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14 de febrero de 2020

Tendencias: Las mejores aventuras empiezan por el desayuno

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El desayuno, además de ser la comida más importante para el organismo, es una ocasión perfecta para comenzar el día en familia y prepararse para disfrutar de una jornada repleta de energía y positividad.

Si bien las familias chilenas cada vez encuentran menos espacios para cumplir con los tiempos necesarios para estar en familia, lo cierto es que los fines de semana son la opción perfecta para cumplir con el propósito, y qué mejor que hacerlo disfrutando de un delicioso y nutritivo desayuno todos juntos alrededor de la mesa.

Los beneficios de desayunar en familia

Los beneficios del desayuno en familia son muchos y variados. Comenzando por la posibilidad de inculcar hábitos de vida saludable a los más jóvenes del hogar, hasta el estrechar lazos familiares por medio de la comunicación y la cercanía, que propician la apertura paternofilial e incluso mejoran la relación de pareja. Son muchas las ventajas de este acontecimiento que de organizarse bien puede llegar a generalizarse y convertirse en un día esperado con ansia durante toda la semana.

De hecho, el encanto de esta situación radica en la creatividad de las familias, de modo que lejos de quedarse en el típico tazón de cereales o el café con galletas, se pueden organizar auténticas competiciones MasterChef, gymkanas que integren juegos de pistas para descubrir una receta nueva de desayuno o incluso improvisar canciones en las que se vayan buscando rimas para cada uno de los ingredientes.

Cada familia puede ir creando sus propias tradiciones y lograr que incluso el momento de comprar sea un momento de consenso familiar en el que se elija qué toca desayunar este finde: tortitas con frutillas, tostas a la francesa, smoothie, crêpes salados… cada fin de semana puede ser una nueva aventura.

Yendo más allá, se puede integrar este propósito con otras actividades, de modo que se planeen acampadas para desayunar en el campo, hacer una visita cultural a un museo y aprovechar para desayunar en un restaurante, o incluso madrugar para ver el amanecer mientras se degusta un chocolate caliente.

El objetivo, al fin y al cabo, no es el concepto de comer como tal, sino el de pasar tiempo en familia en unos tiempos en los que la velocidad y las obligaciones continuas merman cada vez más los complejos entramados afectivos que sostienen los vínculos familiares. Ante esto, la movilización hacia el ofrecer tiempo de calidad para construir recuerdos y buenos sentimientos no es sino un deber para la sostenibilidad afectiva.

En consecuencia, ¿por qué no comenzar con la aventura?

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