Macarena Urbina, la «Tía Makita» de Maipú: «La fórmula perfecta de criar es solo el amor; yo no iba a nublar la felicidad de mi hijo»
Madre de cuatro hijos —entre ellos Kidd Voodoo— y creadora de "Mamá al reskate", repasa su vida en La Farfana, el costo íntimo de la exposición y su rol como refugio emocional para jóvenes y madres que buscan contención sin ser juzgados.
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El cielo sobre Maipú luce nublado y corre un viento helado, pero en el Parque El Rosal la atmósfera cambia apenas aparece Macarena Urbina (48). Llega sonriente, conversadora y afectuosa desde el primer instante, acompañada por dos personas de su círculo, entre ellas su camarógrafo, quien sigue de cerca cada encuadre y movimiento técnico de la conversación. No es un lugar escogido por casualidad: en estas mismas áreas verdes paseó a sus cuatro hijos cuando eran pequeños y, justo enfrente, se levanta el Colegio Alicante del Rosal, el establecimiento que los educó y que articula la memoria cotidiana de su vida en el barrio.
“Mis papás se cambiaron desde Santiago Centro para acá cuando yo tenía 19 años. Cuando inicié mi proyecto de familia nunca quise irme por la cercanía que tengo con ellos y con mis hermanos; son más de 20 años en la misma villa (...) Este colegio es súper familiar, está al medio de la villa y la mayoría estudia acá. Mis cuatro hijos estuvieron aquí por la cercanía, porque yo soy mamá aprensiva. Es un barrio tranquilo”, recuerda mientras camina por el parque.
Aunque hoy miles de personas la identifican en plataformas digitales como la “Tía Makita” —con una comunidad fiel a la que llama “Los Malitos” y un alcance masivo en TikTok e Instagram—, su presencia en las calles de la comuna sigue anclada a lo cotidiano. Los jóvenes la reconocen de inmediato, le piden fotos o le dan abrazos espontáneos. Con su primogénito, David León —conocido en la escena de la música urbana como Kidd Voodoo—, transitar libremente ya no es tan simple, aunque el arraigo sigue intacto:
“La última vez fuimos al supermercado que está al frente. Yo le pregunté: '¿Seguro?'. Y él me dijo: 'Este es mi barrio, yo nací acá'. Le tiene un cariño especial y lo hacemos igual”.

Foto: Tía Makita y sus cuatro hijos
El nacimiento de una comunidad y el refugio de “Mamás al reskate”
Las primeras apariciones públicas de Macarena no se dieron por el éxito musical de David, sino a través de las transmisiones de Felipe, su segundo hijo, quien hoy también incursiona en el canto y hace los coros de la banda.
—Él se manejaba harto en TikTok y me presentó a su gente. Ahí me di cuenta de que podía ser un soporte para los jóvenes, porque tengo cuatro hijos, experiencia tengo. Empecé a hacer mis propios lives y nos fuimos encariñando. En plena pandemia vi que había mucho adolescente con problemas en sus casas y sobre todo de salud mental”, relata.
Con el tiempo, sintió la necesidad de abrir otro espacio, motivada por su propia historia. Tras hacerse pública su separación matrimonial a raíz de las vivencias que su propio hijo abordó en el disco Euforia, decidió tender una mano a otras mujeres a través de un canal exclusivo llamado «Mamás al reskate».
—Tengo dos grupos en Instagram. Uno que es de mis makitos que son de todo tipo de edad y otro que es de mamás (…) Por algún motivo las mamás me piden consejos de crianza. Ellas sienten que el David es muy buena persona, tiene un ángel lindo, que se sabe comportar, que es buena gente, y es verdad. Entonces dicen, 'detrás de él estuviste tú, por lo tanto nosotros vamos a ti. ¿Qué es lo que hiciste? ¿Cuál es la fórmula?'. Y cuando me preguntan quedo pensando porque no tengo una fórmula (…) yo creo que la fórmula perfecta es solamente el amor que uno le tiene al otro”, sostiene con convicción.
La maternidad le llegó temprano, casi de golpe. Macarena estudió Administración de Empresas en Finanzas, alcanzando a realizar su práctica profesional antes de titularse.
—La sorpresa de mi primer embarazo fue grande, porque realmente yo no buscaba embarazarme (…) Por más que no estaba programado, lo amé al tiro. Pero fue difícil. Yo tenía 20 años y ahí uno no sabe mucho qué hacer. Yo estaba terminando la universidad, estaba perdida, pero también sabía que tenía ese lado maternal desarrollado de siempre. Entonces, dije, 'aquí lo voy a dar todo'. Y lo di todo. Pero no contaba con que me iba a embarazar al año después y así sucesivamente. Fue difícil.
“Yo digo que Diosito se apiadó de mí porque si no no hubiese podido”.
En ese camino formativo, inculcó un principio que considera intransable: la empatía.
—Mientras puedas ponerte en el lugar del otro y entenderlo sin juzgar, todo funciona. Yo no me meto en la vida de nadie y me molesta cuando se meten en la mía. Les enseñé a respetar a todo el mundo por el solo hecho de ser personas. En el mundo en que viven hoy mis hijos, que a veces es bien crudo con los cantantes, esa base que construimos es lo que hoy los sostiene de buena forma.

El salto a la música y el peso de verlos volar
La irrupción artística en la familia no comenzó con el fenómeno urbano. David componía desde los 13 años con su banda de rock, mientras su madre lo acompañaba a cada ensayo como un pasatiempo juvenil. El punto de inflexión vino al momento de ingresar a la universidad.
—Rindió la prueba, le fue bien para estudiar lo que quisiera, pero me dijo: 'Me quiero dedicar a la música, ¿tú me apoyas?'. Me hizo un recuento de lo difícil que había sido su adolescencia con la depresión y yo no pude decirle que no. Le dije: 'Te doy un año y demuéstrame que esto te llena'. Y lo demostró con creces.
“Y lo apoye en todo, hasta el día de hoy (…) Yo no quería ser la culpable de no dejarlo hacer lo que amaba”, enfatiza.
Sin embargo, el éxito del género urbano vino acompañado de reglas familiares claras que Macarena impuso de inmediato:
—Le dije: 'Usted quiere ser cantante urbano, pero vamos a poner reglas: no puedes hablar de las mujeres de mala forma, ni de armas, ni de drogas, porque no es nuestra realidad y no vamos a incentivar eso'. Él me respondió: 'Mamá, lo mío es el desamor'. Y por eso la gente conecta con él.
Pese al orgullo indiscutible que siente por las presentaciones masivas y los conciertos repletos, la distancia física y las giras internacionales dejan una marca compleja.
—Si tuviera que resumir cómo vivo que viaje tanto, lo digo en una sola palabra: tristeza. Muchos dirán '¿cómo tristeza si está brillando?'. Estoy muy feliz de que la vida le haya dado la oportunidad, pero lo extraño tanto. (…) Cada vez que me dice que viaja, nunca le muestro mi pena; le digo 'vamos con todo', pero por dentro sufro porque se va de nuevo.
El camino ahora lo recorre también junto a Felipe, quien recientemente teloneó los tres conciertos de Arcángel en el país y continúa lanzando material propio.
—A Felipe siempre le gustó la música, pero era más inseguro. Ahora tomó la decisión con el respaldo de su hermano y ya estoy más preparada para acompañarlo. Mi tercer hijo estudia una carrera tradicional y mi hija menor tiene 18 años, así que se puede tomar su tiempo.
“Estoy orgullosa de los cuatro por igual”.

Foto: Tía Makita
El costo de callar y el desafío de reencontrarse
La separación matrimonial expuesta públicamente en las canciones de Euforia marcó un antes y un después en su vida. Aunque al inicio temió al chisme, reconoce que sirvió para transparentar su nueva etapa y validar el dolor de muchas mujeres.
—Las que somos solo dueñas de casa sentimos mucho miedo de separarnos. Te preguntas cómo lo vas a hacer. Mis cuatro hijos me respaldaron por completo (…) Con su papá las cosas no resultaron como pareja, pero los hijos son los hijos y nunca les mezclé los problemas (…) Los liberas de una incomodidad gigante que no les corresponde.
El tema que David le dedicó en ese álbum, titulado Llorar, sintetiza años de contención silenciosa.
—Cuando me mandó el tema pensé que era un reguetón para bailar y terminé llorando un mes entero; la primera noche no dormí nada (…) En mi tema dice que yo me escondía para llorar, y es verdad. Siempre me escondí para no sumarles una preocupación (…) Yo soy de esas mamás que restan problemas en vez de sumarlos. Me acostumbré a eso, aunque hoy ya no lloro nada de lo que lloraba antes y estoy aprendiendo a creer en mí.
Ese proceso de redescubrimiento no ha estado exento de dudas. Tras dos décadas dedicadas exclusivamente a sus hijos, Macarena reconoce enfrentar el vértigo del nido vacío:
—Pasaron 20 años postergando mi vida personal y laboral, y cuando crecieron sentí un vacío gigante. Me vi diciendo: '¿Y ahora qué hago?'. Todavía estoy en esa búsqueda.
“Yo arrastro muchas inseguridades y culpas, pero aprendí a transformar esa debilidad en una herramienta para entender a otra persona que esté en mi condición”.
Hacia el futuro, proyecta dar un salto desde las redes sociales hacia la acción presencial, con el anhelo de crear una fundación enfocada en jóvenes en situación de calle o afectados por crisis agudas de salud mental.
—Quiero apuntar hacia allá. Sé que podemos tener alguna fundación donde pueda llegar la gente que se siente destruida. Yo he estado con gente que ha querido no existir. Y me ha pasado desde mucho tiempo. No ahora que soy la Tía Makita.
“Yo creo que la clave es estar (…) De que le den oído, que les den la confianza de hablar lo que quieran, que no los retén porque están tristes o porque están llorando (…) El amor es la clave de una mamá hacia un hijo. El amor, yo creo que mueve todo eso y te va a ir indicando”.

Foto: Tía Makita

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