/ Andrés Kogan Valderrama
20 de febrero de 2026

Therians: Búsqueda de identidad y uso instrumental por parte de la ultraderecha

La therianthropy, una compleja respuesta identitaria a la crisis global, es instrumentalizada por la ultraderecha para deslegitimar derechos LGTBIQ+ y animalistas, y afianzar su agenda reaccionaria.
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A propósito de la irrupción en redes sociales de los llamados therians, me parece interesante reflexionar no solo sobre este fenómeno identitario —que surge en distintos países como respuesta a la pérdida de sentido ante la crisis climática y civilizatoria—, sino también sobre el uso instrumental que la ultraderecha está dando a este tema para ridiculizar y deslegitimar derechos.

La therianthropy —la identificación profunda, subjetiva o espiritual de ciertas personas con animales no humanos (lobos, zorros, perros, gatos, entre otros)— no es un simple capricho excéntrico, una moda pasajera ni el resultado de una patología individual. Más bien constituye un síntoma de una crisis global de incertidumbre, amplificada por la hiperdigitalización, en un contexto donde las identidades tradicionales han perdido fuerza frente a un mundo cada vez más individualista, acelerado y saturado de estímulos.

Sin embargo, al mismo tiempo, la visibilidad de las personas therians se ha convertido en un blanco perfecto para la ultraderecha contemporánea. Este sector político lo instrumentaliza para ridiculizar las identidades de género no binarias, las personas trans y las luchas por los derechos de los animales no humanos y de la naturaleza, perpetuando una agenda reaccionaria sustentada en un biologicismo patriarcal, antropocéntrico y especista que solo busca naturalizar desigualdades y exclusiones.

Centrarse únicamente en la therianthropy como un debate sobre “nuevas tribus juveniles” o el papel de su viralización en redes —tal como lo hacen buena parte de los medios— contribuye a despolitizar la discusión e invisibiliza el uso estratégico que la ultraderecha está haciendo de este fenómeno. Para ellos, forma parte de su retórica fanática contra el llamado “globalismo”, el “marxismo cultural”, el “progresismo” y la “ideología de género”.

No es casualidad, por tanto, que figuras como Agustín Laje, Axel Kaiser o Emmanuel Danann ridiculicen a los therians comparándolos con las identidades de género no binarias o trans. Frases del tipo “si puedes autopercibirte como gato, ¿por qué no como lavadora?” se emplean sistemáticamente para deslegitimar las luchas LGTBIQ+, presentando toda exploración identitaria como absurda o “woke”. Esta falacia pretende erosionar los avances en derechos de género y diversidad sexual, caricaturizando la diversidad como una amenaza al supuesto “orden natural”.

En la misma línea, utilizan este discurso dentro de su “batalla cultural” para atacar leyes de identidad de género, advirtiendo que “pronto permitiremos casarnos con animales” si no se frena esta supuesta “locura”. De igual modo, vinculan a los therians con el activismo animalista y ecologista para desacreditarlo, presentando a quienes defienden derechos no humanos como “extremistas” o “antropófobos” que priorizan a los animales y los bosques sobre las personas.

De esta forma, al burlarse de quienes se identifican con animales, justifican políticas extractivistas (deforestación, ganadería intensiva, etc.) y descalifican de paso a movimientos feministas, ecologistas y animalistas, tildándolos de ridículos y extremos, cuando lo que buscan estos es precisamente un mundo más sostenible, empático e igualitario.

En un mundo donde la crisis climática y civilizatoria exige repensar urgentemente nuestra relación con lo no humano, esta ridiculización distrae del verdadero problema: el capitalismo depredador que explota tanto a humanos como a animales y ecosistemas. Así, los therians terminan siendo utilizados por la ultraderecha como herramienta para reforzar su discurso de odio y su agenda antiderechos.

En síntesis: la therianthropy no es un mero capricho juvenil, sino una respuesta identitaria a un mundo en profunda crisis. Es cierto que las redes la amplifican y la sobredimensionan, pero la ultraderecha la instrumentaliza para atacar identidades disidentes y derechos ya conquistados, así como para tapar reformas que solo nos hacen retroceder, como la aprobada en el senado en Argentina con Milei en el ámbito laboral, que precarizan aún más a las y los trabajadores.

SOBRE EL AUTOR

Andrés Kogan Valderrama

Sociólogo

Andrés Kogan Valderrama es sociólogo y Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable. Actualmente se encuentra realizando un Diplomatura en Masculinidades y Cambio Social. Además es Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea. Con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina.

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Una respuesta a «Therians: Búsqueda de identidad y uso instrumental por parte de la ultraderecha»

  1. Avatar de RICARDO ESTEBAN CORNEJO ARRIAGADA
    RICARDO ESTEBAN CORNEJO ARRIAGADA

    Una primera objeción psicológica sería cuestionar la sobredeterminación estructural. No todo fenómeno emergente en redes es expresión directa del “capitalismo depredador”. Desde la psicología del desarrollo, sabemos —desde Erik Erikson— que la adolescencia implica una fase de moratoria psicosocial: exploración intensa de identidades posibles. La experimentación simbólica no es nueva; lo nuevo es TikTok. Lo que antes eran tribus urbanas (punks, emos, góticos), hoy puede tomar la forma de identidades digitales hiperestetizadas. Como diría Zygmunt Bauman en modernidad líquida: las identidades contemporáneas son más flexibles, pero también más frágiles. Eso no implica necesariamente que cada autoidentificación sea un manifiesto ecológico inconsciente. A veces una máscara es solo una máscara y a veces un zorro es solo un filtro. Desde la psicología clínica y social, la therianthropy contemporánea no aparece clasificada como trastorno en el DSM-5 ni en la CIE-11. No existe evidencia robusta que la vincule sistemáticamente con psicopatología. Pero tampoco hay evidencia sólida de que constituya un movimiento político estructurado con conciencia ecológica articulada. Podría entenderse mejor bajo tres marcos: 1.Exploración identitaria simbólica, 2. Performatividad digital (a lo Judith Butler, aunque ella no pensó en zorros con GoPro), 3. Búsqueda de pertenencia en comunidades online. La teoría de identidad social de Henri Tajfel muestra que la pertenencia grupal reduce ansiedad e incrementa autoestima. En contextos de incertidumbre, las micro-comunidades ofrecen contención. Eso no las convierte automáticamente en resistencia anticapitalista. Hay un fenómeno psicológico bien documentado: la tendencia a la explicación macro-totalizante cuando un fenómeno genera inquietud cultural. Como advierte Jonathan Haidt, las culturas polarizadas tienden a moralizar rápidamente fenómenos ambiguos. El riesgo del argumento original es doble:
    Atribuye causalidad estructural directa (crisis climática → therianthropy).
    Homogeneiza a quienes se identifican como therians bajo un relato político que quizá no comparten.
    Paradójicamente, eso puede instrumentalizarlos tanto como la ultraderecha.
    Por ultimo, la ultraderecha y la caricaturización; aquí sí hay evidencia más clara: los movimientos populistas contemporáneos utilizan lo que la psicología política denomina “estrategias de ridiculización simbólica”, Autores como Karen Stenner muestran que sectores autoritarios reaccionan ante ambigüedad normativa con necesidad de orden y categorización rígida. La frase “si puedes autopercibirte como gato…” es una falacia de pendiente resbaladiza clásica. No es un argumento psicológico; es retórico. Pero ojo: que la ultraderecha instrumentalice algo no convierte automáticamente ese algo en fenómeno emancipador, a veces es simplemente un fenómeno cultural que sirve como munición simbólica.

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