Película El Guasón: Hay que agradecer que nuestros hijos no se maten a balazos en los colegios

Les habíamos prometido una editorial sobre Smapa, pero la verdad es que nos quedamos sin dinero. Nuestro patipelado medio tuvo que hacer un recorte de horas, y no nos alcanzó para hacer la investigación necesaria para el artículo.

Es es parte de lo que viven muchos emprendedores diariamente en Chile y nuestra comuna.

Pero en medio de esa precariedad, me invitaron a ver la película «El Guasón» o The Joker, y aprovechando la ocasión aquí van algunas reflexiones a modo de columna.

El guasón: un peligro para la sociedad

La película ha generado harta polémica, supuestamente por la violencia de sus escenas, pero también por el miedo a que algún descriteriado cometa una estupidez.

Esto llevó incluso a cerrar cines en EE.UU. Quizás suene algo exagerado para nosotros, pero estamos hablando del país donde han ocurrido el mayor número de tiroteos en los colegios a nivel mundial.

Un país donde solo en lo que va del año han habido 334 tiroteos masivos.

El documental «Bowling for Columbine» trata sobre la mascacre en un colegio en EE.UU. en 1999. Allí el director Michael Moore explica con peras y manzanas cómo la violencia está en el corazón mismo de ese país. En su documental,  se muestra  por ejemplo cómo los bancos de gringolandia entregan una escopeta como regalo por abrir una cuenta corriente.

Y sí, Los Estados Unidos es un país rico y próspero en muchos sentidos, pero también es un país con problemas.

Un país con 553.000 de vagabundos que recorren la ciudades sin hogar, y donde la salud pública está en permanente crisis.

Tanto es el impacto de «los sin casa» que incluso existe una arquitectura urbana anti-vagabundos con puntas y barrotes para evitar que duerman en la calle. Una tecnología hecha en EE.UU.

Arquitectura anti-vagabundos en EE.UU:

¿Cómo andamos por Casa?

La película el Guasón es una provocación que muestra los límites hasta los que una sociedad individualista, competitiva y despiadada puede generar en una persona vulnerable.

En este caso, se trata de una persona mentalmente enferma.

Por supuesto, es una película, y como toda película exagera  cosas. Santiago está lejos de ser Ciudad Gótica, pero no tanto.

Quizás para quienes hemos vivido en regiones nos es más fácil percibir una violencia incubada entre los santiaguinos.

Una violencia que explota de vez en cuando en peleas por subirse al metro entre patadas y combos, corriendo por llegar a la pega,  o entre conductores hiper estresados que se agarran a palos por algún choque en la calle.

Hay una sensación de agresividad en el ambiente, y que a quienes más afecta es a las personas más vulnerables.

Son ellos quienes corren con desventaja o tienen menos posibilidades de defenderse. Nos referimos, por mencionar a algunos, a los niños, los enfermos y las personas mayores.

Se dice que una sociedad se define por la manera como trata a los más débiles.

Pues bien, si juzgáramos a Chile por lo que pasa en el Sename, en los hospitales públicos o por las pensiones que reciben nuestros viejos,  una figura como la del guasón no suena tan descabellada (artísticamente hablando).

Una pequeña alarma se prendió en Puerto Montt en mayo de este año cuando un estudiante llevó un arma al colegio y disparó un balazo en el cuello a su compañero. El atacante usaba vestimenta militar y  llevaba una máscara de la serie La Casa de Papel.

Y ojo. En Chile no hay guasones, pero sí hay cisarros,  portonazos y detenciones ciudadanas al filo de la ley.

Lo extraño es que la violencia crece cada año a pesar de tener más carabineros y más presos que cualquier otro país de Latinoamérica.

Alguien tendrá en algún momento  que sentarse a pensar de dónde viene todo ese malestar social. Porque por más pastillas que nuestra sociedad siga tomando, mientras no se trate la enfermedad de fondo seguiremos dando vueltas en círculos.

Porque no hay que olvidar que las sociedades son volcanes activos que cada tanto explotan.

Una de esas «erupciones» ocurrió hace más de 80 años cuando el gobierno subió arbitrariamente el precio del pasaje del transporte, a propósito la próxima subida del pasaje del Transantiago. Fue la Revolución de la Chaucha.

Ocurrió también con la revolución pingüina, las marchas contra el cambio climático  o  las manifestaciones contra las AFP, como la de ayer mismo en Plaza Italia

Causas que  suman cientos de miles de personas en las calles que expresan su molestia.

¿Tendremos que esperar una explosión aún mayor para ver mejoras sustanciales en Chile?

Datos que preocupan

Hace poco en Maipú una vecina nos envió un mensaje, pidiendo ayuda para una señora que tenia dificultades mentales cerca de la plaza. En esa oportunidad, hablamos con personal de Carabineros, quienes nos señalaron que es poco lo que se puede hacer en esos casos.

Como diario no supimos qué hacer ante esta denuncia.

Y a propósito de la película, nos preguntamos cómo estamos tratando a nuestros hijos, a nuestros abuelos y a nuestros enfermos en Chile.

Según la UNICEF, un 25,9% de los niños y niñas es víctima de violencia física grave. Es decir, en Chile a 1 de cada 4 niños les sacan la cresta en la casa.

Pero es más: el 42,1% de los niños y niñas que son víctimas de violencia tienen una relación regular o mala con sus compañeros, mientras que el 49,4% que vive algún tipo violencia física ha repetido curso.

Un 24,1% de quienes han sido víctima de esta violencia ha consumido alcohol hasta emborracharse una o más veces en el mes.

Por otra parte,  el 23% de las enfermedades en Chile son mentales. Pero al mismo tiempo, un 80% de chilenos con enfermedades psiquiátricas no está diagnosticado.

Quizás parte del miedo a ser diagnosticado se relacione con que las personas con enfermedades mentales tienen una cesantía 7 veces mayor al resto de sus pares.

Pero eso no impidió que el 2018 las licencias por enfermedades mentales en Chile ocuparan el primer lugar con un 30% del gasto total según FONASA.

Y si estas cifras todavía no lo convencen escuche esta: el suicidio es la segunda causa de muerte entre los 10 y los 19 años en Chile.

Con esos datos a mano, cabe preguntarse a dónde va a parar toda esa rabia y frustración que se acumula en la gente desde pequeños.

Esperamos que no tenga que aparecer un guasón en nuestro país para descubrirlo.