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sábado, junio 25, 2022

Sol Esperanza, grupo de folklore 100% maipucino: «Este es nuestro espacio, aquí somos felices y nos queremos entre todos»

Sol Esperanza es el nombre de un grupo de folklore maipucino que existe desde julio del 2012, conformado actualmente por siete adultos con Síndrome de Down y uno con Trastorno del Espectro Autista. Sus padres y madres se encargan de cantar y tocar todas las canciones que interpretan en los escenarios.

El grupo es 100% maipucino, incluso sus profesores. Si bien el profesor de música vive hoy en La Florida, asegura que fue «nacido y criado en Maipú«.

Antes de Sol Esperanza, sus integrantes pertenecían a otro grupo que tenía música envasada y cuando se fueron retirando, quisieron ser los padres y madres quienes cantaran para sus hijos e hijas.

«Más que nada queríamos estar con nuestros hijos y participar. Es una alegría tan grande para ellos vernos a nosotros tocándoles las canciones… Además las mamás andamos con los chiquillos para todos lados, entonces antes había que esperarlos y ahora somos parte del grupo», explica emocionada una de las madres de Sol Esperanza.

Y se nota que le han puesto ganas y dedicación al proyecto, porque no todos se manejaban con los instrumentos que hoy forman parte del grupo. «Aquí hay algunas personas que tocan guitarra, el tormento, piano, pandero, otros cantan y otros intentamos cantar«, asegura una integrante generando risas en el resto del grupo.

Jueves, el día más esperado de la semana

Todos los jueves, alrededor de las 18:00 horas, se juntan en una casa ubicada cerca de la Plaza de Maipú. El lugar se los prestan sin pedirles nada a cambio, solamente que dejen ordenado.

«Ellos (hijos e hijas) sienten una felicidad absoluta cuando vienen al folklore, se preparan toda la semana para este día, nunca les da flojera, ellos nos mueven a nosotros porque no tranzan con faltar a sus clases de folklore», cuenta una de las madres del grupo.

De la misma forma, otra integrante asegura que su hija «no sabe ver la hora, pero tiene el reloj en el cuerpo, sabe cuándo hay que estar lista. Se prepara sola, prepara su mochila, su ropa, todo».

Y eso se nota de todas maneras en el ambiente. Se reciben entre ellos con mucho cariño, abrazos y risas. Y es que, muchos fueron compañeros durante el colegio, pero es una etapa que ya terminaron, así que los jueves es el día en el que saben que podrán volver a compartir juntos.

Así es como Sabrina, Daniel, Carolina, Martín, María, Ariel, Joselin y Patrick gastan su energía bailando y practicando entre ellos, aunque la buena onda y el afecto no queda solo ahí.

Cuando llega alguien que no conocen lo reciben con las mismas ganas y amabilidad.

«Ya estoy un poquito cansado», dice Martín, quien inmediatamente le preguntó a la periodista en terreno: «¿Tú te cansas cuando bailas?».

La organización autogestionada del grupo

Hasta ahora, Sol Esperanza funciona de manera autogestionada, todo lo financian los padres y madres. Si bien los gastos no son muchos, deben invertir en profesor de baile, de música y vestimenta para quienes integran el grupo.

Nicolás Gutiérrez es profesor de Educación Física y desde el 2017 se ha encargado de dirigir el baile dentro del grupo. «Llevo tanto tiempo con ellos que ya conozco al revés y al derecho sus expresiones«, asegura.

El profesor de baile folklórico acepta que «cuando me contactaron sentí mucho miedo al principio, pero cuando los conocí fue espectacular, me recibieron muy bien y desde entonces no hemos tenido ningún problema».

«Les he agarrado mucho cariño, pienso en el momento de decir adiós y quedo mal. Yo me veo serio pero por dentro soy mamón», admite el joven, añadiendo que «nunca imaginé que sería profe de ellos, y me he dado cuenta de que cuando tú enseñas, aprendes más de las personas a las que les estás enseñando que ellos de ti«.

Nicolás concluye con una sonrisa en su rostro que «todos son muy distintos, sus personalidades son muy marcadas, pero raya para la suma, es pura felicidad, es increíble lo que te valoran. Con solo haberles hecho un par de clases ya estaba muy encariñados».

En cuanto al profesor de música, Lindor Hugo Allende, no lleva mucho tiempo acompañando al grupo Sol Esperanza, llegó en marzo de este año para «perfeccionar el cuadro de la zona central del campesino, nunca se montó, nunca se hizo, y ellos ya se lo saben, pero yo lo que he hecho es contenerlos y ordenarlos para que salga bonito».

Y es que quien lo antecedió fue un profesor de él. Su nombre era Ricardo Brunet Donoso, que falleció a los 86 años.

«Cuando falleció el profesor nos sentimos como guachas, porque no solo nos enseñaba el tema de la música sino que nos alegraba el día», dice una madre de Sol Esperanza, quien explica que de todas formas con el nuevo profesor ya están agarrando el ritmo.

La proyección de Sol Esperanza

Tanto los bailarines como los músicos de Sol Esperanza esperan que el grupo se mantenga en el tiempo.

«Hemos pasado por hartas cosas pero la idea es mantener el grupo y nosotros somos tan felices como los chiquillos. Este es nuestro espacio, aquí somos felices, nos queremos tanto entre todas y entre ellos, que estas horas son fundamentales en la semana, queremos que este grupo siga».

De hecho, tienen pensado formar una personalidad jurídica para postular a los distintos fondos que hay disponibles y seguir creciendo. Por ahora, asisten a cuatro o cinco presentaciones en el año, y esperan que ese número vaya poco a poco en aumento.

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