Las muertes “aisladas” por Covid-19 afectan la salud mental de los familiares

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Dos estudios indican que por cada víctima fatal por Covid, existen 9 familiares directos que enfrentarían problemas de estrés, abusos de alcohol, entre otras.

Debido a la pandemia, las muertes por Covid han tenido un abrupto cambio en relación a las de antes. Las restricciones sanitarias han aislado a las víctimas fatales de sus familiares.

Un “adiós” rápido y no-presencial podría ser una salida “higiénica” de evitar el contagio de los familiares con el contagiado. Sin embargo, podría afectar aún más, la salud mental de los cercanos que están sufriendo el despido de sus abuelos, hermanos, hijos, esposa y maridos, entre otros.

Dos estudios diferentes, uno de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y otro de la Pennsylvania State University (EE UU), coinciden en calcular que, por cada víctima mortal por covid, hay un impacto directo en nueve familiares cercanos.

Según el estudio de Estados Unidos, “podrían conducir indirectamente a una mayor mortalidad debido a causas no relacionadas con la pandemia: agravamiento de condiciones crónicas no tratadas, abuso de alcohol, autolesión, violencia doméstica y otros factores”.

Sin duda, todas las muertes tienen un efecto en los familiares cercanos, pero en las causadas por el covid, es mucho mayor.

Los rituales que se realizan, arraigados por nuestra cultura —velorios y funerales—, se ven afectados por las restricciones, lo que provocaría una víctima colateral al fallecimiento.

Por otro lado, según el antropólogo Alberto Del Campo, de la Universidad Pablo De Olavide de Sevilla, las muertes aisladas no son libre de inocencia, debido a que serviría para camuflar ciertas cosas.

La higienización de la muerte no es una estrategia inocente, como tampoco lo es cómo el poder intenta camuflar la calamidad de la pandemia como si se tratara de una catástrofe natural. Si se presenta como inevitable, no hay responsables”, comentó el antropólogo.

Antes de que la covid irrumpiera en nuestras vidas, nadie se sentaba en un bar al anochecer y, a la par que bebía una cerveza, hablaba y cavilaba sobre la muerte (…); nadie le explicaba a un niño qué era. Y nadie hacía eso porque era sentida como algo reservado para el futuro”, agregó.

balance diarioLa Voz de Maipú

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