Es noviembre de 2019 y el exPresidente Sebastián Piñera decide bajar la cumbre de la APEC y la COP25. El país no está para recibir a líderes internacionales. Hay humo, estaciones de metro quemadas y una rabia contenida que ebulle por todos lados. Y hay protestas. En una de ellas estaba el estudiante de sicología de 21 años, Gustavo Gatica.
En medio de la masa, Gatica era uno más entre miles de indignados. Aún no era un símbolo, pero estaba cerca de iniciar su historia. Ese 8 de noviembre de 2019, Gatica estaba solo en su casa, pues sus padres andaban en el médico. 2 días antes su padre había sido diagnosticado de cáncer de próstata. Ese día Gatica vio un capítulo de la serie «Los 80» y preguntó a sus amigos si irían a protestar. Estuvo cerca de no ir. Pero fue.
La reconstrucción de lo que sucedió esa jornada se ha conocido por el testimonio judicial que Gatica entregó en medio de una búsqueda de justicia que parece nunca llegar. “Recuerdo de ese momento que había retrocedido a tomar una piedra, la tenía en mis manos, y al acercarme hacia adelante, en esa rotación, siento el impacto. Y de inmediato perdí la visión completamente”, contó mucho tiempo después .
Un disparo en su rostro. Todo negro. Y de pronto una sensación de indefensión. Gustavo recuerda que ese día se sintió muy vulnerable. «Una persona me dijo ‘oh, hermano’, me tomó del brazo y me ayudó a salir del lugar. Otra persona me tomó del otro brazo y me llevaron a un punto de salud”.
En tribunales Gustavo Gatica estableció un símil entre lo que ese día le pasó y las películas de guerra. “Fue similar a lo que pasa en las películas de guerra y a un personaje le llega un disparo. Y todo el mundo queda en silencio y solo se escucha un pitido”. Pero no era una película. Era un estallido donde las fuerzas policiales decidieron disparar para dañar; no para disuadir.
“Recuerdo la emoción que sentí de indefensión. De sentirme muy vulnerable», relató hace un mes en audiencia en el Cuarto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago, en el marco del juicio contra el coronel en retiro de Carabineros, Claudio Crespo.
Lo que vino luego de los hechos de 2019 es conocido. Una internación en la Clínica Santa María y un mensaje enviado a través de su hermano: «Por favor, sigan luchando».
Días después trascendió que Gatica había perdido la visión de sus dos ojos. Desde la Clínica seguía enviando mensajes: «Regalé mis ojos, para que la gente despierte». En ese Chile, en esos meses, nadie imaginaba que habrían dos procesos constituyentes fallidos. Tampoco que una parte de la sociedad hablaría de «estallido delincuencial». En ese Chile había efervescencia y ganas de cambiar las cosas. De pronto, de emparejar un poco la cancha.
El Chile de hoy es distinto. Las encuestas dicen que lo más probable es que el país sea gobernado por aquellos que creen que el Carabinero que le disparó en el rostro a un manifestante no es un criminal, sino que un héroe. En ese Chile y luego de titularse como sicólogo y ejercer su profesión, se volvió a entusiasmar con la política. La candidatura de Jeannette Jara le dio bríos y el deseo de ser parlamentario.
Sabe que el Congreso es un lugar incómodo pero no tiene miedo a ir, y comenzar a hacer cambios. De pronto desde ahí, puede conseguir que la gente despierte.
Entrevista a Gustavo Gatica

– El panorama social ha cambiado bastante desde 2019 a la fecha. Las prioridades de la ciudadanía, al parecer, son otras hoy en día. ¿Dónde están alojadas todas las demandas del estallido social? ¿Cuánto se ha avanzado a partir de esa fecha en Chile?
Las demandas del 2019 siguen plenamente vigentes en la cotidianidad de las personas. Si bien la gente ya no está marchando masivamente, esas mismas exigencias aparecen en cada conversación en las ferias de Maipú, en los comités de vivienda en Quilicura, en las calles de Pudahuel, entre las familias de Estación Central o en las Juntas de Vecinos de Lampa y Til Til. Lo que el estallido puso sobre la mesa fue la desigualdad estructural y una élite democrática que parecía no escuchar.
– En tu programa Gustavo Platica has entrevistado a una serie de personalidades como Mauricio Weibel, Blanca Lewin, Mauricio Daza, Los Bunkers. ¿Qué has aprendido de estas conversaciones? ¿Hay algo que hayas rescatado de este programa que buscarás plasmar en el Congreso si resultas electo?
El proceso del podcast Gustavo Platica fue una gran lección respecto a que la política no es una burbuja. La gente suele creer que la política solo ocurre en el Congreso o en La Moneda, lo que no es real. Cada capítulo fue un ejercicio de escucha que se tradujo en historias, experiencias y aprendizajes prácticos sobre cómo fortalecer la democracia.
Por ejemplo, Mónica González nos mostró la importancia del periodismo libre para destapar la corrupción; Los Bunkers hablaron de cultura como motor de identidad; Daniel Alcaíno sobre la relevancia de crear comunidad, entre otros. Eso me reafirma que, si llego al Congreso, debo abrir las puertas a esos mundos y no legislar encerrado, sino con la sociedad civil y la gente común al centro.
– En tu caso aún no obtienes justicia y cientos de causas de violaciones a derechos humanos del estallido prescribieron. ¿De qué manera buscarás llevar esta situación a la discusión en el Congreso?
Lo primero es impulsar una comisión permanente de verdad, justicia y reparación que no dependa del gobierno de turno. No podemos repetir lo que pasó con los casos del estallido. Además, impulsaré cambios para que los crímenes de agentes del Estado no prescriban y se asegure un acompañamiento real a las víctimas, no sólo en términos judiciales sino también de salud física y mental.
– El negacionismo es un discurso que se ha normalizado y que aumenta a nivel internacional y nacional en torno a hechos ligados a violaciones de derechos humanos. ¿Cómo evalúas esta situación? ¿Tienes pensado combatirlo a través de algún proyecto de ley?
Es un peligro constante que erosiona nuestra democracia. Existen países que han impulsado leyes que sancionan el negacionismo respecto a las dictaduras. Yo creo que Chile debe avanzar en algo similar, pero es clave también en educación: si en Estación Central un joven no sabe qué pasó en dictadura, es más fácil que compre discursos negacionistas. Necesitamos memoria activa en las escuelas, en la cultura y en el espacio público.
– El comunal de Maipú del Partido Comunista te recibió en su sede y proclamaste tu candidatura de manera oficial en agosto. ¿Cuáles son tus vínculos políticos y sociales con la comuna?
Nací, crecí y trabajo en comunas del distrito 8 y Maipú me ha abierto las puertas de su comunidad. Tengo relación con organizaciones de salud mental, juntas de vecinos y colectivos culturales. Cuando hablo con vecinos de Ciudad Satélite o del barrio Clotario Blest, la frustración por la falta de transporte digno y la seguridad es enorme. Mi vínculo es ese: caminar, escuchar y comprometerme a que esas demandas no queden en el papel.
– Maipú es la segunda comuna más habitada del país. ¿Qué demandas crees que son las más urgentes en la comuna y cómo las plasmarás como diputado?
Cuando recorro la comuna me encuentro con problemas respecto a seguridad, medioambiente, transporte y conectividad. Un elemento distintivo en Maipú son los portonazos en zonas de confluencia de autopistas, que funcionan como vías de escape para los delincuentes y donde nadie responde por esa externalidad; en medioambiente, Maipú tiene la mayor planta de tratamiento de aguas servidas de Sudamérica, con persistente contaminación odorífera, lo que afecta directamente la calidad de vida de sus vecinos, y por supuesto, la falta de transporte público para la comuna, donde debemos seguir presionando por la extensión de la línea 6 del Metro.
– Has dicho que algunos de tus principales focos serán salud mental, discapacidad, vivienda y salud. ¿Podrías profundizar en algún proyecto en concreto que te gustaría llevar al Congreso?
Un Sistema Nacional de Salud Mental, integrado al sistema de salud pública, con presupuesto propio. Hoy los CESFAM de Pudahuel y Cerrillos están sobrepasados. La salud mental no puede seguir dependiendo de proyectos pilotos o del bolsillo de las familias.
–¿Cómo evalúas la gestión del alcalde Tomás Vodanovic?
Su liderazgo joven y probidad son antecedentes de gobernabilidad y son muy saludables para la política en general. A la vez creo que la territorialidad y la construcción de bases sociales es el camino que permite transformar a largo plazo.
– ¿Cómo evalúas su rol y significancia política dentro del Frente Amplio?
Es un liderazgo joven que demuestra que se puede gobernar con gestión y probidad. También existe el desafío para todos quienes son autoridades de estar más cerca de los territorios, que a veces sienten que la política los ignora.
– Has definido el Congreso como un lugar «incómodo» pero que «no basta con criticar desde afuera». ¿Por qué decidiste ser parte de una institucionalidad política chilena en estos momentos, además de que está tan mal evaluada? ¿Ser parte del Congreso no te hace parte del problema como dirían algunos?
Porque si renunciamos a ocupar esos espacios, se llenan de quienes no quieren cambios. Es incómodo, sí, pero la incomodidad no me asusta. Prefiero dar la pelea desde dentro, con transparencia y con propuestas, que quedarme desde un palco.
– En la eventualidad de que un gobierno de derecha o extrema derecha asuma el poder ¿Cómo crees que sería el escenario para defensores de derechos humanos como tú y organizaciones de la sociedad civil?
Un gobierno de extrema derecha es siempre un retroceso para la democracia, porque ya hemos escuchado discursos que validan perder todo lo ganado en materia de derechos sociales.









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