David Arancibia Urzúa y La Soledad de las Arañas: «Nos estamos deshumanizando y perdiendo la capacidad de escucharnos»
Escrita desde Ciudad Satélite e inspirada en el trágico hallazgo de una vecina en Villa México, la nueva obra del dramaturgo maipucino aborda la "pandemia de la soledad", el abandono de los adultos mayores y la urgencia de reconstruir el tejido vecinal frente al individualismo.

Detrás de cada obra de teatro hay una pregunta incómoda, y detrás de La soledad de las arañas, un hecho doloroso que toca de cerca a nuestra comunidad. Escrita por el dramaturgo, investigador y Doctor en Literatura Latinoamericana, David Arancibia Urzúa desde su hogar en la Ciudad Satélite nace como una reflexión urgente sobre el aislamiento social, la deshumanización y la pérdida del tejido comunitario.
Inspirado en un estremecedor caso real ocurrido en los límites entre Maipú y Cerrillos, Arancibia transforma una noticia trágica en una radiografía de la época posterior a la pandemia y los estallidos sociales. En esta entrevista, el creador desglosa el componente territorial de su obra, los miedos y prejuicios de la sociedad chilena actual, y la necesidad impostergable de volver a mirarnos a los ojos entre vecinos.
—¿De qué manera la identidad maipucina y la experiencia de habitar la comuna influyen en tu escritura y en la atmósfera de La soledad de las arañas?
Bueno, primero que todo decir que esta obra fue escrita aquí en Maipú. Yo nací en San Ramón, y crecí en La Florida. Llegué a vivir a la comuna de Maipú, a fines del 2020, en plena pandemia, luego de vivir cinco años en Concepción. Aunque en un principio, seguía vinculado a proyectos artísticos en la capital penquista. Pero fue realmente, a fines del 2023, luego de participar en un proyecto teatral internacional en la orinoco amazonía colombiana, que decidí quedarme a vivir en Ciudad Satélite, en la casa de una tía abuela muy querida y muy cercana que murió sola, un poco antes que comenzara la pandemia. Así que desde el 2020 me he hecho cargo de la casa, y de habitar este espacio. Y La soledad de las arañas, fue escrita durante este periodo, a propósito de una noticia que ocurrió a fines del 2023, en Villa México, en el límite entre Maipú y Cerrillos, así que podría decir que esta obra tiene un componente bien territorial.
—¿Cómo nació la premisa de la obra y qué fue lo que te llevó a articularla desde el concepto de la soledad y el tejido invisible de las relaciones humanas?
Precisamente, está obra que se trata de un monólogo, surge a partir del caso de María Victoria Arriagada, una mujer de 63 años que fue encontrada muerta sola y abandonada, en su departamento en Villa México, en Cerrillos. Esto impactó mucho a sus vecinas, que aseguraban no haberla visto incluso durante seis años. Y nunca pudo comprobarse ni el tiempo que llevaba muerta, ni las causas, y el caso se cerró. En lo personal, me generó muchas preguntas esta noticia, porque sentía que en parte era un reflejo de nuestra sociedad en ese momento, luego de vivir una pandemia de covid que nos aisló, y luego de vivir dos procesos constituyentes donde hablábamos de “no soltarnos”, sobre todo en el primero y durante la revuelta social. Pero producto de todas las mentiras y las manipulaciones que ha habido detrás de los últimos procesos políticos, y sobre todo con el actual gobierno, siento que el tejido social se ha desanudado y se perforó aún más. Más encima, yo estaba saliendo de una depresión que igual fue larga, entonces las preguntas que yo me hago con esta obra, surgen desde ahí, de la actual “pandemia de la soledad” que estamos viviendo como sociedad, y también de mis propias soledades. Además, casos como el de María Victoria Arriagada, cada vez son más frecuentes en las personas mayores, y eso me hace preguntarme aún más, qué es lo que nos está pasando.

—¿Cómo fue el proceso de traspasar el texto desde el papel hacia la propuesta escénica junto al equipo de la compañía Sanka?
Si bien esta obra, tiene un componente íntimo y muy profundo, es también un regalo que yo le debía a la actriz de la obra, Leni Hidalgo Araneda. Ella me acompañó en momentos muy importantes, previos a mi depresión, y yo en agradecimiento le ofrecí invitarla a actuar en alguna obra mía. Nosotros nos conocimos en una intervención en el Sitio de Memoria ex Clínica Santa Lucía, gracias a una amiga en común, Belu Muñoz Alarcón, que sin dudarlo pensamos en ella como directora. Aunque en verdad a Leni, la había conocido también en la Universidad del Bío Bío, varios años antes, en mi paso por Concepción, cuando se había ido a presentar con Fieramente Humano o Jesús se detuvo en Olivos 837, junto a la compañía Locos del Pueblo, la compañía de Juan Radrigán, ahí yo me enamoré de su calidad interpretativa, que es tremenda. Y apenas terminé de escribir el monólogo, la contacté y comenzó el proceso de creación a fines del 2025, y como han venido trabajando con Belu, junto a Sanka Teatro, que tiene aproximadamente diez años de trayectoria, realizamos este trabajo bajo el alero de esta compañía y productora, y fue un proceso muy hermoso, de una dirección muy delicada, y de mucho trabajo en equipo.
—A lo largo de la pieza se cruzan dinámicas de aislamiento, memoria y afecto. ¿Qué grietas o temores de la sociedad actual busca poner en evidencia este montaje?
Si bien creo que el aislamiento tiene un componente social muy importante, en esta obra, también aparecen esos abandonos existentes en todas nuestras familias. Y yo creo que hay algo muy transgeneracional en ello también, y ahí es donde pueden aparecer esas memorias tanto personales como colectivas. Además, nosotros mismo, muchas veces, somos testigos o incluso protagonistas de ese tipo de abandono que puede ser real o simbólico, a veces un abandono de afectos, pero también material. Y siento que el teatro nos permite observar, entender, e incluso sanar esas grietas, que a veces son tabú, porque si bien, estamos viviendo un aumento de la soledad, al mismo tiempo, pareciera que le tenemos miedo, y en su lado más luminoso, puede llegar a ser muy enriquecedora y hermosa también. Si el problema es, que en estos tiempos, la soledad se entrecruza también con el individualismo, y ahí hemos entrado en un problema mayor como sociedad, que en el caso de la sociedad chilena, pareciera no ser tal, porque existe el mito de que somos personas muy amables, y muy solidarias frente a la adversidad o a las catástrofes naturales, o frente a instancias muy necesarias como la Teletón, por ejemplo, que es verdad, sucede, existe, es parte de nosotros, sin embargo, pareciera que nos hemos vuelto muy egoístas también, y con un miedo a veces inexplicable hacia el otro, hacia los jóvenes, hacia las mujeres, hacia las personas migrantes, hacia los vendedores ambulantes, hacia la gente sin casa, y así un sinfín de personas que no siempre aceptamos en su diferencia, y nos olvidamos que todos somos personas, y pareciera que además nos estamos deshumanizando, ese es el gran subtexto de la obra, y de que estamos perdiendo la capacidad de escucharnos.

—Tras el recorrido de la obra y su paso por espacios comunitarios como Casa Viva ARTEDUCA, ¿qué huella o reflexión esperas que se despierte en los espectadores?
Uno de los propósitos de Belu Muñoz, la directora, es llevar esta obra a espacios comunitarios y vecinales, justamente porque ahí es donde necesitamos encontrarnos, conversar y hacernos estas preguntas. Sobre todo, porque la gente tampoco va masivamente al teatro, y al teatro pareciera que va un mismo público de siempre. Entonces, la invitación es llevar la obra a lugares donde podamos darnos cuenta, o donde podamos plantearnos esta inquietud, que necesitamos salir de las pantallas, necesitamos vincularnos más, necesitamos conocer a nuestras vecinas, a nuestros vecinos, saber quiénes son las personas que viven al lado, cerca de nosotros, en cómo podemos apoyarnos, saber qué es lo que necesitamos, sobre todo para hacer frente al exceso de individualismo, al aumento de la inseguridad, y al aislamiento social que estamos viviendo en el presente.
La soledad de las arañas no es solo un monólogo dramático ni una puesta en escena convencional; es una provocación necesaria contra la cultura del individualismo y el encierro tras las pantallas. Al llevar el montaje directamente a espacios vecinales y comunitarios como la Casa Viva ARTEDUCA, la obra trasciende las salas tradicionales para convertirse en un puente entre habitantes de un mismo barrio. En tiempos donde el miedo y el distanciamiento parecen imponerse, la propuesta de Arancibia y el equipo de Sanka Teatro ciñe una invitación simple pero transformadora: cruzar la calle, derribar los prejuicios y volver a preguntarle al vecino del lado cómo está.



