Para los miles de maipucinos que transitan a diario por el enlace de Pajaritos con Camino a Melipilla, las construcciones de material ligero y los techos de zinc se habían convertido en parte del paisaje habitual. Sin embargo, pocos conocían la realidad puertas adentro del campamento conocido como «El Trébol».
Hoy, mientras la maquinaria pesada avanza en la recuperación de este espacio, en La Voz realizamos una radiografía a los datos duros, la historia y los mitos de uno de los campamentos más visibles de nuestra comuna.
Un asentamiento post-pandemia
A diferencia de otras tomas históricas de la Región Metropolitana, «El Trébol» es un fenómeno relativamente reciente. Su conformación comenzó en 2021, como una consecuencia directa de la crisis económica y habitacional detonada por la pandemia del COVID-19.
Lo que partió con carpas esporádicas, rápidamente mutó a viviendas precarias que ocuparon la totalidad del «lazo» o trébol vial. Legalmente, estas familias se instalaron sobre un Bien Nacional de Uso Público (BNUP); es decir, aunque el terreno es administrado por el Municipio de Maipú, la propiedad final es del Estado, lo que impedía cualquier tipo de regularización habitacional en el sitio.
Los números de la precariedad
Según el último catastro social realizado por la Municipalidad antes del desalojo, la composición del campamento era la siguiente:
- Población total: 380 personas vivían en el lugar.
- Viviendas: El asentamiento estaba dividido en 110 hogares.
- Infancia: El dato más sensible es la presencia de 150 niños, niñas y adolescentes, quienes han sido el foco prioritario de la intervención social para evitar que queden en la calle.
Realidad migratoria
La demografía de «El Trébol» refleja la crisis migratoria que atraviesa el país. Un 94% de sus habitantes son extranjeros, con una clara predominancia de ciudadanos de nacionalidad venezolana y colombiana. El porcentaje restante corresponde a familias chilenas.

La situación administrativa era compleja: el 85% de los ocupantes se encuentra en situación migratoria irregular, lo que dificultó el acceso a redes formales de apoyo estatal y obligó al municipio a gestionar soluciones transitorias alternativas, como los subsidios de arriendo pagados directamente a terceros.
Aclaración necesaria: El «Caso Ojeda»
Durante meses, un estigma pesó sobre estas familias. Diversos medios de comunicación y rumores en redes sociales vincularon erróneamente a este campamento con el macabro hallazgo del cuerpo del exmilitar venezolano, Ronald Ojeda, ocurrido a principios de 2024.
Es importante aclarar —y así lo han ratificado fuentes policiales y municipales— que el cuerpo de Ojeda NO apareció en el campamento El Trébol.
El hallazgo se produjo en el Campamento Vicente Reyes, una toma mucho más extensa y peligrosa ubicada también en Camino a Melipilla, pero geográficamente distinta a la intervención que se realiza hoy. La confusión mediática estigmatizó aún más a los habitantes del cruce de Pajaritos, quienes vivían en una dinámica distinta a la de la toma vecina.
Los habitantes silenciosos: 76 mascotas
El operativo de hoy no solo contempla personas. En el catastro se identificaron 76 animales (entre perros y gatos) que formaban parte de las familias.
Ante el desalojo inminente y la imposibilidad de muchos de llevarse a sus mascotas a piezas de arriendo o albergues, el municipio activó un plan de contingencia veterinaria para trasladarlos a caniles municipales o gestionar hogares temporales con ONGs, evitando que queden deambulando por la autopista.
El final del campamento
Si bien el despliegue de fuerza pública se activó esta mañana, el fin de «El Trébol» comenzó silenciosamente hace unos días. Anticipándose al ultimátum del decreto de demolición, varias familias comenzaron a desarmar sus casas y retirarse voluntariamente durante el fin de semana, reduciendo la tensión del «Día D».
