Este lunes 5 de enero, la sede del Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel) recibió al presidente electo y una serie de tiendas políticas. En una ceremonia cargada de simbolismo, el órgano electoral proclamó oficialmente a José Antonio Kast (Partido Republicano) como el próximo Presidente de la República, tras su victoria en el balotaje del pasado 14 de diciembre. El acto no solo validó los 7,2 millones de votos que le dieron el triunfo, sino que también marcó el inicio formal de la transición hacia el 11 de marzo.
La cita congregó a las más altas autoridades del país. En las primeras filas se ubicaron los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, junto al presidente de la Corte Suprema y figuras clave de instituciones como el Banco Central y Carabineros. La diversidad política también fue un sello de la jornada; el republicano extendió invitaciones a todas las fuerzas con representación parlamentaria, logrando que figuras como Jaime Quintana (PPD) y Ximena Rincón (Demócratas) compartieran espacio en un gesto de normalidad institucional.

El Partido Comunista no quiso asistir
Sin embargo, el cuadro republicano no estuvo completo. La ausencia del Partido Comunista (PC) fue el gran tema de pasillo. Ni Lautaro Carmona ni la secretaría general de la colectividad asistieron al evento. Esta decisión contrastó con la postura de otros sectores del oficialismo, como el Frente Amplio, que envió a su secretario general, Andrés Couble, y el Partido Socialista, representado por su presidenta Paulina Vodanovic.
Una de las razones del Partido Comunista tiene raíces internacionales. Lautaro Carmona explicó en Radio Usach que la negativa responde a las recientes declaraciones de Kast sobre Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas de Estados Unidos, el presidente electo calificó el hecho como una “gran noticia”, algo que el PC interpretó como una validación de la intervención extranjera por sobre la autonomía de los Estados.
«Lamentamos mucho la posición del presidente electo», afirmó Carmona, señalando que esperaban que cualquier mandatario chileno, sin importar su color político, reivindicara la independencia del país y no actuara como una «colonia subordinada». Para el timonel del PC, las palabras de Kast en la víspera de la ceremonia hicieron imposible su asistencia.
Desde el actual oficialismo, las reacciones fueron cautas. El senador Jaime Quintana (PPD) evitó profundizar en la polémica, limitándose a señalar que la presencia de su partido respondía a un «compromiso republicano en el más amplio sentido». La idea de mantener las formas institucionales pareció primar en la mayoría de las colectividades de la centro-izquierda, que prefirieron no plegarse al desaire del PC.
Tras recibir el acta, en un punto de prensa, Kast optó por bajar el perfil al conflicto. El futuro gobernante calificó como «legítimo» que el PC manifieste sus diferencias, aunque subrayó que habrá otras instancias para buscar acuerdos. «No vamos a hacer un hecho político de esto», aseguró, intentando proyectar una imagen de liderazgo que está por encima de las rencillas partidarias y enfocado en las «urgencias sociales» que prometió abordar en campaña.
Kast también aprovechó la instancia para agradecer al Servel y al Tricel por la transparencia del proceso. En un gesto de cortesía, mencionó a su contendora en las urnas, Jeannette Jara (PC), valorando el hecho de que reconociera su derrota el mismo día de la elección. Este reconocimiento a Jara —quien fuera la carta de continuidad del actual gobierno— buscó suavizar la tensión con el mundo comunista, al menos en lo formal.
Respecto al choque de opiniones con el Presidente Gabriel Boric, quien condenó la acción estadounidense en Venezuela, Kast fue tajante al marcar los tiempos. «Hoy no soy presidente en ejercicio, soy electo», afirmó, respetando la conducción actual de las relaciones exteriores por parte de Boric, pero dejando claro que una vez que asuma el mando, la línea editorial del Palacio de La Moneda tendrá un giro sustancial en política internacional.
Un pequeño chascarro de José Antonio Kast
La ceremonia cerró con un pequeño percance que rompió el protocolo: al recibir su acta de proclamación, el papel se deslizó y cayó al suelo, siendo rápidamente recogido por el presidente del Tricel, Arturo Prado Puga. Más allá de la anécdota, el documento ya es oficial: Chile tiene un presidente electo que, entre gestos de apertura y ausencias ideológicas, comenzará a gobernar el país en apenas dos meses.









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