Eva Van Kreimmer, autora maipucina sobre su nueva obra «Un Cuerpo Propio»: «Fingir ser alguien que no eres en el libro es una referencia directa al clóset»
Mientras el TID suele mostrarse como cliché de villano en el cine y la literatura, esta autora local decidió retratarlo desde la cotidianidad y el esfuerzo por encajar.

Entre los turnos de su trabajo como farmacéutica y sus entrenamientos de combate medieval, Eva Van Kreimmer encuentra el espacio para escribir. Tras publicar obras como Sybille y El asesino del Trauco, la autora maipucina regresa con Un cuerpo propio (Inti Ediciones), una novela que combina ciencia ficción, identidades diversas y un análisis crítico sobre la salud mental.
En esta entrevista, Van Kreimmer explora el Trastorno de Identidad Disociativa (TID) para abrir una pregunta incómoda y cercana: ¿Cuánto sacrificamos de nosotros mismos para encajar en la sociedad? Conversamos con la autora sobre su obra, la empatía en nuestros entornos y los desafíos de crear desde y para el territorio.
— Esta ya es tu tercera novela, ¿en qué medida Un cuerpo propio refleja tu crecimiento como escritora?
— Creo que en la parte técnica es donde más se evidencia, Un cuerpo propio implicó un trabajo narrativo muy particular, ya que debía lograr que cada alter se identificara sin interrumpir la narración indicándole al lector quién está hablando. Eso significó dar a cada alter una personalidad definida y que esta fuera identificable en sus diálogos. Además, respecto al formato, la novela se construye en nueve capítulos, donde los tres primeros van mostrando cada alter para introducirlos al lector a medida que se va desarrollando la historia. En el segundo tercio, tenemos los quiebres más importantes y, en el tercer tercio, la forma de sobrellevar esos quiebres es un poco matemático. También hay otras cosas interesantes, pequeñas referencias aquí y allá. Creo que los que son asiduos a la lectura descubrirán que no he dejado ningún cabo suelo.
— Planteas la idea de un cuerpo androide para abordar la identidad disociativa. ¿Sientes que la ciencia ficción chilena hoy puede retratar los dilemas de nuestras propias comunas y vecindarios?
— Siempre he dicho que la ciencia ficción es como la filosofía, pero más exequible, ya que permite tomar nuestra realidad y exagerarla o explotarla hasta que los conflictos que parecen nimios se vuelvan tan evidentes que no se puedan ignorar. En ese sentido, me parece que cada barrio se puede nutrir de la ciencia ficción. A mí que me gustan las distopias, no puedo dejar de pensar en el nuevo acueducto del canal Santa Marta como una entrada para criaturas ocultas como los “reptilianos” o como una vía de escape cuando el mundo colapse. Ese tipo de historias siempre son interesantes, aunque en Un Cuerpo Propio vengo con una historia con menos acción y más intimidad, con la que me parece que muchos nos podemos identificar. Después de todo, intentar pertenecer es propio de los humanos.
— Buscaste visibilizar el TID (Trastorno de Identidad Disociativa) con respeto y sin caer en clichés. ¿Cómo puede la literatura independiente ayudar a que se hable de salud mental con más empatía?
— Esta pregunta es clave, muchas veces como escritores nos dejamos llevar por la emoción de una historia y creo que hay que ir un poco más adelante. No solo preguntarse cómo este personaje o este trastorno ayuda a que la historia avance, sino cómo esta historia se proyecta en la realidad, porque la relación de la literatura con la realidad es bidireccional, se proyectan mutuamente y se nutren la una de la otra.
— Entonces, cuando yo construyo un personaje que sufre o vive un duelo, o tiene un trauma, etc. Procuro que no sea solo un elemento de “sabor” para la historia, sino la personificación de un estado real. El caso del TID era complicado porque todas las referencias tanto audiovisuales como literarias hablan desde el estereotipo, lo que ha convertido a las personas con este trastorno en los villanos de las historias. Por esto, mi primera intensión fue sacarlos de ese lugar y mostrar un poco de su mundo cotidiano, el esfuerzo por coordinarse, los mecanismos para comunicarse entre alters, cómo les afecta eso para socializar, etc. Mostrarlos como personas. Yo creo que ese es el camino con la salud mental, mostrar el panorama completo, no solo lo que impacta, porque los espacios cotidianos permiten la identificación y se abre el dialogo.
— Cuando un personaje con depresión, por ejemplo, se muestra solo desde el drama, la angustia y el abandono el lector puede identificarse o quizá no, por pensar “yo no estoy tan mal” y lo más seguro es que no lo comente con nadie, en cambio, si entre todo lo anterior se incluyen los días buenos, los esfuerzos por levantarse, la confusión y el cansancio que hacen que cada actividad diaria sea agotadora, se abren espacios, pequeños caminos que invitan a conversar. Y aunque puede que esta no sea la opinión general, creo que darse esos espacios no mata las historias, ni las vuelve más lentas, es solo cuestión de encontrar el equilibrio.
— Combinas ciencia ficción, temática LGBTIQ y suspenso. ¿Qué le ofrece Un cuerpo propio a las nuevas generaciones de lectores maipucinos que buscan historias ágiles, pero con contenido social?
— Hay algo muy bonito en Un cuerpo propio, y lo conversamos cuando lo presentamos en la pasada Furia del Libro, y es que no te das cuenta que estás leyendo una historia LGBTIQ hasta que ya estás completamente metido en la historia. En un cuerpo propio nuestro protagonista le oculta a la mayoría que padece TID, incluso algunos alter se hacen pasar por otros, literalmente fingiendo ser alguien que no son. Esta es una referencia directa al closet, pero también ha sido acogido por las personas neurodivergentes, como el proceso de masking que hacen para encajar. — En todos los casos se habla de un esfuerzo para no ser rechazados, pero al mismo tiempo sin perderse a uno mismo en el proceso y creo que eso es lo que lo hace tan llamativo, pues todos pasamos por eso en la adolescencia. No digo que todos hayamos tenido que salir del closet, seamos neurodivergentes u ocultemos un trastorno, pero todos pasamos por el proceso de encontrar el equilibro entre encajar en un grupo procurando no dejar de ser nosotros mismos.
Ahora si la pregunta es: ¿Qué ofrece Un cuerpo propio? Pues lo propio de cada una de mis obras, una historia breve, sin palabras de sobra, donde hay un eje central que no se detiene. En este caso, Pierce, nuestro sistema de siete alters que parece por fin haber coordinado a sus identidades para vivir una vida normal se enfrenta a la posibilidad de que uno de sus alters lo abandone para mudarse a un cuerpo androide. ¿Podrá la tecnología solucionar todos nuestros problemas? Creo que es una de las preguntas que nunca dejo de tensionar en mis obras, porque es una pregunta que resuena mucho en la actualidad.
— Pensando en la idea del «cuarto propio» para poder escribir, ¿cómo ves hoy las oportunidades para las y los jóvenes creadores de Maipú que quieren publicar en el circuito independiente?
— La literatura independiente es contradictoria, por un lado, se dice que estamos en nuestro peor momento por la saturación del mercado, la disminución del interés gubernamental por la cultura y el abuso de inteligencias artificiales generativas. Pero al mismo tiempo, se dice que estamos en el mejor momento, que nunca había sido tan fácil publicar y llegar a librerías como ahora, que hoy más que nunca hay ferias, imprentas, talleres y organizaciones para escritores independientes. Así que entre sumas y restas, yo creo que estamos en un momento tan bueno como cualquier otro y está bien, porque en general escribir y publicar son dos actividades diferentes. Siempre necesitamos escribir, la mayoría de los escritores somos incapaces de dejar de hacerlo, y espero que los nuevos escritores lo hagan porque les gusta, porque necesitan escribir sus propias historias. Publicar ya es otro asunto, pero por fortuna en Maipú tenemos un circuito bastante activo entre los escritores, con conversatorios y actividades en la biblioteca y ferias, siempre estamos dispuestos a sumar gente y las nuevas voces de la comuna siempre tienen la puerta abierta para integrarse.

Con Un cuerpo propio, Eva Van Kreimmer demuestra que la ciencia ficción chilena no solo sirve para imaginar futuros distantes, sino para examinar con minuciosidad las tensiones más íntimas del presente. Entre la precisión narrativa para dar voz al Trastorno de Identidad Disociativa, la autora ofrece una obra donde la salud mental, la neurodivergencia y la búsqueda de pertenencia dejan de ser meros recursos estilísticos para convertirse en puentes de empatía con el lector. Su testimonio reafirma que, en un ecosistema editorial en constante transformación, la literatura independiente sigue siendo un espacio vital e indispensable para habitar la diferencia, construir comunidad y reclamar, desde las palabras, un espacio y un cuerpo propio.
