Conversémonos un café en Lastarria, Cristian Warnken

Alanis
Alanis
Alanis es mucho más que Magdalena Bruna que es su nombre de bautizo. Escritora, vecina de Maipú. De niña mostró interés por el arte. Se dedicó al baile de manera profesional y a los 41 años contó, con algo de angustia, lo que había vivido en lo laboral, en un relato que ganó el premio literario de la Dirección del trabajo, a nivel nacional. Recién ahí, miró a su alrededor y se notó rodeada de libretas, cuadernos, escritos por todos lados. Publicó "Cuentos de Alanis", libro que lleva más de 12.000 ejemplares vendidos

(Carta abierta a un público observante y a Cristian, por supuesto) 

He leído y releído a Cristian Warnken en sus últimas cartas y espacios privilegiados de escritura. Reconozco que esos espacios están ganados con esmero, trabajo duro y amplio conocimiento. 

Después de recibir varias veces correos para ser parte de su “Viaje a la palabra” (el taller famoso al cual la mayoría alguna vez soñamos asistir), yo respondía que ir a sus talleres era de un alto costo para mi realidad y eso estaba fuera de mis posibilidades.

No sé si fue porque realmente él me conocía y me becó sabiendo quién yo era, o tuve una suerte de marketing con la que me rebajaron a la mitad la inalcanzable mensualidad y eso me permitió poder acceder a su taller, pagando igualmente con gran esfuerzo. 

Ahí conocí realmente a Cristián. 

“Usted si que viaja a la palabra” me comentó Cristian un día, cuando supo que yo viajaba de Maipú a Vitacura. 

En unas cuantas intervenciones en su taller, me hice la fama de “roja o rebelde”. La mayoría de los asistentes eran gente privilegiada y acomodada. 

Uno que otro se salvó, pero de esos pocos, que eran como yo, uno en especial, simplemente no soportó el ambiente y se retiró. Yo persistí, como cuando en el cine se retiraban todos y yo me quedaba viendo una áspera película de David Lynch, para entender la película con el trabajo completo, aunque diera náuseas o repugnancia verla. 

Porque sí, era un ambiente de “otro nivel”. Eso no quitaba que hubiera excelentes personas, pero todo aquel que asistía, se daba “un gustito” de asistir a escuchar a este gran expositor del conocimiento literario. Porque es eso. Un gran conocedor de la Literatura en general. 

Hay en Cristian Warnken una serie de privilegios que a un escritor chileno le facilita, no sólo el vivir de la Literatura en un país donde la mayoría de los que escribimos o hacemos arte, somos unos idealistas muertos de hambre. 

Por ejemplo, él nació en cuna de oro, no sólo de dinero, también tenía familiares poetas y vivió la comodidad o privilegio de estar rodeado de todos esos beneficios para desarrollar su pluma sin mayores sobresaltos y lleno de medios para hacerlo. 

No digo que no haya sufrido. Claro que sí. Todos los seres humanos sufrimos. 

Todos sabemos de algunos de sus grandes dolores porque es un hombre público y de un nivel socio cultural alto. También se visualiza un intento de conectarse con la gente, de empatizar, de una manera muy parecida a un cura que intenta salvar a todos del pecado. 

Cristian Warnken

Cristian emerge entonces, con el tiempo, como opinólogo de la moral y ética nacional. 

Sin embargo, con todo ese privilegio, de escribir paseándose por calles de poco peligro y parques o lugares hermosos o su propia casa que es un lugar de una belleza tremenda y la comodidad de haber estudiado en lo mejor y de poder viajar o entrevistar a los más connotados seres humanos que se puede entrevistar en el globo terráqueo y gozando de una tremenda memoria, todo eso ha servido para que pueda él hacer una cita de cada libro que ha leído, para expresar sentimientos profundos de admiración o de regocijo, en cada escritura que genera. 

Pero con Cristian Warnken, algo me huele a pasado de moda y a arribismo encubierto. 

Pudiendo ser un gran referente Literario o un buen maestro, siento que 

Cristian vive dándose vueltas en círculos y se está convirtiendo en un malogrado escritor, confundido entre la vida que vive y la que intenta interpretar, la que intenta escribir para lograr conectarse con una realidad completamente alejada de esa comodidad a la que no estaría dispuesto por nada a renunciar.

Carlos Pezoa Veliz una vez fue encontrado junto a borrachos y callejeros ladrones. Eso sería imposible con Cristian. Y la escritura nos acerca al dolor o al goce en la medida que lo vivimos. No quiero decir con esto que Cristian sea un insensible. Claramente hace un gran esfuerzo, pero no sale de su burbuja. 

Por eso, Pezoa Veliz es tan superior a él.

Uno debiera intentar desnudarse en la palabra. Cristian no sería capaz de sacarse ni el chaleco. Sería para él demasiado incómodo. 

Escribió sobre los gordos. Ni ganas me dan de comentarlo porque, aunque yo nunca he sido gorda, jamás escribiría algo así. 

Escribió sobre el “poeta del parque”. Eso también es cómodo, porque conociendo yo a ese talentoso escritor de apellido Jarpa, sigue moviéndose en la esfera de la comodidad. De seguro los poetas acomodados viven en Lastarria y Bellas Artes (es harto caro ese sector) y los un poco menos acomodados, en el litoral central, pero aun así, son todos ellos privilegiados. Y el poeta del parque, lo es, he conversado con el varias veces. Seguro en la carta le dio todo su apoyo, si va a la misa todos los días y ha tenido toda la vida de privilegios, así es fácil encontrarse y encantarse con él para Cristian. 

Pero Cristian. Cuando escribes sobre la Crisis Social o los Presos políticos, me doy cuenta que ya no estás aquí cerca. Estás allá, escribiendo desde tu jardín. 

Cuando tomé clases contigo, pensaba: Si él dice que los griegos dejaban todas sus pertenencias y se iban al cerro a educar a la gente ¿Por qué tú, que podrías, no lo haces?

¿A qué le temes? ¿De qué te escapas? ¿Por qué te escondes? 

Sabes que me paseo hacen siete años por el Barrio Lastarria. Ese lugar puede ser un lugar de encuentro. No soy la poeta del parque, pero soy “la chica del libro” de Lastarria y muchos me conocen ahí. 

Tengo muy abierto los ojos y el corazón al dolor ajeno y a la belleza. 

Conversémonos un café, Cristian Warnken, pero baja de tu nube. 

Alanis

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Recién publicado