El cielo de Maipú no avisó. Lo que los pronósticos anunciaban como una lluvia estival de pocos milímetros, en cuestión de minutos, se convirtió en una pesadilla de lluvia, granizos, truenos y relámpagos, que desmanteló el hogar de una familia en el sector de Villa Los Héroes. Hoy, donde antes había habitaciones que albergaban a siete personas, solo queda el rastro de la humedad y el eco de los gritos de cinco niños que vieron cómo su hogar se desmoronaba.
Héctor, informático de profesión y Carolina, cantante urbana, ambos padres de la familia, caminan hoy entre escombros y paredes que exudan un olor penetrante a humedad. En su casa vivían siete personas: éllos y sus cinco hijos de 15, 13, 7, 5 y 2 años. «Aquí somos siete», dice Héctor con una entereza, que parece sostenerse apenas por la necesidad de reconstruir lo que costó años. El sábado pasado, la normalidad de su hogar desapareció.
«Empezó a caer granizo muy rápido. Nosotros pensábamos que eran gotas, pero dolían cuando impactaban contra la piel», relata Héctor. La casa, que estaba en proceso de ampliación para mejorar la calidad de vida de los niños, no resistió el embate de la tormenta que azotó a Maipú y dejó más de 1.000 viviendas con graves daños y pérdidas de enseres. Primero cedió una pieza, luego el ropero, las camas y la televisión. En pocos minutos, el agua y el hielo inundaron la cocina y las habitaciones de los más pequeños.

Cuando todo comenzó a desmoronarse
Un video captado por Héctor registró cuando ocurrió algo que jamás estuvo dentro de los planes de la familia: el cielo del hogar cayó completamente a sus pies, mientras colapsaba la estructura por la lluvia torrencial que caía.
La desesperación se apoderó de la escena cuando todo comenzó a colapsar. Héctor tuvo que refugiar a sus cinco hijos en la última habitación que aún mantenía algo de cobertura. «Esperamos que se cayera todo para poder sacar a los niños», recuerda. Afuera, el escenario era apocalíptico: truenos y relámpagos que remecían las casas y calles convertidas en verdaderos ríos imposibles de cruzar.
Mientras la casa se desplomaba, amigos y familiares intentaban llegar al lugar. Toño, constructor y amigo cercano, relató a La Voz de Maipú cómo un rayo impactó en un árbol a solo un metro de distancia del vehículo en el que se movilizaban. «Mi pareja se sacó los calcetines y yo la polera para limpiar los vidrios del auto, porque no se veía nada. Hacía un calor extraño, el aire no desempañaba», cuenta Toño, quien desde el domingo no ha soltado la soldadora para intentar levantar lo que el clima derribó.
«Mi casita»: El impacto emocional en los niños
El impacto emocional en los niños es, quizás, lo más difícil de abordar. Héctor cuenta con la voz quebrada cómo sus hijos de 13, 7 y 5 años gritaban desconsolados: «¡Nuestra casita, nuestra casita!». Para ellos, no eran solo paredes; era su espacio para jugar, donde crecieron, sus cuadernos, sus mochilas y su ropa, todo perdido bajo el agua y el barro.
«De las cinco piezas, queda una y media. Lo único que se salvó fue el baño», señala Héctor mientras muestra las paredes que colapsaron. La estructura de la vivienda está tan dañada que, al tocar los tubos o mover un mueble, el agua acumulada vuelve a caer.



Una familia que tuvo que dividirse para vivir
La familia ha tenido que disgregarse para poder vivir; los hijos están viviendo en casas de tías y amigos en La Florida y otros puntos de Maipú, porque su hogar ya no es un lugar seguro y es completamente inhabitable.

A pesar de la magnitud de la tragedia, la ayuda oficial ha sido casi simbólica. Héctor acudió a realizar la ficha FIBE con la esperanza de una respuesta acorde a la «extrema urgencia» que los mismos funcionarios reconocieron al ver los videos del desastre. Sin embargo, la respuesta se limitó a tres cortes de nylon. «Nos dijeron: ‘pongan el nylon por mientras, sé que no va a ayudar, pero…’», relata con resignación.
Una reconstrucción con escasa ayuda
La burocracia y la falta de empatía vecinal han sumado más dolor a la herida. Mientras Héctor y Toño trabajan contra el reloj para techar antes de que vuelvan las lluvias en invierno o incluso en verano, una vecina ha llamado repetidamente a Carabineros y a la Municipalidad para denunciar ruidos molestos por los trabajos dominicales. «Incluso inundados, ella manda a la Muni. Por suerte ellos vienen, se dan cuenta de que fue una catástrofe y entienden», explica el dueño de casa.

La prioridad actual, más allá de los materiales, es el retiro de escombros. La vereda y el patio están colmados de restos de lo que fue su casa, pero la municipalidad hasta el día lunes aún no enviaba camiones a la vivienda. «Llamamos para pagar nosotros mismos el retiro, pero nos dijeron que no estaban habilitados por la contingencia», comenta Héctor.
Las camas de los niños, aunque parezcan secas por encima, están empapadas en su base. «Sentí el olor, es como si hubiera hongos. Aquí no se pueden quedar por el frío y la humedad», dice Héctor mientras graba con su celular para dejar constancia de una pérdida que se siente en cada rincón de lo que era su hogar.
Toño, el amigo que ha puesto su mano de obra de forma gratuita, enfatiza que lo que más necesitan ahora son planchas de zinc y materiales para cerrar la estructura antes de que llegue el invierno. «Yo estoy poniendo la mano de obra, soldando la estructura, pero faltan las planchas. Nadie supo lo que venía», comenta el constructor, quien ha estado trabajando hasta pasadas las nueve de la noche cada día.
Para esta familia maipucina, el tiempo corre. Con el inicio del año escolar a la vuelta de la esquina, la meta es reunificar a los niños bajo un mismo techo. Héctor y su pareja duermen actualmente donde sus suegros, pero pasan cada hora del día en el terreno, removiendo fierros retorcidos y maderas podridas. «No nos queda otra que reconstruir, tenemos que avanzar», afirma con determinación.
El caso de Héctor es solo uno de los cientos que se replican en la comuna tras el último temporal, pero refleja la magnitud de la catástrofe.
«Aquí se ven los amigos, es la verdad», concluye Toño mirando a Héctor. La solidaridad de los pares ha sido fundamental en este proceso, mientras la familia espera que, algún día cercano, sus hijos dejen de decir que su casa «está fea» y puedan volver a llamarla hogar.
La familia está en busca de un espacio para realizar un bingo y así costear los arreglos
Carolina Molina, pareja de Héctor es cantante urbana desde 2009 (Instagram @Mussainlove_oficial) y busca un espacio para hacer un bingo a beneficio, ya que cuenta con todo el equipo de sonido y artistas dispuestos a participar, sin embargo, la imposibilidad de llevar a cabo el evento recae en la falta de un lugar para realizarlo.
Quienes deseen aportar a la familia, a continuación encontrarán los datos de Carolina, la madre de los cinco niños:
-Carolina Molina
-Cuenta RUT, Banco Estado
-Rut: 18.531.670-K









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