La vida de Carlos Astudillo cambió para siempre el 20 de octubre de 2019, cuando un disparo por la espalda de un agente del Estado lo dejó postrado en una cama clínica. Más de cinco años después, la lucha contra la impunidad y las secuelas de esa violencia son el motor que lo impulsa a competir por un escaño en la Cámara de Diputados. Como candidato independiente en un cupo de Acción Humanista por el Distrito 8, busca transformar el dolor en acción política para, según afirma, enfrentar a una clase dirigente que «no ha estado a la altura».
En esta entrevista con La Voz de Maipú, Astudillo profundiza en el desolador panorama de la justicia para las víctimas del estallido social, detalla sus prioridades legislativas más allá de los derechos humanos —desde el levantamiento del secreto bancario hasta el fortalecimiento de la salud primaria— y define su visión para construir una «política con carácter humano», inspirada en su trabajo junto a la senadora Fabiola Campillai
La decisión de competir
¿Qué te lleva a dar el salto desde la sociedad civil a una candidatura a diputado por el Distrito 8?
Creo en la capacidad de la política de poder transformar la vida de las personas, por eso estudié administración pública y ciencias políticas y el 2021, a pesar que estaba en proceso de recuperación, inicié una maratónica recolección de firmas para inscribir mi candidatura independiente como diputado por el Distrito 8, pero no lo logré. Ahora voy como independiente en cupo de Acción Humanista y me inspira poder contribuir a la construcción de una sociedad más solidaria, justa e inclusiva.
¿Cómo planeas que tu experiencia como sobreviviente de la violencia estatal se traduzca en propuestas concretas desde el Congreso?
Mi experiencia como sobreviviente de violencia estatal reforzó mis convicciones de justicia social, solidaridad e inclusión. Las cicatrices que llevo son un recordatorio diario de mi compromiso por una sociedad más justa, y en el Congreso las transformaré en propuestas firmes y conectadas con las necesidades de la ciudadanía.
Carlos Astudillo y la herida abierta de 2019
Para entender tu presente, volvamos a ese 20 de octubre de 2019. ¿Cuándo te diste cuenta de que tu vida había cambiado para siempre?
Justo en el momento en que desperté. Estaba intubado e inmovilizado en la cama clínica y, a pesar de que nunca vi al militar que me disparó, porque lo hizo por mi espalda, sabía que el ataque provenía de ellos.
Has pasado por secuelas físicas, psicológicas y la falta de justicia. ¿Qué ha sido lo más difícil?
Todas han sido difíciles de sobrellevar, pero las asumo como pruebas que me han fortalecido y preparado para enfrentar desafíos, como esta candidatura.
Han pasado más de cinco años y hablas de un «estado de impunidad». ¿Qué significa para ti una verdadera justicia y qué avances reales ves?
En cualquier país en donde el Estado vulnera los derechos, las instituciones deben hacer todo lo posible para reparar el daño causado. Por eso una verdadera justicia implica que las instituciones actúen, como por ejemplo el Ministerio Público en investigar hasta lograr la verdad, condenas efectivas a los responsables por parte del Poder Judicial y sobre todo establecer las responsabilidades de los altos mandos.
Lamentablemente, los avances han sido mínimos. En verdad, aún no se concreta la Comisión Calificadora Permanente prometida por el gobierno. En justicia, el panorama es desolador: el 90% de las causas se cerraron y solo un 2% terminó en condena. En reparación, aunque el Programa Pacto es un avance, sigue siendo insuficiente. Muchas medidas no están respaldadas por ley, por lo que quedan sujetas a los vaivenes políticos.
A tu juicio, ¿ha estado la clase política a la altura de la magnitud de lo que ocurrió?
El sistema político no ha estado a la altura y no ha dado soluciones, ni urgentes ni de largo plazo. Esto ha generado una acumulación de rabia y frustración que vimos el 2011, 2014 y con fuerza el 2019. La pandemia contuvo en parte ese malestar, pero hoy vivimos una crisis de criminalidad. La agenda legislativa no aborda los problemas de fondo y sigue siendo insuficiente, por lo que una medida clave en seguridad sería levantar el secreto bancario para frenar a las bandas criminales. Se requiere que el sistema político actúe con visión de país y no solo para la foto o el electorado.
Propuestas para el distrito y el país
Más allá de la memoria y los DD.HH., ¿cuáles son tus prioridades legislativas para el Distrito 8?
Trabajo y juventud, defendiendo derechos laborales e impulsando empleo frente a los cambios tecnológicos. Medio ambiente y desarrollo sostenible, para que las empresas respeten a las comunidades y contribuyan al crecimiento local. Cuidados y discapacidad, avanzando en reconocimiento y corresponsabilidad social frente a una población históricamente invisibilizada.
Seguridad, salud y transporte son las grandes urgencias ciudadanas. ¿Qué propones en concreto?
En seguridad es fundamental atender el problema de fondo, que es el financiamiento del crimen organizado, por lo que estoy a favor del levantamiento, o al menos de flexibilizar el secreto bancario. En salud es prioritario fortalecer la Atención Primaria porque es la base de atención de la comunidad y es fundamental para prevenir enfermedades que conlleva a la saturación del sistema. Y en transporte es sumamente necesario ampliar las redes públicas para generar mayor conectividad, disminuir los tiempos y que sean seguras.
Hay un discurso que plantea que hablar de derechos humanos es ser «blando» con la delincuencia. ¿Cómo respondes a eso?
Si no existieran los derechos humanos o fundamentales ni siquiera podríamos ir a comprar el pan. Porque son los derechos fundamentales los que nos protegen y los que permiten que vivamos en comunidad. Por eso quienes instalan estos discursos de que “los derechos humanos protegen a los delincuentes”, son los mismos que se han opuesto a aumentar las pensiones, a no levantar el secreto bancario para luchar contra el crimen organizado o incluso se opusieron en su momento a la ley de divorcio.
Definiciones políticas
Has trabajado de cerca con la senadora Fabiola Campillai. ¿Qué aprendizajes de esa experiencia aplicas en tu campaña?
El esfuerzo, la honestidad y la cercanía. Desde el primer momento la senadora me pidió estar presente en el territorio y con las comunidades y ese trabajo me ha permitido crear vínculos con muchos dirigentes. Es importante siempre ir con la verdad, no crear falsas expectativas en las personas y cuando se cometen errores, tener la capacidad de reconocerlos. Creo que estos valores permiten hacer una política con carácter humano.
En la lista por la que compites hay nombres que generan controversia, como Navarro, Sharp o Christian Vittori en el mismo distrito. ¿Te sientes cómodo?
Creo que la política necesita rostros nuevos, con energía, responsables y con ganas de entregar todo por nuestra gente. El sistema político está tan desprestigiado, que se hace sumamente necesario que los partidos políticos promuevan candidaturas intachables. Pienso que personas críticas, como Jorge Sharp, contribuyen a la política, al igual que personas que mantienen sus convicciones, a pesar que no sean populares y que han destacado por su trabajo territorial, como el ex senador Navarro.
¿Cómo evalúas la gestión del Frente Amplio con el alcalde Tomás Vodanovic en Maipú?
Evalúo positivamente la gestión de Tomás Vodanovic en Maipú, destacando su despliegue en terreno y el trabajo municipal pese a las dificultades financieras heredadas. Sin embargo, creo que a veces ha recurrido a discursos efectistas, como el apoyo de militares en seguridad, lo que puede ser riesgoso.
Y en la carrera presidencial, ¿tienes una candidata o candidato?
Con Jeannette Jara vamos con todo.

El Distrito 8 es uno de los más grandes y diversos del país. ¿Cómo piensas representar esa pluralidad?
Es un gran desafío, por eso creo que es necesario establecer canales de participación efectiva y vinculante, apoyarse en las nuevas tecnologías. Creo que una buena idea para mantener esta comunicación es crear una app para mantener informada a la ciudadanía en tiempo real sobre las discusiones y votaciones, que propicie la democracia directa.
Para terminar, ¿qué le dirías a los jóvenes que desconfían de la política, pero que anhelan cambios?
Tienen todo el derecho de desconfiar de la política, pero al mismo tiempo, somos nosotros, los jóvenes, las y los encargados de hacer que la política cambie. Debemos intentarlo porque o sino caemos en el riesgo de no ser escuchados y terminamos excluyéndonos y las decisiones las tomarán quienes han desprestigiado el valioso arte de la política.









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