*Este artículo nace producto de la tesis doctoral en Historia de Oscar Riquelme Gálvez, quien logró distinción máxima el 10 de octubre en la Universidad de Chile. Retrata detalladamente y con sustento científico un periodo de la comuna en que se dejó atrás la condición de aldea rural pasando a ser una ciudad con rasgos urbanos. La Voz de Maipú invitó al autor a realizar un reportaje sobre este material inédito que aborda la transformación de Maipú.
La historia de la planificación urbana y el proceso de construcción habitacional pública de la CORVI y la CORMU, que se dio en Maipú entre 1965-1976, fueron rasgos que transformaron morfológica y socioeconómicamente la comuna para siempre.

En la década de 1960, Santiago de Chile enfrentaba un enorme déficit habitacional de más de 450.000 viviendas. Los planes para reducirlo en el caso del gobierno de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossens fue a través de la construcción de viviendas públicas a una escala nunca antes vista en el país.
Si bien, los límites de estas políticas públicas, resultado de condiciones fiscales (presupuestarias) y monetarias (inflación que elevaba costos), no eran favorables a los planes originales, se destacó la labor legislativa para habilitar terrenos propicios e impulsar la construcción adicional necesaria.
Las instituciones públicas encargadas de la cuestión habitacional -CORVI, CORHABIT y CORMU-, enfrentaron un relativo solapamiento institucional, que se sumó a las elevadas presiones de gasto que inyectaron los gobiernos del periodo a su política económica y la urgencia que asumió la necesidad de construir con métodos industriales estandarizados. Estos factores daban cuenta que CORVI y CORMU programaron por encima de sus capacidades. Así, aunque habría existido un peak constructivo entre 1965 y 1971 hacia 1972 no se habría logrado estabilizar el déficit habitacional y con posterioridad a 1973 no fue un objetivo esencial.
Por otro lado, se destaca el crecimiento del gremio constructor durante este período. Este sector de la economía se vio beneficiado por las condiciones favorables que se dieron en la comuna de Maipú. Especialmente, el cordón industrial Cerrillos-Maipú fue protagónico al dar cobijo a una especie de cluster de la construcción, ejemplificado en empresas proveedoras de insumos básicos, como Pizarreño, Gasco, Ready Mix y CIC, entre otras.
Esta historia de bonanza del mercado se vio entorpecido con el creciente conflicto entre el Gobierno de Allende y la Cámara Chilena de la Construcción entre 1972-1973, que culminó con el quiebre democrático. El énfasis del programa habitacional de Pinochet fue finalizar algunos proyectos heredados, aunque sin proyectar estas políticas, debido a las desfavorables condiciones económicas del país y al giro en la orientación de las políticas de construcción de viviendas.
La industria en Maipú fue clave para atraer otras fuerzas productivas

Al examinar el marco institucional general y su adaptación a nivel local desde el Plan Regulador Intercomunal de Santiago de 1960, se constata que desde el gobierno de Eduardo Frei Montalva se impulsó desde el Estado un programa social que tenía a la vivienda como tema esencial.
La red de iniciativas de la CORVI y la CORMU fue variada y el organigrama institucional que fue dibujándose para canalizarlo estuvo siempre vinculado a un conjunto de relaciones jerárquicas y complementarias. Aquí también aparece su dotación profesional y sus profundos vínculos con el sector privado.
El Plan Regulador Intercomunal de Santiago de 1960, de las que surgía el concepto de “ciudad satélite” o “nuevo polo urbano” y la adaptación de sus principios generales a la especificidad de la comuna de Maipú (y otras contadas comunes periféricas), consideró su previa experiencia industrial como factor coadyuvante.
Del mismo modo, el Estado fue consciente de que estas experiencias obligaban a tejer nuevas vías de transporte que comunicaran estas nuevas áreas de expansión urbana. Así y todo, el Estado impulsó un proceso de expropiaciones y construcción de infraestructura vial, que no estuvieron exentas de obstáculos y conflictos de interés, como se dio en los casos del predio Cuatro Álamos y de la Comunidad Infante Larraín.
Aunque también pudieron hallarse los canales de acuerdo (indemnizaciones adecuadas y acuerdos intersectoriales) para resolverlos. Así, se muestra que el Estado y el Sector Privado pudieron concatenar racionalmente dinámicas demográficas, productivas y ocupacionales inicialmente liberando suelos, urbanizándolos y dotándolos de infraestructura vial, para sustentar dinámicas de asentamiento a través de programas constructivos.
Comuna de Maipú como parte del Plan Intercomunal de Santiago, 1960

Así, fue que en la comuna de Maipú se ejecutaran una serie de proyectos de vivienda social ejecutados específicamente entre 1965 y 1976. Los Proyectos desarrollados por CORVI, sus presupuestos iniciales, sus vínculos con la Municipalidad y empresas proveedoras para resolver los problemas previos de urbanización (agua, electricidad y alcantarillado), y los gastos finalmente ejecutados en cada obra, donde inmediatamente resalta una elevada alza debido a las sucesivas rondas inflacionarias.
Solo por mencionar los más importantes, la CORVI se hizo cargo de construir Población San José de Chuchunco (en 1969 se dividió en Villa Robert Kennedy y Villa Francia) entre 1967 y 1971, Villa México 1968-1971, El Vivero y René Schneider en 1971, y Las Torres (primera etapa) entre 1973-1976. En cambio, CORMU se hizo cargo de construir Villa Cuatro Álamos, Villa Padres Carmelitas y Villa Militar Oeste entre 1971 y 1976.
En total, ambas corporaciones construyeron sobre las +8.300 viviendas sociales, lo que abrió un stock, solo por sector público, para recibir sobre +30.000 habitantes de todo Santiago. Esto se complementó con el sector privado, que a través de cooperativas e inmobiliaria construyeron otras +3.500 viviendas. En suma, solamente entre 1965 y 1976 llegaron a Maipú +55.000 nuevos habitantes, la mayoría económicamente activos y formales, que se sumaron a los +24.000 que ya habitaban la comuna.

Por otro lado, las corporaciones asumieron el enorme esfuerzo por construir viviendas modernas y dignas en metraje, dotadas de equipamiento y servicios básicos con el fin de generar una habitabilidad de calidad. Igualmente, es importante dar cuenta de la influencia de las dinámicas políticas y la creciente efervescencia, que fue transmitiéndose al entorno de ejecución de los proyectos.
Específicamente, como la radicalización política fue manifestándose en la multiplicación de “tomas” por parte de no beneficiarios, lo que encareció y ralentizó las obras y exacerbó muchos problemas preexistentes. A través de este examen puede advertirse que mientras se expandían estos proyectos al calor de condiciones más desfavorables, éstos comenzaron a mostrar mayores fracturas y debilidades.
Asimismo, existieron dificultades que elevaban la incertidumbre, aunque todo esto se compensaba parcialmente por la acción niveladora que introducía el mayor poder de contratación en manos de las corporaciones estatales. En este sentido, este capítulo también identifica las diversas formas de administración directa o delegada de funciones, que probablemente elevaban los costos debido a las carencias de capacidad técnica instalada y elevaban la necesidad de más mecanismos de control.
En cualquier caso, estos mecanismos de contratación estimularon a las empresas constructoras, a pesar de todos sus problemas, aunque no desterraron nunca los problemas de atraso o incumplimiento severo. En ese sentido, el estudio de la magnitud y envergadura de las principales empresas constructoras que trabajaron en Maipú revela un tipo de empresariado que podía convivir y prosperar en circunstancias no anómalas, como las que luego afectaron al país.
El esfuerzo público-privado fue clave para que la población recibiera un nuevo hogar

El último apartado de la tesis aborda los resultados socioeconómicos y morfológicos de la política habitacional ejecutada en Maipú en cuanto se logra identificar los aspectos positivos de esta institucionalidad.
Debido a la fuerte presencia de la construcción y la industria, la comuna de Maipú entró en un ciclo de crecimiento económico que se extendió al menos durante 1967-1971. Para 1969, Maipú era la séptima comuna con mayor tasa de dinamismo ecónomo del país y la cuarta en todo Santiago (solo por detrás de Santiago, Providencia y Las Condes).
La Municipalidad de Maipú vio incrementado su presupuesto, lo que le permitió al alcalde Luis Valentín Ferrada Urzua iniciar políticas de mejoramiento urbano, como la ampliación de avenidas e instalación de semáforos, principalmente en los alrededores al Casco Histórico, Av. Pajaritos y Esquina Blanca.
Su sucesor, Mario Ortiz Quiroga, inició un plan masivo de pavimentación, que incluyó 30 avenidas. Igualmente, la mayoría de los canales del sector Templo Votivo fueron entubados y el radio urbano se expandió hacia el Zanjón de la Aguada por el norte y la nueva avenida Tres Poniente por el poniente. Para 1971, se daba cuenta de las primeras aglomeraciones de maipucinos esperando el transporte público para salir de Plaza de Maipú hacia Santiago.
Los nuevos habitantes urbanos de Maipú en la década de 1970

Dada la elevada tasa de crecimiento, la plusvalía del suelo se disparó. La comparación de los valores finales de las viviendas construidas en Maipú y las facilidades de una entente público-privado durante el período de estudio revela un elevado ratio de rentabilidad social versus costo monetario, que terminaba siendo bastante más bajo que lo que meramente ofrecía el mercado, al cual no todos ingresaban dotados de las mismas capacidades de compra.
Esto permitió que la comuna, en un rango de once años, modificara sus rasgos socioeconómicos. Maipú se transformó en una comuna de clase media. Para 1982, al menos un tercio de su población (+124.000) estaba económicamente activa, distribuida en profesiones de clase media, como de la industria. Así termina esta historia.
Nota del autor sobre el proceso de elaboración de la tesis doctoral:
Estas afirmaciones fueron resultado de mi Tesis Doctoral en Historia, defendida exitosamente, logrando la distinción máxima, el pasado 10 de octubre en la Universidad de Chile. Si bien, mi Doctorado comenzó el 2020, esta investigación encuentra sus primeros pasos en el Magíster realizado entre 2016-2019. Dos estancias en el extranjero me permitieron afinar la metodología científica, primero el 2018 en la Universidad de Valencia (España), después en 2022 en la Universidad de São Paulo (Brasil).
Fueron consultados más de 700 volúmenes en los fondos CORVI y CORMU del Archivo Nacional de la Administración, todas las actas de sesión municipal entre 1960 y 1973, la prensa local completa del período, y un conjunto variopinto de fuentes primarias históricas.
Las 998 referencias dan cuenta de la robustes y grado de empiria logrado en este estudio. Sin embargo, fueron claves la sabiduría y guía que otorgó mi gran maestro, el historiador económico Mario Matus González. Igualmente, nada de esto hubiera sido posible sin la compañía y enseñanza que desde pequeño me brindaron mis abuelos José Heriberto Gálvez Bravo y Rosa Juana Tapia Toro. A ellos tributo esta investigación.









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