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Paola Molina, comediante maipucina: “Se habla más del poto que de la plata”

Oriunda de Ciudad Satélite, aunque hoy vive en el centro de Santiago, su esencia sigue anclada al poniente. Con una carrera sólida, la escritora y comediante reivindica el barrio como refugio. Paola Molina repasa su viaje para convertirse en una de las voces más honestas e incómodas del humor chileno.

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Paola Molina
Paola Molina

Paola Molina es comediante, diseñadora y escritora. Se crió en Ciudad Satélite y pasó parte de su vida en el sector de Rinconada. Se dedica al humor y recorre Chile llenando teatros y bares con su comedia, la cual describe como “absurda, cochina e incómoda”. Hoy cuenta con 4 libros publicados: Confesiones de una soltera (2017), Ciudad satélite (2019), Te quejas de llena (2022), Tengo una platita (2025) y es co-autora del libro Bebesaurias: Guía definitiva para arruinar tu vida. En el año 2023 fue reconocida como “Orgullo Maipucino” por la Municipalidad de Maipú frente a su exitosa trayectoria. 

“Hola hola! Nos vemos en un ratito :). Voy en Metro Pudahuel“, escribió por WhatsApp mientras viajaba en metro desde el centro de Santiago luego de finalizar el matinal que conduce, “Una Mañana Fabulosa”. En el camino subió una historia a Instagram contándole orgullosamente a sus miles de seguidores que venía a una entrevista con La Voz de Maipú. 

Al llegar tocó la puerta y entró con gran liviandad, puso sus cosas sobre la mesa y la conversación inició de inmediato. La comediante no dejó espacios de silencio: se refirió a lo alejado que queda Maipú del centro. Contó lo mucho que ama a Bebesaurias, su podcast independiente junto a Beibi Josephine (Josefina Gonzalez) y Lula Almeyda, en el que cada miércoles se disfrazan según la temática del episodio combinando el humor absurdo con profundos análisis sociales.


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También hablamos un poco de cómo le ha ido en el último proyecto “Una Mañana Fabulosa”, un matinal que se transmite vía streaming y que, según Paola, ha sido algo muy distinto a sus trabajos anteriores.

Acomodamos el set de grabación y ella se retocó el maquillaje. Se puso un labial rojo, una sombra rosada y se sentó erguidamente para comenzar la entrevista. Al pasar el rato, relajó su postura,  aparecieron los chistes, las carcajadas y las muecas que la caracterizan.

La autora repasa junto a La Voz de Maipú su infancia pelusona, las dinámicas de su barrio, cómo se acercó al stand-up y la mirada crítica con la que desarma a través del humor la vida de la clase trabajadora chilena. Aunque hoy reside en el centro de Santiago, su narrativa y su tono de humor siguen teniendo la identidad proveniente de su origen.

Sus orígenes y la vecindad como refugio

  • Paola, siempre mencionas con mucho orgullo tu infancia en Maipú. ¿Cómo recuerdas tus primeros años en Ciudad Satélite y tus lazos con la comuna?

Vengo de una familia muy matriarcal y achoclonada. La vecindad era como una familia grande; para mí la vida de barrio sigue siendo algo demasiado importante, dentro de  los grandes amores de mi vida está la vecindad. Yo orbitaba entre Ciudad Satélite y Rinconada de Maipú (Borgoño con Las Galaxias), donde mi mamita tenía su casa. Como ella trabajaba puertas adentro, me crié junto a mi hermana en la casa de mi tía en la Ciudad Satélite y estudié en el Colegio Alcázar.

Lo más bonito de esa época era que la vecindad era una extensión del hogar. Los adultos nos seguían los juegos. Si queríamos armar un espectáculo, se sacaba la alfombra de la casa a la calle, se ponían las sillas, las mesas y se armaba el picoteo. 

La casa de mi tía era una especie de centro de operaciones. Cuando cayeron las Torres Gemelas: nos mandaron del colegio a la casa y los vecinos estaban todos con la puerta abierta, gritando "¡Se viene la Tercera Guerra Mundial!" y los cabros chicos estábamos todos locos.

Los niños hacíamos actos, preparábamos bailes… Fue muy bonita esa vida comunitaria. Por eso me gusta mucho Hey Arnold, que tenía esta cosa de vida de barrio, de los niños pelusones. Había un espíritu donde con muy poco se hacía mucho.

  • ¿Sientes que esa vida de barrio maipucina se conserva hoy en día o ha ido cambiando?

Ha cambiado un poco la dinámica porque ahora en las ciudades hay harto edificio, entonces la vida en departamentos es muy distinta a la vida de barrios o como pasa en el pasaje de mi tía muchos adultos mayores se jubilan y se van a vivir con sus hijos a otras comunas, y los arrendatarios rotan más rápido. Eso quiebra un poquito la tradición, pero donde hay pasajes y casas como en Maipú, siempre va a haber esa comunidad.

Yo voy seguido a ver a mi familia, ahora vivo en el centro porque es más cerca de los trabajos, pero hace un par de semanas fui con unas amigas y las llevé a almorzar a la casa de mi tía y salimos a jugar con los cabros chicos, jugamos a los países, a la pinta, a la escondida, al pillarse y les dije, bueno, así era mi infancia, muy bacán.

Humor cotidiano y sin tabúes 

  • Si bien siempre fuiste “pelusona”, no planeaste ser comediante, sino que ocurrió mientras hacías tu práctica de diseño en Argentina. ¿Cómo fue ese descubrimiento?

No me picó el bichito explícitamente por la comedia. Yo fui a Buenos Aires a hacer mi práctica de diseño y allá no tenía amigos así que apliqué el "viejo truco", dije me voy a meter a un taller de algo. Quería meterme a danza afro o yoga, pero no quedaban cupos, entonces me metí a uno de stand up comedy.  Mi única referencia de stand-up era El Club de la Comedia, aunque de chica me encantaba Dinamita Show, Álvaro Salas o la Vicky y la Gaby. 

Cuando empecé a hacer stand up en este taller me enamoré. Dije “quiero esto”,  por  la adrenalina de preparar un material y subirse al escenario y me presenté un par de veces allá no más por el taller.

Cuando volví a Santiago, busqué micrófonos abiertos y le escribí a la Jani Dueñas. Le dije, "Hola, me llamo Pao, estoy buscando lugares para probar algunos minutitos", y me recomendó un micrófono abierto en Club Subterráneo. Ahí empecé y ya no por descarte o porque no quedaban cupos en un taller.

  • Tu humor es calificado muchas veces como "incómodo" o sin pudor. Hablas de la menstruación, el sexo, la muerte, el dinero... ¿Cómo es la reacción de la gente? 

Mi público es muy receptivo. Me siento afortunada de vivir de la comedia, hacer lo que quiero en el escenario  y que me vaya bien sin ir a la televisión, por ejemplo. Siempre he trabajado en mi ley y el público que me va a ver está con ganas de escuchar esos temas, saben que en mi propuesta  va a haber un poco de política, mucho absurdo, sexo, vaginita,  chiste del poto. Entonces para mí el foco es sentirme libre. Eso hace que sea más de nicho y menos comercial.

En mi especial "Me creo la muerte", hablé de la muerte de mi mamá,  y de mi hermana que había superado hace poco un cáncer en etapa 3. De las incomodidades salen chistes… No se me ocurren chistes de otras cosas, se me ocurren más  chistes de cosas más incómodas o a veces más dolorosas. 

Tampoco creo que nunca pudiese ir a algo más mainstream o algo televisado. Ahí sacaría algunas cosas, dejaría otras o las contaría de otra forma,  pero sintiéndome libre y hablando de  los temas que me interesan.


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  • En tus rutinas y en tu vida pública siempre hablas de tu vida en Maipú. ¿De qué manera crees que la comuna moldea tu visión y tu trabajo?

Más que el humor, moldeó, definitivamente, mi identidad. Cuando entré a la universidad justo en el grupo de amistad que hice, de 10 amigos, 7 éramos de Maipú. Nosotros siempre somos maipucinos antes de ser santiaguinos. Cuando salgo de Santiago por los shows de stand up y alguien me pregunta, "Oye, ¿de dónde eres tú?", yo digo “Vengo de Maipú”.

Esto genera esa cosa media identitaria sobre lo que consideramos de ser una chilena o chileno, de la clase trabajadora, de la vida de barrio pelusona del rin rin raja, de que se te cae la pelota en el patio de la vecina que no quiere entregar la pelota o los perros callejeros… se va formando un imaginario que después uno lo lleva para todos lados aunque ya no viva necesariamente aquí.

Recuerdo la vez que fui a Brasil con unos amigos a los 18 años, era nuestra primera vez saliendo del país. En un supermercado vimos a un loco con un carro lleno de yogures y dijimos: "¡Qué chucha este psicópata!". De repente nos escucha hablar, nos mira y dice: "¿Son chilenos?". Resulta que el loco también era de Santiago, de Maipú y ¡de la Satélite! Pasó de ser el "psicópata de los yogures" a ser un hermano maipucino en el extranjero.

Un repaso por su escritura

  • Tu primer libro, Confesiones de una soltera, nació desde una página de Facebook y terminó siendo un best seller. Sin embargo, detrás de él hay un trasfondo complejo, incluso doloroso ¿Cómo fue el proceso creativo?

A mí me escribió la editorial Penguin Random House para sacar el libro, en ese momento estaba el boom de los libros que salían de redes sociales, entonces me puse muy contenta cuando llegó esta propuesta. Empecé a leer mucho, tomé talleres de escritura, de lectura y también diplomados. Me lo empecé a tomar muy en serio.

El fanpage empezó como un hueveo, era algo que me divertía y descubrí de grande que me gustaba escribir y que disfrutaba leer. Cuando me escribió Penguin Random House me puse feliz, pero estaba atravesando un duelo muy pesado: mi mamá había fallecido hacía apenas un mes de una enfermedad muy triste y dolorosa. Yo estaba sin trabajo, con depresión y encerrada.  

Algunas críticas literarias decían  que el libro era oscuro, que esperaban algo como más “salí con mi amiga a bailar y me agarré a un huevón”.  Quizás si mi mamá no hubiese muerto, o no se hubiese enfermado, hubiese sido un libro menos denso.

Ese libro fue mi salvavidas. Como estaba en ese estado, empecé a leer mucho realismo sucio. Leí a una autora que decía que "había que escribir como si los padres estuvieran muertos". Y en mi caso fue como “ya se murió mi mamita, no tengo papá, entonces voy a escribir lo que se me cante porque no se van a poder avergonzar porque no están”. Eso le dio una textura un poco más dark o "cochina" al libro.


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  • Años después salió tu libro Ciudad Satélite, donde abordas la identidad del sector donde creciste. Has sido crítica de cómo la televisión caricaturiza a la clase media, citando por ejemplo teleseries como Pituca sin lucas (grabada justamente en Ciudad Satélite) ¿Qué querías contar que nadie más estaba contando sobre tu barrio?

El libro está en el contexto de la clase social a la que pertenezco, entonces habla de lo que conozco y de lo que he vivido. Quería reírme de la Ciudad Satélite y esta cosa de media aspiracional, que es como un Chile, que está estructurado así: en las avenidas principales de la Sate están las casas grandes, y en los pasajes estámos todos los “mojojojo”. Existe esa discusión de "clase media alta" o "clase media baja"... ¡por favor! Somos clase trabajadora, tenemos que trabajar todos los meses para pagar las cuentas.

El nombre de Ciudad Satélite es muy bonito, puede ser muy metafórico. Es como una burbuja de algo que está como afuera . Originalmente la Ciudad Satélite era como un un peladero, se sentía como algo muy lejano y yo insisto es como Chile porque tenemos el mar, la cordillera, desierto, glaciares y pampas, y también ha sido encapsulado, así que la Ciudad Satélite era como un mini Chile.

También disfruté mucho escribir sobre que los adultos no saben ser adultos. Cuando uno ya tiene un poco más de noción tú dices, "Oye de repente los adultos son tontos" te das cuenta de que los adultos a veces son torpes, vulnerables y no siempre saben cuidarte o existir. Yo era como una Mafalda con mi mamá, diciéndole cosas que ella debía resolver, como una "vieja chica".

Tenemos que hablar de platita

El éxito y la relación con el dinero

  • En tu libro Tengo una Platita, haces una crítica bien sólida de cómo las personas nos relacionamos con el dinero, incluso sobre tu relación personal con la plata. Además defiendes que exista esa conversación ¿Por qué debemos hablar de plata?

 El tema es superimportante y además es como un tabú. Se habla más del poto que de la plata y tiene una ambivalencia  porque en las redes sociales están todos hablando de cómo hacer plata, levántate más temprano para que te vaya bien, yo era pobre y ahora soy millonario… está lleno de eso.  El tabú es hablar de que no tienes plata en el momento presente, porque la gente que habla de pobreza es gente que ya pasó ese estado.

Uno ve pura grandeza, entonces, yo creo que está bien el ejercicio de preguntarle a tu colega que trabaja lo mismo que tú, "Oye, ¿Cuánto están pagando?", para ver si les están pagando lo justo.

 Por ahí va mi sugerencia de hacer algo más colaborativo  que salvarse la raja solo. En redes de apoyo  por ejemplo, si una amiga va a ser mamá, estar atenta de  forma permanente  a las necesidades de esta guagüita. Eso no se hace tanto y se espera un poco de individualidad, o que la mamá pida ayuda. 

Hay un tema emocional también que nos pasa con el dinero, cuando no tenemos, nos da vergüenza, cuando tenemos mucho nos da ego o nos da culpa, también se ve en nuestros afectos, en las redes de apoyo también. Tal vez podríamos  ver el dinero no como algo que uno se merece o no, sino como una herramienta que nos puede ayudar en muchos casos y no como un ente superior que nosotros tenemos que tratar de alcanzar en esta bajada de el misticismo de tener.


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Hablar de política como personaje público

  • Si bien no hablas tanto de contingencia en tus shows de stand up, sí eres bastante confrontacional en el tema de la política, sobre todo en redes. ¿Crees que es importante que quienes están en el medio deben ser transparentes respecto a ese tema?

Yo creo que es importante sobre todo como comediante y como persona que viene de clase trabajadora, pero obviamente no es obligatorio. 

Venía en el metro y vi la noticia de que van a recortar no sé cuántos miles de pesos a los fondos de la ley Ricardo Soto. Mi mamá murió de cáncer, mi hermana tuvo la enfermedad, lo estoy hablando desde un lugar que me tomó de cerca, pero mi público también es de clase trabajadora y están teniendo menos beneficios sociales. Entonces, ¿cómo no voy a ocuparme explícitamente de que ojalá todos estemos mejor?  

Creo que las personas que tenemos cierta masividad o trabajamos con las comunicaciones, ojalá tuviéramos siempre la inquietud. Yo confío en que hay muchas personas que votan a veces por proyectos que quitan derechos sociales, pero a veces vienen desde cierto desconocimiento, falta de información. Yo no creo que la gente que votó por Kast haya votado para que le quiten los computadores a los niños más pobres, ni para que le quiten recursos a la gente que tiene cáncer, pero es algo que está ocurriendo porque así funcionan las ultraderechas.

Nuestro rol como comunicadores es incitar a que la gente sea más busquilla y busque desde fuentes fidedignas y confiables para que pueda votar con conocimiento y que después no salgan trasquilados con la reducción de sus propios derechos.

  • ¿Te da miedo la crítica?

No, yo creo que yo doy bastante cringe y honestamente no me influye mucho, obviamente si veo un comentario de uno que te diga "la hueona fome", es como bueno, seré fome para esa persona, está bien. Aunque no es que no me afecte, pero me dura poquito rato.

A mí lo que realmente me da miedo es la muerte. Cuando murió mi mamá perdí la confianza en la vida. Me preocupa más dejar de vivir de lo que me gusta, que me imagino que por ahí mucha gente le tiene miedo a la funa, a pasar de moda, pero yo como nunca he estado en la cresta de la ola, siempre ha sido constante siento que mi carrera se ha hecho más sólida. Ese es mi miedito más asociado a lo laboral.

Maipú, una identidad que no abandona

  • Para cerrar, Paola, ¿volverías a vivir en Maipú?

 Yo vivo en el centro desde el 2016 y sigo diciendo que soy maipucina. El centro no me arroja una identidad citadina. Viví en Maipú hasta los 26, digo, ahí tuve todo un desarrollo de una personalidad. Viajo  harto y aparte vivo en un edificio, entonces eso genera menos apego también.

De verdad que si tuviera una hija o un hijo,  yo volvería a vivir a Maipú. Me importaría demasiado que tuviera esa vida de barrio, que pueda salir en bicicleta, con los cabros chicos jugando a la escondida, que entren todos sudados, después a tomarse la leche y vuelvan a salir, qué sé yo. Eso me gustaría.

Yo creo que los maipucinos somos fanáticos de Maipú.

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