En horas de la mañana de este lunes 29 de julio se informó el fallecimiento a los 91 años el sacerdote Raúl Feres Schalup, una de las figuras más relevantes en la historia reciente del Templo Votivo de Maipú sobre quien el año pasado se confirmó una sanción por abuso sexual cometido entre 2012 a 2019 contra una mujer mayor con quien tenía una relación asimétrica.
Fue vicerrector del Santuario Nacional desde 1973 y, a partir de 1976, rector por casi tres décadas, hasta diciembre de 2004. Durante ese extenso período, el santuario estuvo bajo la administración de los Sacerdotes de Schoenstatt, quienes desde su llegada a la comuna en 1966 moldearon la vida religiosa local.
Fue en octubre de 2024 que la misma congregación de Schoenstatt en Chile reconoció públicamente que Feres incurrió en “conductas que transgredieron los límites corporales” con una mujer mayor de edad, en un contexto de “manifiesta asimetría en la relación”, según detalló el documento “Purificación de la Memoria 1965-2024”, donde se recopilan diversos casos de abusos cometidos por sacerdotes de la comunidad.
Sanciones y silencio
Tras una denuncia presentada en 2018, la congregación inició una investigación previa en 2019, la cual concluyó con sanciones internas: una amonestación canónica, la fijación de domicilio y la prohibición de ejercer públicamente el ministerio sacerdotal sin autorización de su superior. Otra indagatoria realizada en 2024, «motivada por antecedentes y rumores dispersos en el tiempo», confirmó “comportamientos inapropiados”, aunque no constitutivos de delito.
A pesar de estas resoluciones, la información sobre el caso permaneció oculta durante años, al punto de que, en un reportaje anterior de La Voz de Maipú, se destacaba a Feres como el único de los vicerrectores del Templo Votivo sin denuncias en su contra. Lo sucedido con él “era un secreto a voces en la comuna”, como se consignó en la publicación de octubre pasado.
Cabe recordar que el caso de Feres se suma a la lista de sacerdotes de Schoenstatt vinculados al Templo Votivo acusados o condenados por abusos, como Marcial Parada, Ángel Cerró, Francisco Basáñez y Rodrigo Gajardo.
El documento de Schoenstatt reconoce: “Esta investigación histórica nos ha permitido reconocer los errores que cometimos como comunidad en la gestión de los casos de abuso (…) Reconocer estos errores es un paso esencial para corregir nuestro rumbo, evitar que se repitan en el futuro y contribuir de manera concreta a la reparación”.
Sin embargo, para muchas víctimas, estas palabras llegan tarde. La historia reciente de la Iglesia católica —desde los casos ocurridos en Chile hasta otros en Estados Unidos, Irlanda y Alemania,— ha mostrado cómo la omisión y el encubrimiento han prolongado el sufrimiento de quienes denunciaron abusos, enfrentando además el descrédito y la revictimización.
Entre el legado y la sombra
Hoy, mientras la comunidad religiosa despide a Raúl Feres resaltando su gestión al frente del Templo Votivo, la memoria de las víctimas y las sanciones en su contra recuerdan que su historia no puede reducirse a la de un “sacerdote ejemplar”. Su caso se convirtió en un símbolo incómodo de la manera en que la Iglesia administró el poder y el silencio, una práctica que aún deja heridas abiertas en cientos de personas alrededor del mundo.
En Maipú, el recuerdo de su figura seguirá inevitablemente asociado a las luces y sombras de una institución que, pese a los discursos de reparación, todavía carga con la deuda de escuchar y sanar a quienes más han sufrido por causa de sus ministros.

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