Esta mañana, en el frontis del Colegio Bernardo O’Higgins de Maipú, alrededor de 20 apoderadas y apoderados se congregaron para protestar por el estado en el que se encuentra el establecimiento público más antiguo de Maipú. Las pancartas rezaban «SLEP Santa Corina Ausente, Comunidad Presente» y «No Abandono».
Se movilizaron desde el Bernardo O’Higgins hasta el Colegio General San Martín. En la manifestación se oyeron gritos dirigidos a ambos directores, los apoderados volvieron las frases «cobarde» e «Ignacio, da la cara» en un cántico mientras se dirigían al Colegio General San Martín, donde se encontraban ambos directores.
El alcalde, Tomás Vodanovic también se encontraba presente en el lugar, quien escuchó las denuncias de los apoderados.


Luego, exigiendo la escucha del Director del SLEP Santa Corina, se dirigieron en caravana al Te Deum Ecuménico que conmemoraba, en el Templo Votivo, los 208 años de la Batalla de Maipú. En ese lugar, protestaron y esperaron a Ignacio Cáceres, el director del SLEP a cargo de este colegio, sin embargo, no lograron reunirse con él.
A eso de las 13 hrs. al retornar a buscar a sus hijos luego de la jornada de clases, reportaron a La Voz de Maipú, que habían llegado tapas para los excusados del baño y algunos insumos, sin embargo, no soluciona los problemas estructurales y dicen que continuarán exigiendo lo justo.
Las demandas de la comunidad
Son semanas las que llevan denunciando ventanas rotas cubiertas con cartones, baños sin papel higiénico ni jabón y un sistema eléctrico en «riesgo de incendio», afirma María José, apoderada de hace seis años.
El Colegio Bernardo O’Higgins cumplió este 5 de abril 116 años. Es el primer establecimiento público de Maipú y ha sido históricamente un refugio para niños con alta vulnerabilidad y necesidades educativas especiales a quienes otras escuelas les han cerrado las puertas. Hoy, sus apoderados denuncian que ese refugio se encuentra en estado crítico.
Celeste Castro, presidenta del centro de padres del colegio, afirmó a La Voz de Maipú que: «Cuando ingresamos al nuevo año escolar nos encontramos con una realidad compleja. Las salas se encontraban en estado deplorable, el liceo tenía barro, los baños están en pésimo estado, el piso está sin mantención, etcétera. Hay niños con movilidad reducida que no pueden transitar por el colegio. Le enviamos una carta al SLEP, la respondieron y solo decía que habían hecho arreglos por 15 millones, los que no se ven por ninguna parte en la escuela».
“La situación del Colegio Bernardo O’Higgins es una situación crítica. Es indigno para los niños y a la vez es inseguro”, afirma María José, tesorera del centro de padres.
Para ella, la apariencia de la escuela es deprimente. Las ventanas rotas están cubiertas con bolsas y pedazos de cartón para evitar que el viento entre a las salas. Los baños están rotos y no cuentan con papel higiénico ni jabón. Las baldosas están quebradas y entre sí hay grietas lo suficientemente grandes como para que el pie de un niño se atasque mientras corre.
Cuando llueve, el patio techado donde los niños juegan se transforma en lo que María José describe como «una piscina», además de que la asistencia cae drásticamente durante días lluviosos.


“Tienes que pasar con botas de agua para ir desde la sala hasta el lugar donde los niños reciben sus terapias”, explica.
Para los apoderados, la situación ha llegado a ser peligrosa para los niños.
«Casi se quema el colegio porque se sobrecalienta todo lo que es la parte eléctrica”, señalan los padres, quienes explican que el uso de calefactores en invierno ha quedado descartado, ya que las salas se encuentran sin enchufes en condiciones que puedan alimentar de corriente al aparato.
Sin personal suficiente
La crisis no es solo de infraestructura. María José denuncia que el inicio de este año escolar fue caótico. Cursos sin profesores asignados eran atendidos por docentes de distintas asignaturas por tiempo indefinido.
La falta de personal especializado preocupa a los tutores, ya que en algunos cursos se encuentran alumnos con diagnósticos de Trastorno del Espectro Autista (TEA), síndrome de Down o con problemas de movilidad.
“Una profesora no va a dar abasto con 15 o 20 niños con autismo», dice María José, quien añade que los asistentes de aula que han llegado como reemplazo, por parte del Servicio Local de Educación Pública (SLEP), no tienen la formación suficiente en el área.
“Llegaron técnicos en farmacia, que no tienen ninguna relación con el ámbito educativo, con capacitaciones de apenas tres días”, declara.
El resultado según los apoderados es devastador, según los apoderados: niños en sexto básico que no saben sumar ni dividir y que presentan serias dificultades de lectura.
Ante la falta de apoyo, los propios padres han tenido que quedarse dentro de las salas para ayudar a contener las crisis de los niños, a expensas de faltar en sus respectivos trabajos.
Otra madre, que lleva cuatro años ligada al colegio, señala que la situación es lamentable y precaria para la educación de los niños.
«Siempre se habla de la inclusión, pero no están los profesionales para poder mantener una sala de clases o dar las terapias que un colegio inclusivo debería otorgarle a los niños», comenta.
¿Y el SLEP?
Desde que el año pasado el Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Santa Corina, ente administrador de la escuela, comenzó sus funciones, los apoderados sienten que el establecimiento quedó «abandonado». La respuesta que declaran recibir cada vez que solicitan ayuda financiera para reparar el colegio es que no cuentan con fondos suficientes.
Tras las manifestaciones de la jornada, el SLEP Santa Corina emitió un comunicado público asegurando que han estado presentes «en todo momento». En el mismo, señalan haber respondido formalmente las inquietudes del Centro de Padres a mediados de marzo y haber abordado los problemas en un Consejo Escolar. Además, afirmaron que convocaron a la directiva a una reunión el 6 de abril, a la cual no se presentaron, y que durante la mañana de la protesta intentaron dialogar para fijar una nueva cita, recibiendo una negativa. Desde la entidad hicieron un llamado a «privilegiar los espacios de diálogo», asegurando que las obras continúan ejecutándose según su cronograma.


Sin embargo, esa justificación es cuestionada por los apoderados, quienes argumentan que el Estado paga una subvención especial a niños que poseen discapacidades o necesidades educativas especiales.
«Sentimos que no están bien ocupados los recursos, no se ven reflejados en el colegio», comenta María José.
Ante la percepción de que los fondos que maneja SLEP no se veían reflejados en la mejora de estructura o personal del colegio, los apoderados optaron por hacer una carta dirigida a la Contraloría solicitando que se realice una auditoría para investigar el uso de los recursos asignados al Colegio Bernardo O’Higgins.
A su vez, el centro de padres redactó otra carta para el director de SLEP, Ignacio Cáceres, y del Colegio Bernardo O’Higgins, Juan Montero, denunciando «infraestructura en malas condiciones», «falta de personal», «escasos recursos» y el que más preocupa a los apoderados: «gestión de recursos».
En este último punto, los apoderados precisan dos casos: el primero ocurrió en 2020. Una licitación se le adjudicó a la constructora RECOS SPA por más de $200 millones para realizar trabajos de conservación en el colegio, labores que los apoderados declaran que no se terminaron y que el destino del dinero fue incierto.
El segundo ocurrió en 2024, cuando se realizó una licitación posterior de «reparación y mejoramiento de multicancha y escenario». Los apoderados admiten que sí se efectuó tal trabajo, pero que quedó en «pésimas condiciones» y que «no tiene proporción con la cantidad de dinero que se invirtió».
«Ante la falta de mejoras, las autoridades han argumentado falta de
fondos, lo que nos hace sospechar una posible mala administración de los recursos», declaran en la carta los apoderados.
SLEP Santa Corina respondió con un comunicado dirigido a los apoderados, precisando en qué se usaron los fondos que alcanzan hasta 15 millones de pesos en 2025.
«Estos trabajos han contemplado, entre otras acciones, reposición de cielo americano, reemplazo de vidrios, reparación de marcos y puertas, reposición de enchufes e interruptores, instalación de luminarias y tubos LED, reposición y reparación de artefactos sanitarios, reparación de filtraciones, limpieza de canaletas de aguas lluvias, limpieza de cámaras de alcantarillado y diversas reparaciones sanitarias menores», establece el Servicio Local.
«Asimismo, se realizaron trabajos asociados a reparaciones de red de agua potable, destape de redes sanitarias, intervenciones en patios y reparaciones vinculadas al alcantarillado exterior, incluyendo demolición, reparación del radier y reposición de tuberías», añade el comunicado.
En materia de personal, SLEP Santa Corina afirma haber contratado a 10 nuevos funcionarios a comienzos de marzo de este año para cubrir licencias médicas y contratos no renovados, además de anunciar que en las próximas semanas se integrarían 26 estudiantes en práctica de la Universidad Mayor para reforzar la labor pedagógica.
Sin embargo, a pesar de estas acciones, los apoderados declaran ver poco avance reflejado en el colegio.
«Hablaron que habían encementado, que habían puesto un radier y no hay nada. Y yo dije: ¿en qué momento se hizo esto? Porque no hay nada así de lo que escriben ahí», explica una apoderada.
Para María José, el colegio no tuvo una «etapa dorada», los problemas de infraestructura no son nuevos, pero los apoderados recuerdan la gestión anterior con nostalgia debido a la atención que se le brindaba a los niños y apoderados.
«La anterior directora (Ana), le daba contención a los apoderados, ella compraba incluso uniformes para los niños. A veces los padres no tenían para comprarles zapatos a los niños y ella lo hacía (…) movilizaba a los profesores para ablandarles el corazón y aportasen con los niños», explica María José.
«El colegio siempre ha tenido dificultades» dice la tesorera, pero argumenta que en los últimos tiempos el apoyo ha ido disminuyendo drásticamente.
Al cierre de esta edición, la dirección del colegio no se ha referido públicamente a la problemática.









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