En un rinconcito de Maipú, se esconde una joya imperdible. Lo que parece por fuera una casa minuciosamente decorada en General Ordóñez #205, es por dentro una bomba de sensaciones. Al asomarse por el umbral, los mismos escalones del recinto te invitan a pasar y un rico olor a hierbas inunda tus sentidos, incitándote a seguirlo y averiguar de qué va todo esto.

Al entrar al balcón de la tetería «Sabores con alma», los ojos se deleitan con una estética diferente a lo usual. Al sentarse en la terraza te saludan sombrillas en el techo, atrapasueños de distintos colores y formas junto a ese aroma herbal que aún no abandona la nariz, pero que se distingue mucho mejor que antes.


Pero hay una intención más íntima que solo tomar té, es una invitación a dejar los problemas que acarreas afuera, a dejar de lado el celular para enfocarte en lo que está al frente. Puede ser una taza de té, un amigo que no veías hace mucho, el amor de tu vida, o un querido familiar.
Un lugar que, junto a su música jazzy, logra convencerte de que el tiempo se detiene y solo existe el ahora, un ahora que vale la pena disfrutar como si fuese un presente.
«Todo tiene su porqué y todo va en sincronía de la experiencia que queremos entregarle al cliente», explica Carlos Cantillana, dueño de Sabores con Alma, quien, antes de poseer el local, fue cliente y fan acérrimo de la propuesta.
Cuando su hija empezó a trabajar en la tetería, Carlos se enamoró de inmediato ante la propuesta del lugar. Fue tantas veces que los trabajadores ya ni tenían que preguntarle qué era lo que deseaba pedir, lo sabían de memoria.
«Un americano con torta» , dice entre risas al recordar, pero no solo era la magia de la atención y los productos, sino también la ambientación que se mantiene hasta el día de hoy.
De fiel cliente a dueño
«Sabores con Alma» no es un proyecto improvisado. Nació hace casi una década bajo la visión de Paola Úveda, su fundadora, quien se encargó de imprimirle esa esencia mística y hogareña que lo caracteriza.
Carlos vistió el traje del mundo corporativo por años, pero desde que conoció la tetería, se le quedó el «bichito» de formar parte del local.
«Siempre quise tener como un lugar así, un negocio así como de cafetería o atención a público, algo que me relacionara con el resto y en lo posible también ponerle tu identidad», explica.
Con ese deseo que seguía latente a pesar de los años, se juntaron estrellas, se alinearon los planetas y se presentó una oportunidad de oro. Tras haberse independizado de su anterior trabajo y Paola deseando dejar el rubro tras muchos años, Carlos se la jugó y ofreció comprar la tetería.
«Le escribí a la Paola y le dije que quería conversar con ella. Nos juntamos, empezamos a conversar, le dije que para mí sería como un sueño algún día tener como algo así. Y esta conversación fue como en noviembre 2024 y ya en abril del 2025 ya estábamos acá instalados»
Pero para Carlos, el local ya estaba perfecto como estaba. Esa aura mística que impregna el lugar no se fue a ningún lado, al contrario, se ha reforzado. En el día de hoy, se realizan eventos en la tetería, bandas han ido a tocar, han formado clubes de lectura e incluso, ha habido un casamiento en el establecimiento.
También decidió ampliar el catálogo de tés, pues su ambición no conoce límites, desean ser una de las teterías más importantes a nivel comunal y país, al punto de convertirse en una parada obligatoria para quienes visiten Maipú.
«Queremos apuntar a ser el número uno, queremos que la gente nos reconozca como eso, como una opción de tetería de especialidad», explica.
Historias con gusto a té
Habían pasado 30 años desde la última vez que se vieron todos, eran jóvenes, niños incluso, vivieron muchas cosas juntos. En la tetería, se volvieron a encontrar. Una generación de excompañeros de colegio se reunió para conversar, recordar tallas viejas y ver esos rostros tan cambiados, pero iguales a la vez.
Se pusieron al día, hablaron de lo que les solía gustar de jóvenes, el peluseo que tuvieron con compañeros, las anécdotas que el tiempo no pudo borrar y los distintos caminos que cada uno tomó en la adultez. Todo esto, acompañado del calor de una buena taza que sirvió como puente para acortar esas tres décadas de distancia.
En otra mesa, era un día especial, el cumpleaños de su madre había llegado y su hija ya tenía el lugar listo para ir a celebrarlo. Los camareros sabían que hacer, la sorpresa estaba lista, solo faltaba que llegase la cumpleañera.
Sentadas ya en la terraza, el equipo fue a cantarle feliz cumpleaños y en un instante, los demás clientes se sumaron a corear. La jornada terminó en lágrimas, risas y agradecimientos por la dedicación.
Muchas más historias impregnan la tetería de cariño y cercanía; son esas mismas las que confirman la magia dentro del local.
Incluso, las camareras ya saben los pedidos favoritos de sus clientes fieles (al igual que sus mañas), tal como le pasó a Carlos cuando era un mero consumidor.
«Queremos crear comunidad, conexión con la gente, empezar a conocer su historia, ¿por qué vienen para acá? Hay gente que de repente, no sé, pues tuvo un mal día, viene para acá, conversamos, se puede desahogar, obviamente hay turno y turno, de repente no te permiten los tiempos hacerlo, pero sabes, de repente una simple pregunta, te saca un poquito y te deja abrirte«, explica Carlos sobre la conexión que desean mantener con la clientela.
Hay otro lugar mágico dentro del local, quizás el menos esperado de todos. El baño.


Cubierto de notas de clientes que incluyen mensajes de amor, amistad, dibujos y reseñas. El lugar menos pensado se volvió el sitio de feedback para la tetería. Para Carlos, el hecho de que exista esta recepción por los clientes significa que están haciendo las cosas bien.


Se ha vuelto común que los clientes se queden un buen rato en el baño leyendo las notas y por supuesto, tomándose fotos en el espejo convenientemente colocado en una esquina.
La mediación del té
«Los chilenos somos buenos pal té», dice Carlos. Es por eso que la opción más atractiva para los clientes sigue siendo el té inglés, no lo toman porque tengan aires de europeos o piensen viajar pronto a Inglaterra, sino por su estatus de ser una «opción segura» según Carlos. A pesar de todo, las recomendaciones siempre llegan.
«De a poquito hemos ido encantando a la gente con otro tipo de té para que vaya variando y conociendo otras variaciones de té, vaya conociendo distintas propiedades, para qué sirve este, para qué te ayuda este otro, y así», explica Carlos.
Al final del día, «Sabores con Alma» hace honor a su nombre. No es solo un lugar que sirve infusiones y trozos de torta, sino un espacio vivo que educa el paladar mientras abriga historias. Carlos Cantillana cumplió el sueño de tener su propio local, pero en el proceso, le regaló a Maipú algo mucho más valioso: un refugio donde el tiempo, aunque sea por el rato que dura una taza de té, por fin decide detenerse.









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