/ Juan Pablo Silva
21 de octubre de 2020

Opinión: Niñas desaparecidas en Chile

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La columna de hoy es un análisis sobre las niñas y niños que se pierden en Chile.

Según la PDI, el verano de 2019 hubo 716 denuncias. De estos, el 94% de los casos terminan encontrando a los desaparecidos. En un porcentaje menor, estos casos terminan con víctimas de delitos o en suicidio.

En Maipú es común ver solicitudes en redes sociales, pidiendo ayuda para encontrar personas perdidas.

Casos complejos porque nos obligan a compartir en redes sociales fotos de menores, pero que al mismo tiempo es necesario en la desesperación de buscar algún dato.

Recordemos el caso de Ámbar Cornejo, la adolescente de 16 años, quien salió de la casa de su tía una mañana para recoger la pensión alimenticia que le entregaba su padre a su madre. Y que nunca más volvió.

El caso de Ámbar es especialmente doloroso, debido a la crudeza de su muerte y su historia de vida. Pero de alguna manera es una alarma que se encendió y nos invita a repensar cómo podemos cuidar a las y los jóvenes, frente a abusos de adultos. Muchas veces los más cercanos.

Quizás a usted le sorprenda, pero en Chile hay del orden de 16.000 personas desaparecidas. Según las cifras que maneja la PDI, se pierden dos personas cada día y de ese total un 7% nunca es encontrada.

La situación es aún más cruda, sólo en la Región Metropolitana hay 359 cuerpos de fallecidos que no fueron reclamados ni entregados a sus familias.

La PDI tiene en su sitio web una larga lista de la personas que están perdidas. En esa galería de fotografías hay de todo, personas mayores, jóvenes, hombres, mujeres de distintos puntos del país. Todos tienen algo en común: alguien los espera en casa.

Mirando la lista, es posible encontrar casos como el de Scarlette Velásquez, una niña de tan sólo 15 años, que desapareció el 10 de enero de 2015.  O el de Lisette Ahonzo de 19 años, extraviada en el sector del Lago Peñuelas en Valparaíso.  Su desaparición fue informada el 10 de julio de 2017.

El llamado es a avisar donde vamos, tener protocolos en casa de autocuidado y sobre todo ser solidarios al momento de ayudar a compartir una imagen en redes sociales. Sólo un padre o una madre que ha perdido a su hijo, aunque sea por unas horas, sabe la angustia que se puede sentir.

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Juan Pablo Silva

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