En Las playas siempre están vacías en invierno, Amaro Mandolini nos invita a transitar un territorio donde el paisaje no es solo decorado, sino un estado del alma. La novela se articula como una road movie introspectiva que recorre la geografía chilena, desde la ruralidad de Peñaflor hasta la desembocadura de los ríos, pero el verdadero viaje ocurre en la memoria fragmentada de sus protagonistas.
A través de una prosa cuidada y una estructura que imita el mecanismo del trauma, Mandolini aborda la pérdida y la enfermedad sin caer en el sentimentalismo. Es una obra que dialoga con la tradición de la narrativa de la memoria y la literatura queer, pero que logra desprenderse de las etiquetas para hablarnos de algo mucho más vasto: la dificultad de decir adiós y la persistencia de los afectos en un mundo que parece desvanecerse.
Diálogo con Amaro Mandolini

I. El origen y la arquitectura del relato
Jessy: Tu libro tiene un título muy poético y sugerente: Las playas siempre están vacías en invierno. Los títulos largos no siempre son comunes hoy en día, ¿cómo llegaste a él?
Amaro: El título fue mutando. Al principio se llamaba Un nombre grabado en el granito, luego pensé en El rey de las ratas por una escena simbólica. Sin embargo, cuando decidí darle a la historia la estructura de un viaje, la playa cobró fuerza. La frase apareció sola mientras escribía; me resonó tanto que decidí que ese debía ser el nombre. Calzó perfecto con la atmósfera de la historia.
Jessy: Esta es tu «ópera prima». ¿De dónde surge la necesidad de contar esta historia?
Amaro: Nace de una pulsión básica tras una situación personal muy dura. Volví a casa de mi madre y tenía todo embalado. Solo tenía mi teléfono celular. Empecé a escribir ahí para no perder las ideas que me generaba el dolor. Al principio fue algo terapéutico, una catarsis, pero luego hice el trabajo de darle un giro literario y ficcionalizar esa experiencia para que dejara de ser «mía» y pasara a ser de los personajes.
II. Estructura narrativa: La segunda persona y el trauma
Jessy: Un punto que me fascina es que la novela está narrada en segunda persona. Es una estrategia poco usual y valiente. ¿Por qué esa elección?
Amaro: Quería interpelar directamente al lector. Tuve influencias claras: Limpia de Alia Trabucco y La cápsula del tiempo. Al usar el «tú», Félix (el protagonista) le habla al lector, pero también se habla a sí mismo en un desdoblamiento constante.
Jessy: También hay una relación técnica entre la forma del libro y la memoria. ¿Cómo trabajaste eso?
Amaro: La estructura de la novela imita la estructura del trauma. El cerebro, por autodefensa, fragmenta los recuerdos dolorosos y deja espacios en blanco. Quería que el libro fuera así: fragmentado, con un narrador que a veces miente o se desdice, porque cuando contamos nuestra historia, siempre contamos nuestra propia versión.
III. El canon personal e intertextual
Jessy: Entremos en la literatura pura. ¿Cuáles son esos libros de cabecera que te habitan?
Amaro: Mi gran referente es la «Divina Comedia» de Dante. Es el viaje por excelencia y su juego mítico-religioso me parece brillante. Otro es «La caverna de las ideas» de José Carlos Somoza; un libro que juega con manuscritos griegos y notas al pie que devoran la narración. Es un ejercicio de metaliteratura increíble.
Jessy: ¿Y qué títulos fueron clave para esta novela específicamente?
Amaro: * «Frazadas del Estadio Nacional» de Jorge Montealegre: Fundamental para entender el testimonio y cómo lo simbólico se mezcla con lo histórico.
- «El Colibrí» de Sandro Veronesi: Me influyó en la construcción de Félix y la idea de la resiliencia.
- «Salón de belleza» de Mario Bellatin: Me enseñó a tratar la enfermedad de manera respetuosa, sin nombrarla directamente para evitar que el texto se vuelva un informe médico.
IV. Literatura Queer y Memoria Histórica
Jessy: Tu novela dialoga con la tradición LGBTIQ+, pero no se queda en el nicho. ¿Cómo abordaste la identidad?
Amaro: Quería que fuera una historia queer donde el conflicto no fuera la orientación sexual. No es una historia de «descubrimiento». Félix y Luis son una pareja adulta. Quería que sus problemas fueran universales: el tiempo, la pérdida, la enfermedad. El cine también ayudó: la película peruana Contracorriente y el tono sensitivo de Llame por su nombre de André Aciman.
Jessy: También hay un trasfondo de memoria histórica chilena. ¿Cómo se cruza eso con la trama íntima?
Amaro: Los personajes vienen de familias con visiones políticas distintas. Quería mostrar cómo los eventos del 73 tocaron a las familias de forma personal (bombardeos, persecución sindical) y cómo esa tensión histórica es encarnada por ellos en el presente. La historia del país es, al final, la historia de nuestras familias.
V. El cierre del proceso
Jessy: ¿Cómo fue el salto de ese borrador en el celular al libro editado por Inti?
Amaro: Fue un trabajo de cuatro años. Ganar el concurso de Inti fue una sorpresa total. El editor, Franco, me ayudó a profundizar en la parte sensitiva. Pasé de una escritura de «pulsión» a un trabajo meticuloso de orfebre.
Jessy: Amaro, ha sido un lujo analizar la arquitectura de tu relato. Muchas gracias por estar en «Hilos de Tinta».
Amaro: Gracias a ti, Jessi. Como siempre, es un placer conversar de libros contigo.
Esta entrevista fue realizada originalmente para Hilos de Tinta , el podcast de literatura conducido por la doctora y escritora Jessenia Chamorro Salas , y se publica en La Voz de Maipú en el marco de una colaboración con su segunda temporada.









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