Voy en octavo básico en un colegio sin continuidad hacia la enseñanza media, por lo cual tuve que postular a un liceo a través del Sistema de Admisión Escolar (SAE). No es un secreto que, durante años, este sistema ha generado críticas y debate en la población. Ahora, que fui parte de él, pude evidenciar lo nefasto que realmente es.
Se implementó con la suspuesta intención de fomentar una igualdad de oportunidades a la hora de postular a un colegio. Pero, ¿qué clase de «igualdad» es esta si a nosotros, los estudiantes, y a nuestros apoderados se nos priva del derecho y la libertad de elegir?
Podemos ver casos de miles de alumnos que no quedan en su establecimiento de preferencia; otros que, por descarte o por rellenar con opciones, son asignados a colegios que les quedan lejos o con mensualidades que no pueden pagar. O incluso, estudiantes que quedaron sin colegio o en lista de espera, como es mi caso.
A nosotros, ¿quién nos asegura una asignación justa y el derecho a recibir una educación de calidad?
Pienso que el SAE ha significado un retroceso en la educación pública en Chile. Sería mucho mejor que el Estado se preocupara de mejorar la calidad y los recursos de los colegios del país, y de asegurar que existan los suficientes para todos.
Una verdadera igualdad sería que todos los establecimientos tuvieran las mismas buenas condiciones para los alumnos, quienes deberían poder elegir a cuál ir, y no una tómbola que asigne los cupos de forma aleatoria y arbitraria.









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