Un maipucino que ha estado brillando en las últimas temporadas en el balonmano europeo y en el reciente clasificatorio mundial de Paraguay es Aaron Codina. Oriundo de la Villa Los Héroes, forma parte del club Junior Fasano de Italia y se ha transformado en uno de los grandes nombres dentro de la Selección Chilena que busca el pasaje a su noveno mundial consecutivo.
Tras grandes triunfos de la escuadra nacional frente a Uruguay y Perú, por 40-22 y 40-12 respectivamente, el equipo chileno cayó recientemente en su tercer juego contra Brasil por 34 a 21, teniendo que jugarse el pasaje al mundial en los dos siguiente partidos, donde el maipucino será clave para conseguir el objetivo.
Como suele suceder en el deporte, el lugar de origen tiene una gran importancia para el atleta y para explicar su éxito. No se puede contar la historia de Alexis Sánchez sin Tocopilla, la de Martín Vargas omitiendo Osorno o de Nicolás Massú sin hablar de Viña del Mar, y en este caso sucede igual.
A esa lista se puede agregar Aaron Codina, quien antes de triunfar en Europa vivió gran parte de su infancia y adolescencia en barrios maipucinos, formando su carácter y habilidades deportivas que hoy lo tienen triunfando en el viejo continente.
La plaza de Antártica Chilena con Alfredo Silva Carvallo
Se podría decir que surgió del Liceo Nacional de Maipú, pero el deporte siempre estuvo ligado a su personalidad. Antes de enfocarse en el handball, practicó natación, béisbol y otras disciplinas. En séptimo básico llegó al establecimiento ubicado en Avenida Portales.
“El handball lo había escuchado a muy grandes rasgos antes de conocerlo. Cuando entré al Liceo supe realmente lo que era”, cuenta Aaron Codina.
En toda la esquina de la intersección entre la Avenida Alfredo Silva Carvallo y Antártica Chilena, Villa Los Héroes, hay una plaza de varios metros que vio crecer a Aaron Codina.
“Ahí tenía un grupo de amigos de nuestra misma edad y siempre inventábamos un montón de juegos. Ahí también jugábamos béisbol, tenis, a la pelota, a la escondida, al pillarse, a escalar, a guerras de ciruelas, un montón de cosas”, narra.
Con solo 12 años llega al Liceo Nacional, institución que ofrecía, entre otras opciones, inscribirse en el taller de balonmano. El maipucino reconoce haber tenido problemas de coordinación y para lograr cumplir con el estricto reglamento que esta disciplina tiene.
“Estábamos en la escuela de verano que se hace en el Liceo, que es la nivelación, y éramos un montón de chicos que estábamos en el patio, y hay tres canchas en el Liceo. Había una cancha que estaba sólo reservada para el handball. Entonces, era o jugar a la pelota con todos, como en el recreo, o capaz meterme ahí, que había un poquito más de espacio para poder hacer cosas, porque en la otra había tres pelotas en cada cancha. Me metí ahí, conocí el deporte y me gustó”, explica Aaron Codina.

Una realidad distinta en el Liceo Nacional de Maipú
Aquel estudiante que no podía evitar el “doble” encontró en el deporte una válvula de escape para su personalidad y comportamiento, las que él destaca que eran “hiperactivas”.
“Yo había hecho otros deportes, pero nunca había durado tanto en un taller. La verdad, viéndolo en retrospectiva, me di cuenta que era muy hiperactivo. Era un poco desordenado, igual. A mis papás se les complicaba, pero no se decía como: -Ya, es hiperactivo, hay que meterlo al deporte como para que gaste su energía-. Llegué como por suerte. Y mucha suerte porque me ha dado muchas cosas. Pero sí, ahí pude enfocar toda mi energía y hasta ahora, en verdad, sigo siendo super activo”, comenta.
El doble bote, ocurre cuando un jugador bota el balón, lo detiene con ambas manos y luego vuelve a botarlo, o cuando lanza el balón a propósito para atraparlo de nuevo, lo que resulta en pérdida de posesión para el equipo contrario. Un jugador puede dar hasta tres pasos, luego botar, y dar otros tres pasos, pero no puede iniciar un segundo bote después de haberlo detenido.
Comenzó en el balonmano siendo lateral derecho, aún cuando su mano hábil es la izquierda, lo que le trajo grandes beneficios para su juego en el futuro, ya que hasta el día de hoy es uno de los pocos profesionales que puede lanzar a la portería con ambas manos.

Tras el entrenamiento en el Gimnasio Fernando González, las clases en el Liceo Nacional comenzaron y el ambidiestro jugador comenzó a vivir una realidad de la disciplina en su colegio que no es a la que todos nos habituamos en la actualidad. Y es que Aaron Codina vivió una realidad muy distinta a la que hoy en día goza el establecimiento maipucino.
“Nosotros igual intentamos llegar más alto y no pudimos. Yo tengo un montón de segundos lugares, un montón de partidos que nos golearon. Ahora, en cambio, los chicos compiten sí o sí para el podio o para el primer lugar. Es súper destacable. Me alegro un montón por ellos, me alegro un montón de que haya crecido el handball en el liceo. Y esa misma vara alta se está contagiando también a Maipú”, señala.
Éxito internacional y el balonmano del más alto nivel
Desde los catorce años siempre fue considerado dentro de las nóminas de la Selección Chilena, mientras que sus primeros torneos fueron en el Royal American School y en colegios de la zona oriente de la capital, etapa donde aprendió a “andar en Metro”.
A los 17 años se fue a Brasil, época donde el maipucino “cambió el chip” para dedicarse al deporte en el máximo nivel. Desde entonces, ha participado de dos Juegos Odesur, cuatro clasificatorias mundialistas, unos Juegos Panamericanos, dos Juegos Bolivarianos, además de mundiales. Junto con esto, paseó su gran juego y capacidad goleadora en Esporte Clube Pinheiros de Brasil, en el Fenix Toulouse de Francia y actualmente en el Junior Fasano de Italia.

Con una visión crítica y muy exigente sobre la actualidad de la disciplina a nivel selección y de liga en el país, Aaron Codina señala lo importante que ha sido la “generación dorada” para el crecimiento del rendimiento de la escuadra nacional.
“Ya van quedando menos, pero los jugadores de la Generación Dorada han sido unos referentes para nosotros. Han llegado a muy alto nivel y es lo que queremos seguir un poco nosotros. Con la Liga Chilena hay un montón de diferencias. Estos últimos años, lamentablemente, a nivel organizativo y todo, no ha estado bien. Los chicos tienen muy poca competencia y allá competimos cada sábado, o a veces más, porque tenemos otro tipo de competencia. Al final, eso es lo que te da el roce y la calidad para poder seguir creciendo”, analiza.

Una vida conectada a Maipú
A pesar de que su comuna de nacimiento está a más de 10 mil kilómetros de la localidad en la que juega actualmente, y que son pocas las oportunidades al año en que visita Chile por la selección, el handbolista explica que siempre que puede va a los lugares que lo vieron crecer.
Aquella plaza en Silva Carvallo con Antártica Chilena, Cuatro Álamos, amigos que aún viven en Maipú y el Liceo Nacional son lugares especiales para Aaron Codina y casi una obligación para él cada vez que pisa suelo nacional.
“Frecuento mucho, la casa de mi papá, que es donde todavía él vive, la casa de mi abuela, donde yo también viví desde los 15 hasta que me fui a Brasil en los 17, que queda en Cuatro Álamos. Visito a mis mismos amigos del colegio, cuando nos juntamos en la casa de ellos. Mi lugar favorito de Maipú es el liceo. Pasé mucho tiempo ahí y también la plaza donde crecí”, cuenta.
Agradecido del deporte, con una sonrisa que contagia en sus compañeros y lleno de expectativas para lo que viene, el maipucino espera seguir rindiendo a gran nivel en el Centro Sudamericano de Paraguay y dejar a Chile en su noveno mundial consecutivo.
“Le agradezco por todo al handball. Mi vida, mi mujer, me ha dado estabilidad económica, me ha dado hablar cinco idiomas, una experiencia de recorrer el mundo a nivel cultural, personal, de crecimiento muy importante, y sobre todo la resiliencia que uno aprende al estar acá, porque obviamente siempre te va a ir más mal que bien. Entonces eso te enseña a poder superarte y a poder dejar la mano atrás para, aunque sean pocas veces, tener buenas experiencias”, cierra Aaron Codina.









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