la empresa Santa María, lo que permitió presentar la denuncia.

La plataforma también muestra información sobre la frecuencia de las mediciones, es decir, cuántas veces el satélite ha registrado emisiones en ese punto. Esto se denomina la “tasa de persistencia”. En este caso, no se trata de una fuente permanente, pero sí quedó registrada en el mapa de sitios priorizados del satélite, lo que significa que cualquier nueva emisión en ese lugar será detectada de inmediato.

P: Con respecto a la denuncia, ¿cuál es el rango de eventuales sanciones que podría enfrentar esta empresa tras la fiscalización de la SMA?

MM: La Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) debe revisar primero la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) del proyecto, analizar sus fundamentaciones y, si corresponde, levantar cargos y establecer un plan de cumplimiento.

Lo importante es que la SMA cuenta con un régimen de sanciones propio, que puede llegar incluso a multas de millones de dólares, muy por encima de lo que permite un sumario sanitario. Este último —que depende del Ministerio de Salud— históricamente se usa para infracciones menores, como problemas de manipulación de alimentos o incumplimiento de medidas sanitarias, por lo que no tiene el mismo alcance ni la misma fuerza sancionatoria.

En cambio, bajo la Ley de Medio Ambiente, la Superintendencia tiene facultades mucho más amplias, incluyendo la posibilidad de revocar permisos ambientales en casos graves de incumplimiento. De hecho, eso ya ha ocurrido en el pasado, como en el caso del proyecto Pascua Lama.

Por supuesto, el proceso de la SMA suele demorarse más, porque debe actuar con un rigor técnico y jurídico alto, ya que sus informes y cargos deben ser presentados ante el Tribunal Ambiental. Pero, en términos concretos, las sanciones pueden ir desde multas económicas significativas hasta la revocación total de la RCA.

P: Entonces, podemos esperar que el proceso tome bastante tiempo...

Exactamente, esto tomará tiempo. Además, las RCA suelen ser bastante amplias, por lo que puede que no exista un incumplimiento formal en los términos estrictos de la resolución.

Sin embargo, por lo que observamos, probablemente aquí hubo una mala práctica operativa: o bien se vació un camión, o quedó una válvula abierta. Ese tipo de situaciones no solo tienen implicancias ambientales, sino también sanitarias, porque ponen en riesgo a las personas que viven o trabajan en las cercanías como ya lo hemos conversado.

P: Claramente, la detección satelital fue clave. ¿Qué sugerencias hacen ustedes, desde el Global Methane Hub, para que Chile institucionalice y aproveche estas tecnologías de transparencia en la fiscalización ambiental?

MM: Nosotros estamos comenzando a conversar con el Ministerio del Medio Ambiente sobre la posibilidad de firmar un convenio de colaboración que nos permita utilizar este tipo de información satelital de manera más frecuente e incorporarla en nuevas regulaciones.

Por ejemplo, si las fugas de metano se prohiben, este sistema podría servir como medio de prueba válido al momento de detectarlas, complementando —o incluso reemplazando en ciertos casos— otras tecnologías de monitoreo que son igualmente válidas, pero más complejas o costosas.

Lo importante aquí es abrirse al uso de estas nuevas tecnologías. Nosotros ya estamos trabajando con el gobierno de Kazajistán en un proyecto similar, justamente para aprovechar este tipo de herramientas en la fiscalización ambiental. Y creemos que países emergentes como Chile, al tener menos inercia regulatoria, pueden ser más innovadores. De hecho, lo hemos demostrado en temas como los impuestos verdes y otras políticas que han ido más allá de lo que hacen algunos países desarrollados.

En ese sentido, Chile podría transformarse en un líder en el uso de estas tecnologías aplicadas al monitoreo ambiental, y de hecho ya estamos avanzando en esa línea con el seguimiento de emisiones en rellenos sanitarios, incluyendo los que existen en Maipú.

El llamado, en el fondo, es a aprovechar estas herramientas en lugar de rechazarlas, como a veces ha ocurrido. Llevo muchos años trabajando en este ámbito, y he visto cómo suele “atacarse al mensajero” en lugar de al mensaje: se desconfía de las tecnologías nuevas simplemente porque no se han usado antes. Pero la realidad es que estas herramientas ya existen, funcionan, y pueden marcar una diferencia real en la forma en que enfrentamos los desafíos ambientales.

P: ¿Puede comentarnos un poco más sobre cómo surge este proyecto de satélite? ¿cuál es su historia?

MM: Este satélite fue desarrollado originalmente por la NASA, y su ingeniero jefe posteriormente formó una alianza público-privada para continuar con el proyecto. En 2018, durante una cumbre, el entonces gobernador de California, Jerry Brown, declaró que si el gobierno federal no quería impulsar un satélite para monitorear las emisiones, el Estado lo haría por su cuenta. Así nació, en cierta forma, el “satélite de California”, que hoy se utiliza para fines regulatorios, fiscalización y monitoreo de rellenos sanitarios.

Además, existe una oportunidad de colaboración con el gobierno de California para aplicar esta tecnología en Chile. El próximo año se lanzarán dos satélites adicionales y a comienzos de 2027 otro más. Esto permitirá medir cada punto del planeta no solo una vez por semana, sino probablemente una vez al día.

P: Esta herramienta de información es pública, lo que genera transparencia. ¿Cómo puede ser utilizada por la comunidad de Maipú?

MM: Nuestra idea es desarrollar distintas plataformas abiertas para el uso de la comunidad. Ya creamos un mapa de riesgo del metano en la industria del petróleo y el gas de Estados Unidos, y planeamos expandirlo a otros países. Además, financiamos a organizaciones no gubernamentales para que puedan medir las emisiones de metano in situ utilizando cámaras termográficas.

Próximamente lanzaremos un video junto al equipo de 31 Minutos, que cuenta esta historia a través del personaje de un canario que se dedica a “cazar la contaminación”. Es una forma creativa y educativa de mostrar cómo las comunidades pueden involucrarse en la protección del medioambiente.

En el fondo, lo que buscamos es empoderar a las comunidades. Cuando los gobiernos nacionales cambian sus prioridades y dejan de enfocarse en estos temas, la acción ciudadana se vuelve clave para mantener la atención sobre ellos. El petróleo y el gas afectan directamente la salud de las personas, por lo que reducir las emisiones de metano no solo es una acción contra el cambio climático, sino también una medida para mejorar la calidad de vida.

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SOBRE EL AUTOR

Barbara Espinoza

Editora en La Voz de Maipú

Directora y Editora en La Voz de Maipú . Periodista UC. Fiel creyente del derecho a la información y el rol social y fiscalizador del periodismo.

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