Alicia Medina Flores, oriunda de Maipú, es una autora cuya relación con la palabra escrita comenzó como un impulso vital desde la infancia. Lo que inició a los nueve años como una necesidad de dar cauce a sus ideas en cuadernos y diarios de vida, se transformó con el tiempo en una vocación ineludible.
Aunque su trayectoria atravesó los silencios naturales de la maternidad y los vaivenes del tiempo, fue al cumplir los cuarenta años cuando su escritura adquirió una nueva gravedad y compromiso, convirtiendo cada verso en un acto de descubrimiento personal.
Tras superar el desafío de su primera publicación, Alicia consolidó una voz propia y decidida que la ha llevado a publicar cinco obras hasta la fecha. Actualmente, se encuentra en pleno proceso creativo de su séptimo libro, un proyecto que, en sus propias palabras, nace desde lo más profundo de su sensibilidad y que aún continúa madurando.
– Tu nuevo libro se titula Poesía nuestra que estás en la tierra: ¿qué sentido tiene para ti ese nombre y qué idea de poesía quieres compartir con los lectores a través de él?
– Poesía nuestra que estás en la tierra, es un agradecimiento a lo que habita en mí, un agradecimiento a la vida, a la creación. Cuando uno decide publicar un libro, acomoda las temáticas, busca imágenes que concuerden con el ánimo con el que nacieron desde la tinta. No sé si hay mucha preocupación por cómo lo recibirán los lectores, es muy amplia la gama de sentimientos y preferencias de parte del lector, yo creo que lo que a uno le interesa es que llegue, se introduzca en el día a día y de vueltas, tal vez incomode hasta transformarse en algo insoportable y luego pase o se quede, todo puede ser.
– En tu trabajo parece haber un vínculo muy fuerte entre sensibilidad y memoria. ¿De qué manera tus recuerdos, experiencias o territorios vividos han ido dando forma a tu escritura y a tus collages?
– Yo creo que la poesía se conforma de cada una de nuestras células, de su multiplicación y muerte en un momento dado, es la vida paralela, la oscuridad tras mi espalda, la garra que despierta no importando la hora. Emerge, se embriaga y deja escapar figuras, formas y colores, los que van a ir a parar a una hoja sin líneas. Los collages son mundos reconstruidos, algunos mal hechos, deformes, pero no duelen, no molestan, es como abrir la ventana y ver al revés.
– ¿Qué encuentras en el collage como lenguaje artístico que quizá no siempre puede decirse solo con palabras?
– El collages encierra en sí, lo que ha de venir, no sé, es como pensar que de un círculo afloraran dos triángulos, te premia con la forma, el color, el blanco y negro. La palabra el temblor, la lágrima en vivo, un parto eterno, una convulsión ante la imagen.
– ¿Cómo dialogan tus poemas con tus imágenes? ¿Sientes que ambos nacen del mismo impulso creativo o que cada uno revela una parte distinta de ti?
– Algunos poemas dialogan, pero creo que a ellos les gusta ser únicos, al igual que los collages. Ellos son únicos y sólo únicos, muchas veces, o la gran mayoría de las veces, corren por pistas personales, con colores propios.
– Como autora maipucina, ¿Qué importancia tiene para ti presentar tu obra ante la comunidad y qué esperas provocar en los vecinos que se acerquen a conocerla?
– Bueno, respirar y transitar por estos espacios es lo que nos estimula a escribir y escribir páginas, unas desde lo terrenal, otras diálogos almísticos que se estrellan entre las manos de quienes las adquieren. Creo que el que se acerca a un libro siempre tiene un nudo en la garganta y un vacío en el estómago, y que hojear un libro es como el agua bendita.
– Para quienes todavía no conocen tu trabajo, ¿Qué emoción, pregunta o reflexión te gustaría que se llevaran después de leer tu libro y recorrer tu muestra de collages?
– Creo que lo que uno espera en esos momentos es despertar un apetito milenario, un apetito por momentos animal, un momento que entorpezca la calma, una visión de un mundo que por instantes digan o sugieran, esto ya lo vi, lo olí, sé que en algún sueño lo percibí.
La obra de Alicia Medina Flores no busca la complacencia, sino el encuentro genuino a través de la herida y la reconstrucción. Entre el temblor de la palabra y la libertad plástica del collage, la autora nos entrega un mapa de su propia madurez creativa, invitándonos a habitar un mundo donde el arte actúa para calmar los vacíos del alma.
