Tras una nueva celebración de Año Nuevo, en La Voz de Maipú recordamos uno de los episodios más tristes ocurridos durante estas fiestas en la comuna. Errores de cálculo transformaron un hermoso show pirotécnico en una pesadilla con decenas de personas heridas y tres fallecidos en el Templo Votivo.
El 31 de diciembre del 2000, miles de personas esperaban el cambio de siglo. Para los vecinos del sector, y según lo reflejó Marcelo Contreras en una reciente publicación, era costumbre, pasada la medianoche, salir a la calle Carmen y sus alrededores a ver el espectáculo pirotécnico.
Luego de más de 20 minutos de fuegos artificiales, los que daban la bienvenida al primer año del siglo (2001), los gritos de alegría se transformaron en terror. Uno de los proyectiles se salió de la zona de seguridad y cayó sobre los espectadores, los que se vieron expuestos a la explosión de compuestos altamente inflamables.
«Era un fuego artificial de color rosado, que en vez de salir hacia el cielo, salió hacia la gente», cuenta una de las sobrevivientes.

Con graves heridas y quemaduras quedaron decenas de asistentes, entre los que se contabilizaron 3 fallecidos. El accidente, con fallas organizativas y humanas al momento de manipular los proyectiles, evidenciaron algunos incumplimientos en protocolos de seguridad y calidad en la realización del espectáculo.
La empresa Pirotecnia Chile Ltda. fue la responsable de organizar el show en el Templo Votivo, mientras que la Guarnición Militar de Santiago era la encargada de fiscalizar previamente el correcto funcionamiento de los fuegos artificiales.
«Al parecer, todo indicaría que habría una mezcla entre falla técnica y humana que ocasionó que un mortero no tomara la dirección correcta y se dirigiera directamente a un sector del público», declaró quien era alcalde de Maipú por ese entonces, Roberto Sepúlveda.
Investigaciones posteriores confirmarían que el siniestro fue una mala manipulación de los artefactos pirotécnicos los que ocasionaron el accidente.
Lucha judicial e indemnización a los afectados
A la fecha en que se produjo el accidente, la Ley 19.680, que prohíbe la venta al público de fuegos artificiales y regula la realización de espectáculos pirotécnicos masivos, llevaba 7 meses en vigencia desde su promulgación en mayo del 2000.
A raíz de los hechos acontecidos el primero de enero del 2001 en el Templo Votivo, ocho familias, a las que pertenecían las tres víctimas fatales, demandaron a la Municipalidad de Maipú.
La entidad edilicia, a través de su Concejo Municipal, acordó el 30 de diciembre de 2006 repartir una indemnización de 437 millones de pesos entre las ocho familias. En enero de 2007 finalmente se hizo efectivo el pago.
Además de estas ocho historias, otras familias, como las de los afectados José Miguel Silva Solís y Daniela Karina Reyes Cantero, iniciaron diferentes procesos judiciales en contra de la administración edilicia en búsqueda de una indemnización por lo ocurrido.
José Miguel Silva sufrió la pérdida de su globo ocular derecho, fractura nasal, pérdida del párpado izquierdo, quemadura facial tipo AB, además de daños en sus brazos y desfiguraciones profundas.
Por su parte, Daniela Reyes sufrió quemaduras tipo AB frontal, edemas faciales, heridas contusas en el párpado inferior derecho, quemaduras en la palma de la mano derecha y el alojamiento de un cuerpo extraño en la cavidad intracraneana, cuya trayectoria comprometería ambos ojos.
Diez años después de la tragedia, la Corte Suprema decretó que ambos deberían recibir la suma de $47,5 millones para la familia Silva Solís y $35 millones para la familia Reyes Cantero.
25 años desde el fatal accidente en el Templo Votivo y la legislación sobre el uso de fuegos artificiales
Este jueves 1 de enero de 2026, se cumplen 25 años desde aquel accidente en las instalaciones del Templo Votivo que dejó a decenas de heridos y tres personas fallecidas.
Coaniquem señaló a finales de 2023 que se logró disminuir en hasta un 90% las quemaduras por este tipo de artefactos pirotécnicos en menores de 5 y 14 años. Esto se sumó a una nueva modificación a la Ley 17.798, realizada en 2021.
Cabe recordar que, actualmente, la legislación chilena sanciona como delito el «uso, venta y fabricación de fuegos artificiales«, cuyas penas de presidio por estas conductas delictivas serán de 3, 5 y hasta 10 años de cárcel.









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