El próximo 11 de marzo de 2026 marcará un hito histórico en la política chilena. Ximena Lincolao Pilquián (57), reconocida en los círculos globales de innovación como la «Titán de la Tecnología», regresará a su país para asumir la cartera del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación bajo el nuevo gobierno de José Antonio Kast. Su nombramiento no solo destaca por su brillante trayectoria en Estados Unidos, sino por el simbolismo de ser la primera mujer mapuche en alcanzar el rango de ministra en la historia de la República.
Aunque nació en el centro de Santiago, la identidad de Ximena se forjó en la zona poniente de la capital. Tras un breve paso por La Florida, su familia se estableció en la Villa General Baquedano, en Maipú, donde vivió gran parte de su juventud. Hija de un vendedor de ferretería y una dedicada dueña de casa, Ximena cursó toda su enseñanza media en el Liceo Maipú Alcalde Gonzalo Pérez Llona, más conocido como Liceo Maipú.
En una extensa entrevista realizada por el proyecto «10 Chilenas que están cambiando el mundo», emitido por TVN, Ximena recuerda con humor su deseo juvenil de «ser más popular», sin imaginar que décadas después su nombre resonaría en las portadas de The New York Times y Forbes. Sus raíces maipucinas y su origen humilde son, para ella, una fuente de orgullo y el motor que la impulsó a romper estereotipos de clase y raza. «Trato de tomar ventaja de ser una mujer de color, indígena de origen humilde, para ser plataforma para otras personas», señaló sobre su visión de vida.
El «Sueño Americano»
La historia de Lincolao es un relato de resiliencia extrema. En 1997, motivada por la falta de oportunidades que percibía en un Chile que calificaba de clasista, emigró a Estados Unidos con apenas 500 dólares en el bolsillo después de cursar sus estudios superiores en la Universidad de La Serena, donde se tituló como licenciada en Castellano y Filosofía. En esta carrera pudo canalizar su temprana pasión por la lectura y el pensamiento crítico, intereses que heredó de su padre, quien era un ávido lector.
Sus comienzos en Norteamérica se mantuvieron lejos de los laboratorios tecnológicos: trabajó limpiando casas y como nana mientras aprendía inglés de manera autodidacta con un diccionario.
Su ascenso fue meteórico. Tras doctorarse en Administración y Políticas Públicas, ocupó cargos directivos en el gobierno de Washington D.C. y saltó al mundo del emprendimiento tecnológico. Fundó empresas disruptivas como Phone2Action y BuildWithin, esta última enfocada en usar Inteligencia Artificial para capacitar a trabajadores sin títulos universitarios, demostrando que la tecnología puede ser un puente para la movilidad social.
El desafío en el gabinete de Kast
El presidente electo, José Antonio Kast, ha apostado por Lincolao para liderar una gestión que busca alejarse de una mirada puramente académica para enfocarse en la ejecución práctica y la transferencia tecnológica. Su nombramiento es visto como una jugada audaz: colocar a una mujer de origen indígena a la cabeza de las «ciencias», un área tradicionalmente dominada por visiones eurocéntricas.
Desde su futura oficina ministerial, según se indica en el portal Oh My Geek, Lincolao pretende democratizar el acceso a la tecnología, inspirada en las necesidades que ha visto en sus propios familiares en la Región de la Araucanía. Para ella, la ciencia debe estar al servicio de la calidad de vida: «Este es el momento de Chile, y se construye con ciencia, tecnología e innovación», afirma con la seguridad de quien alguna vez caminó por las calles de Maipú soñando con cambiar el mundo.
Si bien enfrentará importantes desafíos iniciales -como retornar y establecerse en el país, y reconocerse entre sus pares locales del área con quienes no parece tener una relación cercana- el 11 de marzo, cuando jure como ministra, Ximena Lincolao no solo llevará consigo su doctorado y su reconocida trayectoria como una de las figuras más influyentes del ecosistema tecnológico global; llevará también la historia de la estudiante del Liceo de Maipú que se atrevió a desafiar su destino.









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