/ Tomás Tapia
21 de marzo de 2026

Maipú también miró las estrellas: la historia del primer radio observatorio que puso a la comuna en el mapa científico

Antes de ALMA y los grandes telescopios del norte, en Maipú ya se estudiaba el universo. Durante cuatro décadas, un observatorio pionero captó señales del espacio y formó científicos, dejando un legado que hoy busca ser rescatado por la propia comunidad.
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Cada año se conmemora el Día de la Astronomía en Chile, una jornada que nos recuerda lo privilegiado que es el país al ser una de las potencias mundiales más importantes en observación astronómica.

Mucho antes de que los telescopios del norte posicionaran a Chile como una potencia mundial en astronomía, en Maipú ya se había intentado descifrar el universo a través de esta disciplina.

Con instalaciones como ALMA en el desierto de Atacama o el Very Large Telescope (VLT), el país concentra cerca del 40% de la capacidad astronómica mundial. Sin embargo, el Observatorio Radioastronómico de Maipú fue uno de los primeros pasos en ese camino.

¿Escuchar el universo?

Pero antes que todo, ¿Qué es la radioastronomía? Se denomina como una forma de observación astronómica que utiliza ondas de radio para generar imágenes.

En lugar de usar un telescopio con el que la mayoría está familiarizado, se utiliza un dispositivo llamado radiotelescopio, el que a través de ondas de radio logra identificar señales de galaxias lejanas, pulsares, radiación del fondo del universo, entre otras. En esta variación de la astronomía se trata más de «escuchar» que ver.

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Fue en 1932 cuando un hombre llamado Karl Jansky detectó por primera vez ondas de radio provenientes del centro de la Vía Láctea, marcando el origen de la radioastronomía. Tras la Segunda Guerra Mundial, científicos e ingenieros comenzaron a adaptar radares para estudiar el espacio, logrando expandirse en varios países, marcando así el boom de la radioastronomía durante 1950.

Pero en Chile no existía formalmente la carrera de astronomía durante esos años, las personas que trabajaban en observatorios eran usualmente físicos y matemáticos con escasa especialización en el estudio del universo.

La llegada a Chile y Maipú

Habiéndose masificado esta disciplina científica por el mundo y contando con una vista privilegiada a comparación de muchos países, Chile no se quedó atrás.

Apenas 27 años después del descubrimiento de la radioastronomía, en 1959 se construyó el Observatorio Radioastronómico de Maipú (ORAM), el primer observatorio de este tipo en Latinoamérica. La Universidad de Chile se encargó de este proyecto, apoyado por instituciones internacionales como University of Florida y la Carnegie Institution of Washington.

Ubicado en el sector de Rinconada, el observatorio se convirtió en un centro clave de investigación. Desde allí se estudiaron emisiones solares, púlsares y, especialmente, fenómenos asociados a Júpiter cuyas observaciones se extendieron por años.

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Foto de la Revista de la Universidad de Chile sobre el radio -observatorio.

«Fueron por un tiempo los únicos que observaban en muy baja frecuencia en el hemisferio sur, fue importante en el desarrollo de la radioastronomía regional», explica José Maza, astrónomo chileno.

Uno de sus proyectos más ambiciosos fue el mapeo del cielo austral a 45 MHz, un trabajo que tomó cerca de 15 años en completarse y que posteriormente se integró con datos del hemisferio norte para construir una visión completa del cielo en radiofrecuencia.

Pero su impacto no fue solo científico, sino también educativo. El ORAM permitió la formación de ingenieros y astrónomos chilenos, quienes años después terminarían involucrándose en proyectos científicos en Japón, Estados Unidos y Europa.

A pesar de haber traído la gloria astronómica a Chile, el funcionamiento del observatorio dependía de equipamientos donados y el esfuerzo de científicos. Tras 40 años, finalmente cerró sus puertas en 2001.

«Para el departamento de astronomía significaba un gasto más o menos grande porque había que pagar la cuenta de la luz, había que pagarle como a tres o cuatro personas (…) se decidió que mejor se le ponía candado», explica José Maza.

El hombre con la vista en las estrellas

Así como David Bowie le cantó al mundo sobre un hombre que vivía en las estrellas y observaba a la humanidad, hubo otro que logró otorgarle a Chile los instrumentos para realmente mirarle de vuelta.

Detrás de este impulso estuvo el astrónomo y Director del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad de Chile, Federico Rutllant, quien buscaba convertir esta nación en la capital astronómica de Latinoamérica.

Federico Rutllant
Federico Rutllant, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

Fue en 1950 cuando asumió la dirección del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) y llegó a ser más que solo un científico. Golpeó puertas, viajó al extranjero y convenció a la comunidad astronómica internacional de que este angosto pedacito de tierra llamado Chile tenía las condiciones ideales para observar el universo.

«El tipo fue director durante 13 años y las hizo todas (…) realmente, toda la astronomía moderna y contemporánea en Chile se debe a Federico Rutllant», explica el profesor Maza.

Su ambición no quedó solamente en poner en el mapa la radioastronomía en Chile, sino también la astrofísica.

«Convenció a los norteamericanos que vinieran a Chile, porque querían poner un telescopio en el sur y les dijo que aquí era el mejor lugar»

En ese convencimiento Rutllant apostó todo, los estadounidenses habían llegado a Chile y la primera impresión debía ser inolvidable. Se dirigió hacia otro personaje importante, Juan Gómez Millas, con quien mantenía una cercana amistad y que en aquellos años era el rector de la Universidad de Chile.

«Cuando vinieron los norteamericanos a ir a ver Tololo, fue a hablar con el rector y le dijo ‘oye, Juan, yo quiero que me compres un Impala, porque van a venir unos gringos y yo los quiero ir a buscar a Cerrillos en un Impala’ y Gómez Millas le dijo: ‘Oye, pero si yo que soy rector, no tengo un Impala. ¿Cómo te voy a comprar un Impala?’», explica el profesor Maza sobre la entretenida anécdota de Rutllant.

Y contra todo pronóstico, logró reunir el dinero suficiente para comprarse el aclamado Impala, pero no cualquiera, sino uno a» todo cachete» según el profesor. Bañado en un color dorado y con asientos de felpa roja, el Impala se llevó a los norteamericanos a recorrer cerros, el norte y Tololo, no quedó duda alguna, Chile debía tener grandes observatorios en el futuro.

Maipú vuelve a mirar las estrellas

Durante décadas, la historia del Observatorio Radioastronómico de Maipú permaneció prácticamente en silencio. Sin embargo, hoy hay quienes intentan volver a encender ese vínculo entre la comuna y el cielo.

Uno de ellos es Rodrigo Ponce, socio fundador del Club Astronómico Señales de Maipú y gestor de eventos como los encuentros gratuitos de observación realizados en Ciudad Satélite, donde vecinos se han reunido para mirar planetas, estrellas y aprender sobre el universo desde su propio territorio.

«Estaría bueno poder saber el lugar exacto del observatorio y hacer algo ahí, algo que sea para la identidad de la comuna, porque muchas personas en las actividades que he participado no tienen ni idea que existe eso y qué nivel de importancia tuvo«, explica Rodrigo Ponce, socio fundador del club astronómico “Señales de Maipú” y gestor de eventos astronómicos Astronomía Kentaurus.

Las propuestas van desde marcar el lugar donde estuvo el observatorio hasta proyectar espacios de divulgación y observación en sectores como la Quebrada de la Plata, porque antes de los grandes telescopios del norte, en Maipú ya se intentaba estudiar el universo. Y hoy, entre barrios y plazas, hay quienes vuelven a levantar la vista para continuar esa historia.

SOBRE EL AUTOR

Tomás Tapia

Periodista en Práctica

Admirador del Gato Gamboa, contador de historias y periodista en formación

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