Hoy los estrenos de cine llegan a todas las salas de la capital y del país, pero no ocurre lo mismo con su formato de audio. El acceso a funciones en idioma original con subtítulos se concentra casi exclusivamente en los cines del sector oriente de Santiago, mientras que en otras comunas esta alternativa es escasa o inexistente.
Maipú cuenta con múltiples complejos de cadenas de cine, pero ofrece pocas o derechamente nulas funciones en idioma original con subtítulos. Esta ausencia contrasta con comunas del sector oriente, donde este tipo de exhibición sí existe, aunque muchas veces relegada a horarios poco accesibles para quienes viven fuera de ese sector.
En un contexto donde el consumo cultural cotidiano, a través de redes sociales, plataformas digitales y música, expone a las audiencias a contenidos en diversos idiomas, como el inglés o el coreano, las barreras idiomáticas en el cine aparecen cada vez más acotadas.
Lejos de responder a una falta de interés del público, esta diferencia evidencia una brecha de acceso cultural marcada por decisiones de programación que varían según el territorio. La experiencia de salas independientes como Sala K demuestra que el público interesado en el cine subtitulado existe también en comunas como Maipú.
Cómo se define la programación en los cines
Desde el interior de las salas, la explicación apunta a criterios que trascienden lo local. Matías Soto, trabajador de una cadena de cine ubicada en el sector poniente de Santiago, señala que las decisiones sobre el idioma de las funciones no se toman a nivel comunal, sino que responden a lineamientos centrales de programación.
“Las películas normalmente acá en Maipú, en el sector poniente, la mayoría son en español, nunca vienen en idioma original. Las que llegan en inglés suelen ser las más taquilleras. La última que tuvo muchas funciones en inglés fue Oppenheimer, porque era ideal para verla en su idioma original”, explica.
Respecto a la demanda del público, Soto asegura que las consultas por funciones subtituladas son poco frecuentes y se concentran en un segmento etario específico.
“Muy pocas veces la gente pregunta, y cuando lo hace son personas jóvenes. Generalmente es por el horario más adulto, porque los niños no van a ver una función en inglés: les cuesta leer los subtítulos y se distraen”, añade.
Subtítulos, cine y consumo cultural
El fenómeno no es exclusivo de Chile. En Argentina, por ejemplo, la exhibición de cine en idioma original también se concentra en sectores específicos de las grandes ciudades. Una de las explicaciones que surge en ese país, y que podría extenderse al contexto nacional, es la irrupción de las redes sociales y los formatos audiovisuales que priorizan el audio por sobre el texto, transformando al subtítulo en un obstáculo para parte del público.
Adrián Ortiz, programador de cine con más de 20 años de experiencia, ha reflexionado sobre esta transformación en la relación con el cine subtitulado en Argentina, vinculándola a un proceso de deterioro cultural. Decia lo siguiente en «La capital»
“Argentina, hasta hace 20 años, seguía siendo el faro cultural de Latinoamérica en materia cinematográfica. Históricamente tuvo un alto consumo de cine europeo y de películas norteamericanas de primera línea. Con el tiempo, lamentablemente, la degradación cultural ha ido disminuyendo ese consumo”, sostiene.
En el caso chileno, Jorge Iturriaga, académico de la Universidad de Chile e investigador en cultura de masas, plantea que la preferencia por el idioma original en el cine también está atravesada por factores socioculturales.
“La gente que detesta el doblaje y prefiere el idioma original suele tener mayor capital cultural. En cambio, quienes tienen más tolerancia al doblaje pertenecen a clases más populares, acostumbradas a consumir contenidos en español”, explica.
Pero también, el propio Iturriaga reconoce una tensión en esta discusión:
“Encuentro absurdo ir al cine y estar constantemente leyendo. Se pierde parte de la imagen y de la performance actoral por dedicar una parte importante del cerebro a leer y entender lo que se dice”.
¿Los subtítulos distraen al espectador?
Según el estudio “Subtítulos en lengua original: sus efectos en el espectador nativo y extranjero”, de Jan-Louis Kruger, Stephen Doherty y María-T. Soto-Sanfiel, los subtítulos en pantalla no representan una distracción significativa para quienes no dominan el idioma original de una película.
El estudio comparó el nivel de inmersión en contenidos audiovisuales entre hablantes nativos y no hablantes de inglés, quienes fueron expuestos a un episodio de Dr. House con subtítulos en inglés. Los resultados indicaron que, si bien los hablantes nativos se sintieron más inmersos, los no hablantes lograron comprender completamente la trama gracias al uso de subtítulos.
Menos público en las salas de cine
Según el informe de 2025 del Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) sobre las plataformas de streaming, un 38,8% de las personas encuestadas reconoce haber dejado de ir al cine con regularidad desde que contrató plataformas de streaming. Entre las principales razones aparecen el costo de las entradas y la comodidad del consumo audiovisual desde el hogar.
La opinión del público
Álvaro Caamaño, asistente frecuente a salas de cine, comenta: “Prefiero ver las películas en su idioma original, porque siento que uno aprecia mejor cómo el director pensó la película. Además, muchas actuaciones de doblaje están en un nivel inferior”.
Esteban Ávila, también asistente habitual a las salas de cine, agrega: “Ahora de grande prefiero el cine en idioma original con subtítulos. El doblaje ha decaído, y la aparición de star talent (influencers que prestan su voz) le quita sentido a la experiencia”.
La decisión de incorporar influencers al doblaje ha generado críticas, como ocurrió con Spider-Man: Across the Spider-Verse, donde participaron figuras del mundo digital en la versión chilena.
Salas independientes y acceso al cine
Las salas independientes han construido un espacio propio entre las generaciones que buscan otro tipo de cine. Proyectos como el Cine Normandie o Sala K han demostrado que existe un público interesado en propuestas alejadas del circuito comercial.
Maria Paz Peirano, antropóloga de la Universidad de Chile, se refiere al lugar en la industria de las salas independientes: “Las salas de cine alternativas, debido a cómo funciona la estructura de exhibición, se convirtieron en nichos culturales, porque están contra la corriente al consumo irreflexivo, meramente cuantitativo, que es a lo que la industria actual nos empuja… Las salas alternativas son un espacio más lento, donde se produce el contexto para detenerse, pensar y entretenerse también.
Peirano también agrega que en las salas independientes se produce una doble cara y un prejuicio. Esto debido a la percepción de exclusividad que pueden haber al respecto, ya sea por distancia geográfica o por la percepción que existe al respecto de estos lugares donde se proyecta un cine distinto al que se puede encontrar en grandes cadenas
Sala K, con sedes en Maipú, ofrece una programación centrada en cine de autor y ciclos temáticos, ampliando el acceso cultural en una comuna donde las funciones en idioma original son escasas en las grandes cadenas.
“En estos diez años nadie nos ha pedido versiones dobladas. Creemos que es importante respetar lo que artísticamente se propone; el doblaje cambia mucho las actuaciones”, señala Teresa, representante de Sala K.
Respecto al perfil del público, Teresa agrega: “son un perfil diferente, pero creo que es un tema de acceso el público de Maipú no es diferente a los otros tipos de públicos que van a salas independientes solo que no habían tenido la oportunidad de acceder a esa programación… existe un interés pero lo que le falta a la gente son oportunidades de poder acceder a esas películas y ese no es el negocio de las cadenas, que se enfocan en la facturación y el entrenamiento con una programación más mono temática”
La presencia de proyectos como Sala K en Maipú o iniciativas universitarias como A Puertas Abiertas de Duoc UC evidencian que el público quiere ver cine en su idioma original. El problema no es la falta de interés, sino la falta de opciones accesibles.









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