La tarde de este martes, en la Plaza de Maipú, Johannes Kaiser encabezó un acto político acompañado por candidatos locales y figuras cercanas a su movimiento. La instancia, presentada como una actividad de campaña, funcionó en los hechos como un espacio para reafirmar una identidad ideológica común: una visión de país basada en la restauración de un orden moral tradicional, el reforzamiento de la autoridad y la reivindicación de un nacionalismo de carácter épico.
Antes de que Kaiser tomara la palabra, sus acompañantes animaron al público con discursos cargados de símbolos patrios, referencias históricas y llamados a “recuperar Chile” frente a lo que describen como decadencia social, pérdida de valores y amenaza interna. Lo que se escuchó sobre el escenario no fue solo propaganda electoral, sino la consolidación de un relato político que define al país en términos de conflicto, pertenencia y exclusión según el Partido Nacional Libertario.

Ítalo Omegna: El Estado como enemigo
El primero en tomar la palabra fue Ítalo Omegna, candidato a diputado por el distrito 8. Su intervención se centró en construir la idea del Estado como una fuerza corrupta y opresora, asociada directamente a la izquierda y a autoridades locales. Algunas de las frases más polémicas fueron:
“Es el Estado el que adoctrina a nuestros hijos”
“Es el Estado el que se roba la plata”
“Vamos a avisarles a todos los parásitos del Estado que empiecen a hacer su currículum”
Este lenguaje instala la idea de que el aparato público —en vez de ser una institución común y reformable— es algo que debe ser purgado, lo que abre espacio a políticas de despido masivo, reducción abrupta del Estado y persecución administrativa. Se trata de una retórica anti-institucional propia de movimientos que buscan reemplazar el sistema actual por uno concentrado en un liderazgo fuerte.
Juan Carlos Gómez: Exaltación directa de la dictadura y el liderazgo providencial
El discurso de Juan Carlos Gómez fue el más extremo en términos democráticos y de memoria histórica. Comenzó afirmando que el proyecto político actual nace de la dictadura militar:
“Nuestra historia de triunfo partió… de la mano del general Pinochet”
“Vamos a llenar nuestro país de estatuas reconociendo a esos héroes”
Luego defendió al ex carabinero Claudio Crespo, imputado por lesiones oculares:
“El comandante Crespo… es un héroe nacional”
Y cerró proponiendo una noción religiosa del liderazgo político:
“Johannes Kaiser […] es un elegido de Dios”
Aquí sin duda se podría decir que existen tres elementos críticos: reivindicación explícita de un régimen responsable de crímenes de lesa humanidad, justificación de violencia estatal contra civiles, y la construcción de Kaiser como un líder providencial, lo que fomenta el culto a la figura del líder, una retórica que se aleja del pluralismo democrático y se acerca a modelos autoritaristas y mesiánicos.
Anita Escobar: identidad
A diferencia de Omegna o Gómez, Anita no llamó a expulsar adversarios ni reivindicó la dictadura. Sin embargo, su discurso cumple otra función clave en este tipo de actos:
- Legitima social y emocionalmente ser parte de este movimiento.
- Instala la idea de que antes la derecha estaba “callada” o “perseguida”.
- Propone que salir a apoyar públicamente este proyecto es un acto de valentía moral, casi de liberación personal.
“Yo ya estaba cansada de que la gente se avergonzara de decir que era de derecha”
“Hoy en día se agradece la valentía de todos ustedes”
“No balconeen su vida. Involúcrense. Salgan. Voten. Participen”
En términos políticos, su discurso: reemplaza la noción de debate democrático por una lógica de pertenencia-identitaria (“nosotros vs los que nos quieren hacer callar”); reconfigura la autoimagen del grupo: de “minoría cuestionada” a “minoría valiente, destinada a crecer”, y prepara el terreno emocional para aceptar discursos más duros que vienen después.
Pier Karlezi: Criminalización de la migración
Aunque buena parte de la intervención de Karlezi tuvo un tono más coloquial y caricaturesco, el también candidato a diputado, articuló el mensaje más directo contra la migración irregular:
“No queremos más parrillas en las veredas […] Acá el que no aporta se deporta”
La frase “el que no aporta se deporta” establece una condición moral y económica para la permanencia en el país. En el contexto de un mitin donde la inmigración y la “seguridad” son temas recurrentes, la lectura más plausible y peligrosa es que Karlezi se refiere a migrantes no solo irregulares, sino también los posiciona como personas en situación de vulnerabilidad económica cuyo acceso a derechos o residencia podría condicionarse.
Pablo Millar: Llamado explícito a la violencia política
Pablo Millar, presentado como responsable de “infraestructura”, pasó desde el discurso identitario al llamado a acción directa:
“Llegó el momento de sacar a los zurdos a patadas de La Moneda”
“Sacar a la ONU y a todas las organizaciones internacionales que están robando nuestra soberanía”
Aquí se supera el nivel retórico: se llama literalmente a la expulsión física de adversarios políticos, y se rechaza el marco internacional de derechos humanos.
Este es un punto de quiebre con la tradición republicana chilena.

Johannes Kaiser: expulsiones, ruptura con organismos internacionales, “sin piedad” para adversarios
El discurso de Johannes Kaiser condensó los elementos centrales de su propuesta política: una visión moralizada del país, un nacionalismo histórico-militar, y una agenda securitaria que propone expulsiones y persecuciones “sin piedad”.
Más que un mensaje programático, lo que se expresó fue un marco ideológico que entiende la política como una disputa entre “bien y mal” y la nación como una comunidad homogénea amenazada. Aquí examinamos las frases clave y sus efectos.
Nacionalismo militarizado y memoria histórica exaltada
“Aquí en Maipú, que es tierra que ha sido bañada con la sangre de patriotas”
“Esa bandera de la Estrella Solitaria… esa bandera va a seguir flameando, orgullosa e independiente”
“El carácter… está depositado en el pecho de cada uno de ustedes. Ustedes son herederos de esa sangre noble y aguerrida”
Kaiser apela a una memoria heroica y belicista (“sangre de patriotas”, “herederos… aguerrida”) que rompe con los marcos pluralistas de la memoria colectiva y tiende a legitimar la violencia como rasgo moral de la nación.
Ese lenguaje convierte la historia en herramienta de legitimación para políticas autoritarias: el pasado militarizado justifica medidas duras en el presente.
En términos de democracia y convivencia, la exaltación guerrera puede normalizar adversarios como “enemigos” a derrotar, y no como contrapartes políticas.
Soberanía vs. organizaciones internacionales: amenaza a compromisos internacionales
“Vamos a sacar a la ONU y a todas las organizaciones internacionales que están robando nuestra soberanía” (frase similar en discursos previos)
“La Corte Interamericana de Derechos Humanos… se anda metiendo permanentemente en nuestros asuntos internos… Nosotros nos vamos a salir”
“Haremos un catastro de todos los acuerdos internacionales…”
Proponer salir de organismos internacionales o desconocer su rol abre la posibilidad real de incumplimiento de obligaciones internacionales (derechos humanos, asilo, no devolución, protección de vulnerables).
El discurso sitúa esos organismos como “sabotaje” a la autonomía nacional, lo que es un marco retórico que facilita retiradas de tratados o la no cooperación judicial internacional.
¿Efecto práctico? erosión de mecanismos de protección para víctimas y debilitamiento de supervisión internacional frente a abusos estatales. ¿Impacto jurídico? retirarse o desobedecer sentencias de la CIDH conlleva conflictos internacionales y riesgo de retrocesos en garantías fundamentales.
Migración: expulsiones, derogar protecciones y condicionalidad
“Si en Chile los políticos van a tener que cumplir con la ley, entonces también los extranjeros que lleguen a Chile van a tener que cumplir con la ley”
“Las personas que se encuentran ilegalmente en Chile van a irse de Chile… los vamos a expulsar…”
“Los reglamentos de Michelle Bachelet… que establecen que la condición migratoria es suficiente para ser considerado grupo vulnerable, van a ser derogados”“Queremos que los venezolanos que se queden en Chile lo hagan porque le han ganado amor a este territorio, pero no porque no pueden volver a su propio país”
Prometer expulsiones masivas y la derogación de protecciones implica riesgo de violaciones de derechos fundamentales: expulsiones sin debido proceso, separación de familias, devolución a situaciones peligrosas (principio de no devolución/asilo).
El discurso diferencia migrantes “legales” vs “por la ventana”, pero usa lenguaje que facilita políticas sumarias: “los vamos a expulsar” sugiere medidas administrativas rápidas y de amplio alcance. La derogación de normas que reconocen vulnerabilidad migratoria es retroceso directo en protección a personas en riesgo (mujeres víctimas de violencia, niños, solicitantes de asilo).
Ley, orden, persecución y tolerancia cero (retórica punitiva)
“Vamos a perseguir, los vamos a identificar, lo vamos a castigar… a esa gente sin piedad, sin piedad”
“Vamos hasta las últimas consecuencias a imponer la ley y la Constitución”
“Vamos a buscar al que le puso la piedra en la mano… vamos a buscar al que le organiza el almuerzo… a esa gente sin piedad”
Kaiser promete una política securitaria con uso expansivo del aparato represivo: persecución logística y castigo sin matices, institucionalizando la lógica del enemigo interno y normaliza la intervención coercitiva del Estado.
La insistencia en “sin piedad” y “últimas consecuencias” es retórica que mina principios de proporcionalidad, debido proceso y presunción de inocencia.
Dado el contexto local (casos de violencia policial, denuncias de abuso), estos enunciados pueden traducirse en políticas que aumenten la represión y reduzcan garantías procesales.
Referencias explícitas a “soluciones extrajudiciales” y modelos autoritarios extranjeros
“Si tenemos el poder para hacerlo, vamos a conversar con Bukele a ver si tiene espacio en su cárcel”
“La última estación del Tren de Aragua va a ser una prisión salvadoreña, si nos dejan”
La mención directa de Bukele (quien ha sido señalado por medidas autoritarias) como modelo y la insinuación de “conversar… si nos dejan” para enviar presos fuera del país es altamente problemática: sugiere disposición a medidas de carácter extrajudicial o a cooperación con prácticas que han sido criticadas por violaciones de derechos.
Invocar cárceles de terceros Estados para “solucionar” problemas de criminalidad puede implicar prácticas de externalización del castigo y empujar a vías que el derecho internacional penal y de derechos humanos cuestiona, presentando riesgo de desaparición forzada, transferencia irregular de detenidos, ausencia de garantías, entre otros.
Culto al líder, mesianismo y lenguaje polarizante
Repetidas apelaciones al “nosotros” como depositarios de la nación, la frase “vamos a recuperar el país”, “nuestro gobierno” y la promesa de transformar la República.
Aunque menos explícito que en oradores previos, el discurso mantiene un liderazgo providencial: el candidato aparece como conductor de una misión nacional de “reconstrucción moral”.
La polarización (“pelea entre el bien y el mal”) y la insistencia en la pertenencia colectiva crean climas de identificación fuerte que pueden desactivar filtros críticos y legitimar decisiones autoritarias.
Economía y promesas fiscales: ambigüedad técnica y priorización ideológica
“Dominga se aprueba, se aprueban los 100 mil millones de dólares… para que se transformen en trabajo, en inversión y en impuestos”
“Tenemos por lo menos que tener un crecimiento 4,5 a 5 puntos por los próximos 20 años para poder financiar la PGU… la vamos a financiar”
Promesas de crecimiento sostenido y financiamiento de políticas sociales (PGU, postnatal ampliado) aparecen sin marco técnico claro: se combinan medidas de mercado con promesas redistributivas, pero sin explicar mecanismos verosímiles.
Tonos misóginos/paternalistas y rol de la mujer
“El eje de nuestro gobierno… que Chile se transforme en el mejor lugar del mundo para ser mamá”
“Porque sin niños no hay futuro… queremos un país lleno de cabros chicos…”
Promover la maternidad como “misión nacional” tiene matices positivos (apoyos a familias), pero también refuerza roles tradicionales si no viene acompañado de políticas que garanticen autonomía y derechos reproductivos.
La retórica está cargada de paternalismo y puede traducirse en políticas que incentiven maternidad sin considerar derechos reproductivos o la diversidad familiar.
Internacionalismo beligerante y amenazas geopolíticas
“Somos los únicos… dispuestos a respaldar cualquier acción de los Estados Unidos para liberar a la hermana República de Venezuela”
Ofrecer respaldo a intervenciones externas implica arriesgar la no intervención y la estabilidad regional, además de abrir la puerta a acciones militares o políticas que agraven tensiones diplomáticas.
Llamados al castigo de opositores políticos y cultura de impunidad selectiva
“A quienes están destruyendo nuestra educación pública, los liceos emblemáticos, no les quepa la menor duda de que los vamos a perseguir, los vamos a castigar”
“A todo aquel que quiera repetir… no se equivoquen porque aquí se van a encontrar con un carácter muy distinto… Vamos hasta las últimas consecuencias”
Promesas de “perseguir” a quienes ejercen protesta política o disenso equivalen a una amenaza contra la libertad de expresión y manifestación. El lenguaje no distingue entre acción ilegal y protesta legítima, lo que abre espacio para la criminalización de la protesta social.









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