/ Adrián Prieto
14 de febrero de 2026

Bad Bunny en el Super Bowl: American Show

La irrupción de la cultura latinoamericana en el centro global, de Violeta Parra a Bad Bunny, expone la tensión entre arte y poder. Se distingue el compromiso social de figuras históricas del riesgo de que la industria absorba el impacto cultural sin generar un cambio real.
Imagen destacada
Necesitamos suscriptoras /es
¡Maipú necesita tu voz! Este 2026, nuestra meta es llegar a 1.000 suscriptores para asegurar un periodismo local valiente e independiente. Únete hoy por solo $3.000 y obtén beneficios inmediatos: con tu suscripción activas el LVDM Pass, la tarjeta digital que te da hasta 25% de descuento en los mejores bares, cafés y restaurantes de la comuna. Apoya la información de calidad, recupera tu inversión ahorrando en tus salidas y fortalece nuestra identidad local. También puedes suscribirte a nuestro canal de WhatsApp 100% gratis y recibir en tiempo real las noticias de Maipú.

La escena se repite. América Latina irrumpe en el centro del mundo con su propio lenguaje. Ocurrió con Violeta Parra, con Mercedes Sosa, con Alfredo Jaar, y volvió a ocurrir con Bad Bunny en el Super Bowl. Distintas épocas, la misma tensión: cultura popular frente a poder.

Violeta llevó al Louvre arpilleras y mundo campesino. Alteró jerarquías y dejó claro que el arte también nace en la vida cotidiana, en el trabajo, en la experiencia popular. Mercedes cantó América Latina completa en los grandes escenarios de Europa y Estados Unidos. Su voz cargaba dictaduras, exilios, sindicatos, esperanza colectiva. No era solo música; era historia latiendo en tiempo real.

Jaar ingresó al circuito global del arte contemporáneo para incomodar. Desde bienales y museos instaló temas que el poder prefiere lejos: genocidio, migración, violencia estructural. No buscó aplauso fácil; exigió posición.

Bad Bunny aparece en el espectáculo más masivo del planeta. Canta en español, identidad afirmada, códigos propios. Durante minutos, el centro cultural estadounidense tuvo que convivir con una presencia que no responde a su molde tradicional. El impacto fue inmediato, global.

Ahora bien, hay que decirlo sin rodeos: Bad Bunny está muy lejos de figuras como Mercedes Sosa o Violeta Parra. También Alfredo Jaar juega en otra liga cuando se trata de densidad política y compromiso sostenido. Sosa y Violeta no solo representaron una identidad; fueron parte orgánica de procesos sociales, asumieron costos, enfrentaron censura, exilio, persecución. Su obra estuvo entrelazada con luchas concretas y con organizaciones reales. Jaar, desde el arte contemporáneo, mantiene una coherencia temática que incomoda estructuras de poder sin depender de ellas.

Bad Bunny: Un fenómeno de la industria cultural global

bad bunny

Bad Bunny es, ante todo, un fenómeno de la industria cultural global. Puede tensionar símbolos, puede abrir grietas simbólicas, pero su inserción es distinta. Se mueve dentro de una maquinaria que convierte toda disidencia en mercancía. Esa diferencia importa. No todo gesto cultural tiene el mismo peso histórico.

Cada uno, en su tiempo, ocupa espacios que parecían reservados para la “grandeza americana”. Pero la cultura latinoamericana no llega suavizada. Llega con memoria y conflicto, y por eso genera entusiasmo y rechazo.

El punto no está solo en irrumpir. El problema aparece cuando el gesto se agota en sí mismo. Ningún escenario construye poder por sí solo. La emoción colectiva necesita dirección, estructura y continuidad.

Violeta y Mercedes estaban ligadas a movimientos sociales profundos. Jaar trabaja sabiendo que el arte interpela, pero no reemplaza la acción organizada. La historia cambia cuando la cultura se conecta con sujetos colectivos capaces de disputar poder.

Hoy el riesgo es convertir la irrupción en recuerdo. El sistema absorbe rápido lo que sacude, lo vuelve tendencia y sigue intacto. La tarea es otra: bajar esa energía al barrio, al sindicato, a la organización cultural, a la pelea concreta por condiciones de vida dignas.

América Latina ya demostró que puede entrar y sacudir el centro del mundo. Falta convertir esa presencia cultural en conciencia, organización y fuerza sostenida.

SOBRE EL AUTOR

Adrián Prieto

Secretario Político PC -Maipú

Abogado y Secretario Político PC -Maipú

¿Con ganas de seguir leyendo?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Selección del editor