No tengo duda: en verano se lee más. Se nota mucho en la playa, esa escena bonita de dos personas compartiendo un libro como si estuvieran armando su propio club de lectura, a dos voces, sin apuro. Y sí: en las ferias artesanales del litoral central siempre aparece algún puesto de libros.
Esta crónica veraniega no es una defensa abstracta de “la lectura” como concepto: es una invitación concreta. En febrero, cuando el calor todavía aprieta y el año parece estar en pausa, propongo algo simple y poderoso: leer historias escritas por nuestros vecinos maipucinos. Textos hechos con lo más valioso que tenemos en común: la experiencia de vivir acá y las ganas de provocar una conversación entre quienes compartimos territorio. Porque Maipú también se narra desde adentro: no solo por sus hitos, sino por sus voces.
Hace algunos años tuve la suerte de dirigir talleres literarios abiertos y gratuitos para la comunidad, impulsados por la Municipalidad de Maipú. Hoy me quiero detener en dos experiencias que, a mi juicio, merecen ser reflotadas (y leídas) con calma.
La primera fue un taller ligado a la Biblioteca Municipal, del que nació la antología Maipú
Sobrenatural: cuentos que se mueven entre el suspenso y el terror, con historias situadas en nuestra comuna, en calles y rincones que reconocemos. Además, tuvo una edición física preciosa, trabajada con la supervisión de Olga Cartonera: ejemplares hechos a mano, únicos e irrepetibles. Literatura que, literalmente, se toca.
La segunda experiencia fue un taller junto al Departamento de Cuidados y Personas Mayores de Maipú. De ahí salió Vivencias de maipucinos, una antología donde vecinas y vecinos rescataron momentos significativos de su vida en la comuna, saltando en el tiempo desde 1955 hasta 2024. Leer esas páginas es viajar: no solo a un pasado “histórico”, sino a los detalles que sostienen la identidad de un barrio, de una familia, de una generación.
Ambas antologías tuvieron su merecida presentación en la Biblioteca Central, acompañadas por familiares, amistades y comunidad. Después, como suele pasar con muchas iniciativas locales, su circulación siguió por donde hoy circula la vida: WhatsApp y redes sociales. Y por eso mismo escribo esto: porque no corresponde que queden escondidas en un chat antiguo o perdidas entre historias de Instagram.
Son veinte vecinos maipucinos que se la jugaron por contar. Y quizá en esas páginas te encuentres a ti: en una calle, en un recuerdo, en un miedo compartido, en una anécdota que suena demasiado familiar.
Vas a imaginar, sí, pero también vas a viajar por lugares y tiempos maipucinos, de esos que parecen cotidianos hasta que alguien los escribe y los vuelve parte de nuestra memoria. Así que al final de esta crónica les dejamos para que puedan descargar: Maipú Sobrenatural y Vivencias de maipucinos. Léanse entre ustedes. Reconózcanse. Y, si pueden, compártanlas: un libro de barrio vive cuando circula.
Porque la memoria, al final, es uno de nuestros patrimonios más valiosos. Hay que cuidarla. Y si la cuidamos leyendo a los vecinos, en vacaciones, con el sol pegando afuera y el corazón más disponible… entonces no es solo una buena opción: es una forma de comunidad.
Acá te dejamos los textos de vecinos maipucinos










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